Todo fue un error

Capítulo 2

Susan

Camino a su lado sintiéndome como si estuviera flotando sobre las nubes.

Algunas personas nos observan al pasar y, sin poder evitarlo, me aferro un poco más a su brazo, como si con ese simple gesto pudiera dejarle claro al mundo entero que Derek es de mi propiedad.

Sí, de mi propiedad.

Aunque él no tenga la menor idea de que, en mi imaginación, ya me he casado con él unas veinte veces.

Sé perfectamente que Derek les gusta a muchas de las chicas de la universidad. Es imposible que pase desapercibido. Mide casi un metro noventa y cinco, tiene los hombros anchos y una complexión fuerte que delata las horas que pasa entrenando. Juega hockey, así que tiene músculos donde yo ni siquiera sabía que podían existir músculos.

Sus brazos son grandes, su espalda parece hecha para abrazar y sus manos... Dios, esas manos, pero lo peor es su rostro. Tiene el cabello castaño oscuro, ligeramente desordenado, como si jamás necesitara esforzarse para verse bien. Algunas veces cae sobre su frente y yo tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no apartárselo con los dedos.

Su mandíbula es marcada, masculina, y una pequeña sombra de barba suele aparecerle al final del día, haciendo que se vea todavía más atractivo. Sus cejas oscuras enmarcan unos ojos azules capaces de dejarme sin palabras. No son simplemente azules. Dependiendo de la luz, parecen más claros o más oscuros, y cuando sonríe se forman pequeñas arrugas en las esquinas que me hacen querer quedarme mirándolo durante horas, pero si hay algo que realmente acaba conmigo son sus hoyuelos.

Esos malditos hoyuelos.

Aparecen cada vez que sonríe y hacen que su rostro pase de ser el del hombre absurdamente guapo que consigue llamar la atención de cualquiera a convertirse en el chico que conozco desde hace años.

Mi chico, mi mejor amigo. El hombre del que estoy secretamente enamorada y, probablemente, el único hombre capaz de hacerme olvidar hasta mi propio nombre con una sonrisa.

Más de una suspira cada vez que Derek sonríe.

Yo también.

Solo que tengo que hacerlo en silencio.

—¿Qué tanto sonríes? —pregunta Derek, mirándome de reojo.

—De nada.

Apoyo mi mejilla sobre su hombro.

—Das miedo.

—Lo sé.

Rueda los ojos, pero puedo ver una pequeña sonrisa asomando en sus labios. Derek me acompaña hasta la entrada del salón.

—Estaré aquí en cuanto salgas.

—Ok.

Se acerca y deposita un beso en mi frente, como siempre y mi corazón, por supuesto, decide comportarse como el de una adolescente enamorada.

—Pórtate bien.

—No prometo nada.

Me da un último revolcón en el cabello antes de salir corriendo.

—¡Derek!

Me río mientras intento acomodarme el pelo y lo observo alejarse por el pasillo.

Suelto un suspiro.

Dios.

Debo dejar de seguir babeando por él y algún día alguien se dará cuenta. Ingreso al salón y apoyo el mentón sobre mi mano. La clase comienza y, durante los primeros minutos, intento concentrarme.

De verdad lo intento.

Pero el profesor parece empeñado en demostrar que existe una forma más efectiva de utilizar una clase para provocar sueño y mis párpados empiezan a pesar.

Los cierro apenas un segundo.

Solo uno.

O eso creo.

—Despierta.

Me sobresalto y recupero la postura de inmediato, pestañeando varias veces.

—¿Qué pasó?

—Ya terminaron las clases.

Aaron, mi compañero, me sonríe.

—¿Qué?

Miro alrededor y descubro que el aula está prácticamente vacía.

—Oh...

Empiezo a recoger mis cosas mientras intento disimular la vergüenza Aaron espera a que guarde mis cuadernos.

—¿Quieres ir a tomar algo?

—Yo...

—Aléjate de ella.

Desvío la mirada hacia la puerta, Derek está allí. Tiene los puños apretados a ambos lados del cuerpo y una expresión que no le había visto en todo el día. Está mirando a Aaron como si estuviera considerando seriamente asesinarlo.

Aaron levanta ambas cejas.

—Solo le estaba preguntando si quería tomar algo.

—Pues ya escuchaste mi respuesta.

—Derek...

No me da tiempo a decir nada, sube las escaleras, toma mi maleta con una mano y con la otra agarra mi mano para sacarme del salón.

—Espera―Intento seguirle el ritmo, pero prácticamente me está arrastrando—Derek, detente―Finalmente lo hace cuando ya nos hemos alejado lo suficiente del salón—¿Qué pasa?

—Nada.

Lo miro durante unos segundos.

Sonrío.

Está celoso, lo conozco demasiado bien. Derek no soporta que Aaron o cualquier otro hombre se me acerque. Mucho menos que me invite a salir y, aunque debería molestarme...

Me encanta.

Es absurdo, lo sé, pero cuando Derek actúa como si yo fuera suya, una parte de mí empieza a imaginar que quizá algún día pueda serlo de verdad.

—Vamos al departamento.

—¿Por qué? —pregunto, divertida.

Me mira como si la respuesta fuera demasiado obvia.

—Para que descanses.

Me vuelve a jalar de la mano, aunque esta vez disminuye el paso para que pueda caminar a su lado.

—Me dijeron que te quedaste dormida en clases, así que es mejor que duermas un poco.

—No puedo y lo sabes―Me detengo—Tengo trabajo y...

—Sabes que te he dicho que no necesitas esos trabajos. Yo puedo cuidarte y ocuparme de ti.

—No voy a ser una mantenida, Derek.

—No lo serás.

—Me gusta ganar mi propio dinero.

—Lo sé.

—Entonces no insistas.

Suspira.

—Está bien.

Sonrío victoriosa.

—Pero sería bueno que fueras al departamento a descansar un poco.

Lo miro.

—¿Eso fue una sugerencia o una orden?

—Una sugerencia.

—¿Seguro?

—Sí.

—Porque sonó bastante a orden.




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