Todavía es Ella

Capítulo 16

Capítulo 16: El grito

Vivi seguía en el piso del baño, la espalda contra la pared fría, la prueba aún apretada en su mano como si pudiera cambiar el resultado si la sostenía más fuerte.

Entonces gritó.

Un grito crudo, desgarrador, que salió de lo más hondo de su pecho y llenó la casa pequeña. Grita tan fuerte que los vecinos escucharon: la señora de al lado dejó caer una olla, un perro ladró en la calle, alguien preguntó desde la acera si todo estaba bien.

Amado corrió desde la sala, dejando caer el periódico que fingía leer.

—¿Qué pasó? —preguntó, arrodillándose junto a ella, la voz perfectamente teñida de alarma.

Finge sorpresa perfectamente. Sus ojos se abrieron grandes, su rostro palideció como si realmente no supiera nada. Era un actor consumado en ese momento.

Vivi no podía hablar. Las lágrimas le corrían por las mejillas, el pecho le subía y bajaba en sollozos entrecortados. Solo levantó la mano y le mostró la prueba. Las dos líneas rosadas brillaban bajo la luz del baño como una acusación.

Amado tomó la tira con dedos que temblaban lo justo. Actuó shock: se llevó la mano a la boca, los ojos fijos en el resultado.

—¿Cómo pudo pasar? —murmuró, mirando la prueba y luego a ella—. ¿Cómo, mi amor?

Vivi encontró al fin la voz, rota y entre hipos.

—No lo sé... —dijo, limpiándose la cara con el dorso de la mano—. Las tomaba todas. Todas las noches, Amado. Lo juro.

Se derrumbó entonces en sus brazos, llorando con un desconsuelo que parecía no tener fin. Él la consoló, la abrazó fuerte contra su pecho, acariciándole el cabello, besándole la coronilla.

—Tranquila, mi vida —susurraba—. Todo va a salir bien. Vamos a ver al doctor, vamos a cuidarte. Yo voy a estar contigo en cada paso.

Vivi se aferró a él, buscando consuelo en el único lugar que conocía.

Mientras por dentro, Amado sentía triunfo culpable.

Un calor intenso le subió al pecho: iba a tener un hijo. Su hijo. El sueño que tanto había deseado se hacía realidad.

Pero debajo de esa euforia, la culpa lo mordía como un perro rabioso. Sabía lo que había hecho. Sabía el precio que ella podría pagar.

La abrazó más fuerte, escondiendo el rostro en su cabello para que no viera la tormenta en sus ojos.

—Todo va a salir bien —repitió, esta vez más para sí mismo.

Aunque ya sabía que nada volvería a ser lo mismo.




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