Capítulo 15: Dos líneas rosadas
Tres meses después del sabotaje, todo parecía normal. Vivi seguía su rutina: la casa limpia, la comida lista para cuando Amado regresara, la pastilla tomada cada noche con precisión religiosa. Pero una mañana, al despertar, el estómago le dio un vuelco traicionero.
Se levantó corriendo al baño, apenas llegando al lavabo antes de vomitar. El ácido le quemó la garganta, y se quedó ahí, apoyada en el borde frío, respirando agitada.
—Debe ser algo que comí —murmuró, enjuagándose la boca—. El pescado de ayer estaba raro.
Amado, desde la cama, preguntó preocupado si necesitaba algo. Ella negó con la cabeza y volvió a acostarse un rato. Pero los días siguientes fue lo mismo: náuseas matutinas que la doblaban, un cansancio que no explicaba, un olor a café que de repente le repugnaba.
Luego vino el retraso menstrual. Primero una semana, luego dos. Vivi lo anotó en el calendario de la cocina, frunciendo el ceño. "No puede ser", se dijo. Tomaba las pastillas sin falta. Siempre.
Pero la duda creció como una sombra. Una tarde, sola en casa, fue a la farmacia y compró una prueba de embarazo. La escondió en el bolso, con el corazón latiéndole fuerte, como si comprara algo prohibido.
En el baño, con la puerta cerrada, abrió la caja con manos temblorosas. Leyó las instrucciones tres veces, aunque eran simples. Orinó en la tira, la dejó sobre el lavabo y se sentó en el borde de la bañera, mirando el reloj.
Tres minutos eternos.
El primero: respiró hondo, intentando calmarse.
El segundo: se tocó el anillo, girándolo como siempre hacía en momentos de incertidumbre.
El tercero: se levantó, acercó la prueba a la luz.
Dos líneas rosadas.
Claritas. Inconfundibles.
El mundo colapsó.
Vivi se dejó caer al suelo, la prueba aún en la mano, las lágrimas brotando sin permiso. El baño giró a su alrededor, las baldosas frías contra su espalda. Recordó las palabras del doctor como un eco lejano: "Un embarazo la mataría".
Y ahora estaba embarazada.
El miedo la invadió, puro y helado. Miedo por su vida. Miedo por lo que esto significaba. Miedo porque, en el fondo, una parte de ella ya empezaba a sospechar que no había sido un accidente.
La prueba cayó de su mano, rodando por el piso.
Dos líneas rosadas.
La sentencia acababa de firmarse.
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amor/dilemas morales, suspense/maternidad de alto riesgo, romance/tragedia romántica
Editado: 08.01.2026