Capítulo 31: Las primeras noches
Milagro lloraba cada dos horas, puntual como un despertador.
El llanto agudo atravesaba la casa pequeña en la oscuridad, un sonido que al principio asustaba y luego se volvía rutina. Vivi no podía levantarse: la cesárea aún tiraba, las piernas seguían hinchadas, el agotamiento la clavaba a la cama como plomo.
Amado se volvió nocturno.
En cuanto sonaba el primer gemido, se levantaba del suelo donde dormía sobre una colchoneta. Calentaba el biberón en la cocina con agua apenas tibia, probándola en su muñeca como le había enseñado la enfermera. Cambiaba pañales con manos expertas ya, limpiando, polveando, abrochando con cuidado para no despertar del todo a la niña.
La mecía después, caminando despacio por la habitación oscura, el cuerpecito contra su pecho.
Le cantaba canciones inventadas, bajito, con voz ronca de sueño:
"Duérmete, mi Milagro,
que el mundo es grande y tú pequeña,
papá te cuida toda la noche,
para que mamá descanse su pena..."
Duerme una hora, máximo. A veces menos. Cuando la niña se calmaba y la dejaba en la cuna, él se quedaba vigilando, sentado en la silla, hasta que el siguiente llanto lo levantaba de nuevo.
Por las mañanas seguía yendo a la fábrica. Llegaba a casa al atardecer, con las manos ásperas de trabajar la madera, y continuaba: cocinaba para Vivi, la ayudaba a bañarse, lavaba la ropa del bebé, volvía a mecer cuando llegaba la noche.
Se convirtió en una máquina perfecta de culpa y servicio.
No se quejaba. No pedía gracias. Solo hacía.
Vivi lo observaba desde la cama, en silencio. Veía las ojeras profundas, la camisa arrugada de dormir en el suelo, cómo se tambaleaba de cansancio pero nunca fallaba.
El resentimiento aún estaba ahí, duro como una piedra.
Pero cada noche, cuando él cantaba aquellas canciones torpes y la niña se calmaba en sus brazos, algo se movía dentro de ella.
Pequeño.
Casi imperceptible.
Una grieta en la piedra.
Ella lo veía también: este hombre que había destruido tanto ahora no dormía por salvar lo que quedaba.
Y aunque Vivi aún no podía perdonar, la ternura empezaba a filtrarse.
Como luz por una rendija.
La máquina seguía funcionando. No parecía solo culpa.
Parecía amor.
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amor/dilemas morales, suspense/maternidad de alto riesgo, romance/tragedia romántica
Editado: 08.01.2026