Todas las formas de perderte

Cap 33

Las semanas siguientes pasaron volando en un torbellino de responsabilidades. El señor Leonard cada vez confiaba más en mí; mi desempeño en la firma de alta gerencia era impecable, lo que hacía que me asignara más y más trabajo. Estaba exhausta, pero motivada, ya que faltaba poquísimo para graduarme oficialmente. Por su parte, Jade ya se había graduado y había conseguido un empleo de tiempo completo en su área de Acondicionamiento Físico. Estaba contentísima, pero nuestras agendas estaban tan llenas que últimamente casi no nos veíamos. Cada quien estaba sumergida en sus propias obligaciones.

Ese aislamiento y el cansancio acumulado hicieron que la casa de Marco se convirtiera en mi único y verdadero refugio. Aquella noche, después de una jornada laboral agotadora, nos encerramos en su habitación a ver una película. Como se me había olvidado por completo traer mi pijama y mi ropa interior de repuesto, Marco me prestó una de sus camisas. Me quedaba enorme, cubriéndome apenas lo justo.

Estábamos recostados en la cama y él no dejaba de tocarme. Me fascinaba la forma en que lo hacía: sin importar la parte de mi cuerpo que recorrieran sus dedos, siempre me tocaba de una manera sumamente delicada, suave, sin una pizca de la brusquedad que tanto me había dañado en el pasado. Su tacto me hacía sentir protegida. De pronto, Marco pausó la pantalla, me llamó por mi nombre en un susurro y me besó.

El beso comenzó lento, pero la corriente eléctrica de semanas de contención estalló entre nosotros. Con una paciencia exasperante, sus manos bajaron por mi pecho y empezó a desabotonar la camisa, una por una. Al sentir el aire frío de la habitación en mi piel, me tensé un poco; llevaba bastante tiempo sin tener relaciones y me sentí expuesta, vulnerable. Pero al mirar sus ojos oscuros, llenos de una adoración pura, el miedo se disipó. Con él me sentía completamente segura.

Terminó de quitarme la camisa y me atrajo hacia su cuerpo. Marco ya estaba sin prenda alguna en el torso, permitiéndome sentir el calor abrasador de su piel. Por primera vez en mucho tiempo, no quise ser solo la que recibía; quise tomar la iniciativa. Lo empujé suavemente hacia atrás y me deslicé por su cuerpo, acariciando su cuello y sus brazos firmes. Comencé a recorrerlo con mis labios, entregándome a él en una felación apasionada. Marco soltó un gime profundo, un sonido ronco que me encendió por dentro, mientras sus manos se enredaban en mi cabello y me daba pequeños besos llenos de ternura en la frente y en la cabeza, agradeciendo el gesto.

La tensión sexual en la habitación se volvió asfixiante, un fuego que ya ninguno de los dos podía controlar. Marco me tomó por la cintura, me alzó con una fuerza increíble sobre la cama y me colocó boca arriba, posicionándose encima de mí. Sus ojos brillaban con un deseo salvaje. Bajó por mi cuerpo, lamiendo y besando cada rincón de mi piel, haciéndome arquear la espalda y perder el sentido de la realidad.

Cuando nuestras miradas volvieron a cruzarse, no hubo necesidad de palabras. Marco se unió a mí, penetrándome con una intensidad y una entrega que me hicieron olvidar el dolor del pasado, los traumas y el peso de los últimos meses. Nos fundimos en un ritmo apasionado y perfecto, entregándonos el uno al otro en cuerpo y alma, sellando bajo las sábanas la promesa de un nuevo comienzo.




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