Capítulo 18: El primer trimestre del infierno
El primer trimestre fue un infierno lento y despiadado.
Las náuseas eran constantes, un oleaje interno que no daba tregua. Vivi vomitaba a cualquier hora, a veces solo bilis, otras veces sangre que le desgarraba la garganta como vidrio molido. No podía retener nada: ni agua, ni una galleta seca, ni el caldo que Amado intentaba colarle a cucharaditas. Bajó ocho kilos en pocas semanas; su rostro se hundió, sus ojos se rodearon de sombras moradas, su cuerpo joven empezó a parecer el de una enferma crónica.
La deshidratación llegó rápido. Los labios agrietados, la piel seca que se arrugaba al pellizcarla, el mareo constante que la obligaba a acostarse en cuanto se levantaba. Una mañana se desmayó en la cocina, golpeándose la cabeza contra la mesa. Amado la encontró tirada en el suelo y la llevó en brazos al hospital, corriendo por las calles del pueblo con el terror en los ojos.
Primera hospitalización. La admitieron de urgencia, le pusieron sueros intravenosos en ambas brazos para hidratarla, para alimentar al bebé que crecía a pesar de todo. La cama era dura, la habitación olía a cloroformo y a miedo. Amado se instaló en la silla junto a la cama, sin moverse, trayendo sopas caseras que ella ni siquiera olía porque el mero aroma le provocaba arcadas.
Cuando vomitaba en la palangana, él se acercaba rápido con un trapo húmedo, le limpiaba la boca, le sostenía el cabello hacia atrás. Intentaba tocarla con la ternura de siempre, acariciarle la frente, masajearle la mano.
Pero Vivi empezó a rechazarlo.
—No me toques —decía, apartando la cara, la voz débil pero cortante.
Él retrocedía, herido, pero volvía a intentarlo al rato. Porque no sabía hacer otra cosa. Porque la culpa lo devoraba vivo cada vez que la veía sufrir.
Cuando ella lo miraba, en esos breves momentos en que el dolor aflojaba, sus ojos ya no eran de amor. Eran de reproche. De rabia contenida. De una pregunta que aún no se atrevía a formular en voz alta.
Y Amado bajaba la vista, incapaz de sostenerla, sintiendo la culpa quemándole las entrañas como ácido.
El bebé seguía creciendo.
Y ella seguía pagando el precio.
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amor/dilemas morales, suspense/maternidad de alto riesgo, romance/tragedia romántica
Editado: 07.01.2026