Todo fue un error

Capítulo 1

Susan

—¡Hola! —Me lanzo a sus brazos y Derek no tarda en atraparme para empezar a darme vueltas y vueltas.

—¡Espera! ¡Bájame! —grito entre risas, sintiendo que el mundo comienza a girar demasiado rápido.

—¿Te rindes?

—¡Sí!

Derek finalmente se detiene y, por un momento, me tambaleo sobre mis propios pies. Él tiene que sujetarme de la cintura para evitar que termine de cara contra el césped mientras se ríe de mí.

—¿Estás bien?

—Todo es tu culpa.

Le doy un golpe en el hombro, haciendo que ponga una mueca exagerada antes de empezar a sobárselo como si acabara de recibir una herida mortal.

—Eso dolió.

—Mentiroso.

Le pellizco los cachetes con fuerza y esta vez sí consigo que se queje de verdad.

—¡Eres mala! Muy mala.

—Te lo mereces.

—¿Ah, sí?

No alcanzo a responder porque sus dedos comienzan a recorrer mis costados.

—¡Derek! ¡No! —chillo entre carcajadas mientras intento apartarme—. ¡Basta!

—¡Eso te pasa por golpearme!

—¡Fue un golpecito!

—Para mí fue una agresión.

—¡Estás loco!

Consigo empujarlo y salgo corriendo, pero apenas avanzo unos metros antes de escuchar sus pasos detrás de mí.

—¡Susan!

—¡No me vas a atrapar!

—Eso ya lo veremos.

No tengo ninguna posibilidad.

Derek siempre ha sido más rápido que yo y, unos segundos después, me alcanza, me rodea por la cintura y terminamos cayendo sobre el césped entre risas.

—¿De verdad creíste que podías escapar de mí? —pregunta, sujetándome las muñecas por encima de mi cabeza mientras sonríe con esa expresión arrogante que tantas veces he querido borrar de su rostro.

—Eres un…

No termino la frase, Derek se inclina y me lame toda la mejilla.

—¡Qué asco! —protesto soltando una carcajada mientras intento apartarlo—. ¡Te odio!

—Sé que no me odias―Se deja caer a mi lado, completamente satisfecho consigo mismo—Me amas.

Giro la cabeza para mirarlo.

—Sí —respondo casi sin pensar.

Derek sonríe.

—Lo sabía.

Pero él no sabe lo que realmente quise decir.

Ambos permanecemos tumbados sobre el césped, recuperando el aliento mientras contemplamos el cielo. Derek tiene razón, jamás podría odiarlo.

¿Cómo podría hacerlo si lo amo?

Solo que no lo amo de la manera en que él cree, no como mi mejor amigo, no como el chico con quien comparto secretos, bromas y cada una de las locuras que hemos cometido desde que llegamos a la universidad.

Lo amo como se ama al hombre que consigue que tu corazón lata más rápido con una simple sonrisa, como se ama a esa persona que aparece en tus sueños y se queda en tus pensamientos incluso cuando intentas desesperadamente pensar en otra cosa.

Lo amo como se ama al amor de tu vida y él no tiene la menor idea.

Quizá sea mejor así.

Porque si algún día se lo digo y Derek no siente lo mismo, podría perderlo y prefiero seguir teniéndolo a mi lado, aunque tenga que conformarme con ser su mejor amiga, antes que arriesgarme a perderlo por completo.

Así que guardo esas palabras donde nadie puede escucharlas.

Incluso él.

—¿En qué piensas? —pregunta de repente.

Mi corazón da un salto y lo miro de reojo y sonrío.

—En que eres insoportable.

Derek suelta una carcajada.

—Eso ya lo sabías.

Sí.

Eso lo sé perfectamente, lo que él todavía no sabe es que también es el hombre que amo.




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