Capítulo 21: Hinchazón
Semana 24.
El edema llegó como una invasión silenciosa. Las piernas de Vivi se hincharon hasta parecer troncos, pesadas y tensas, la piel brillante y tirante. No podía ponerse zapatos; ni las sandalias más holgadas entraban. Las manos le dolían, los dedos como salchichas, y el anillo —su anillo, el único que había sobrevivido intacto— empezó a apretar.
Una mañana, al intentar quitárselo con jabón, no salió. Tiró una vez, dos, el metal mordiendo la carne. El pánico le subió por la garganta.
—¿Y si tengo que cortarlo? —dijo en voz alta, la voz temblorosa, mirando su mano como si perteneciera a otra.
Amado, que estaba en la cocina preparando el desayuno, corrió al oírla. Vio el dedo morado, la marca roja que el oro dejaba.
—No, mi amor, no llores —dijo, intentando calmarla—. Llamo a los bomberos. Ellos saben cómo hacerlo sin lastimarte.
Y los bomberos vinieron a casa. Dos hombres jóvenes con herramientas especiales, cortando el anillo con cuidado milimétrico para no dañar el dedo. El sonido del metal partiéndose fue pequeño, seco. El oro cayó en dos pedazos irregulares sobre la sábana.
Vivi lloró viéndolo destruido. Lágrimas silenciosas que rodaron por sus mejillas hinchadas.
—Era lo único que me quedaba intacto —susurró, la voz rota.
Amado recogió los pedazos con manos temblorosas y los guardó en un sobre pequeño.
—Lo mando a reparar —prometió, besándole la frente—. Te lo devuelvo como nuevo.
Pero ambos sabían que no.
El anillo ya no era el mismo.
Como su matrimonio.
Como ella.
Ya nada sería igual.
El dedo quedó marcado con una línea pálida, como una cicatriz.
Y en el sobre, los pedazos de oro esperaban un arreglo que nunca llegaría a ser completo.
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amor/dilemas morales, suspense/maternidad de alto riesgo, romance/tragedia romántica
Editado: 08.01.2026