Todo Llega En Forma De Amor

CAPÍTULO 14

«Echar de menos el pasado es como correr detrás del viento».

 

Cálidos como la brisa del mar en una tarde de verano, así eran los labios de Verónica. Anteriormente había sentido de manera parcial esa calidez, pero ahora que la estaba besando a profundidad, la sentía con más ahínco, generándole unas intensas ganas de ir por más.

Tenerla entre sus brazos devolviéndole con fervor aquel beso, era un sueño hecho realidad. No tenía sentido seguir negándolo, llevaba anhelando este instante desde el día en que ella llegó a Múnich. Pese a que en ese momento solo la veía como una niña malcriada y caprichosa, Verónica despertó en él un deseo carnal que nunca había sentido. Deseo que mantuvo a raya no solo porque fuese la hermana de su amigo y este le hubiera pedido cuidarla, sino por todos sus conflictos internos. La verdad era que tenía miedo a salir lastimado otra vez.

—¿Dime que no estoy soñando? —gimió Verónica sobre sus labios. No podía creer lo que estaba pasando. Sentía que estaba en uno de sus tantos sueños, donde lo devoraba a besos y estos le eran correspondidos sin tapujos.

Mateo aprovechó para hacerle una pequeña broma y la pellizcó.

—¡Auch! —se separó de golpe— Con decir que sí era suficiente, no era necesario el pellizco.

—No era necesario, pero si divertido.

—Perfecto, Sr. Divertido. Acabas de arruinar el mejor beso de mi vida —soltó sin ser consciente de lo que acababa de decir.

«¿Así que este ha sido el mejor beso de su vida? ¡Vaya! Eso supera con creces el simple roce de labios.» pensó, Mateo.

—Perdón, eso no fue lo que quise decir—se retractó Verónica al caer en cuenta de las palabras que había pronunciado. De pronto se sintió nerviosa y con ganas de salir corriendo. ¿Por qué tuvo que decir eso? Ciertamente había sido su mejor beso, pero él no necesitaba saberlo —. Fue un bu…buen beso, pero no tan bueno para calificarlo como el mejor de mi vida.

Mateo soltó una carcajada al tiempo que tomó su cara entre sus manos y la acercó nuevamente a él, necesitaba sentirla cerca.

—Ya es tarde para retractarse —depositó un corto beso en sus labios. Quiso decirle que para él también había sido el mejor beso de su vida, que nadie nunca lo había besado con tanta pasión, pero se veía tan tierna sonrojada que no quiso cortar el momento—. Además, no tiene nada de malo decir lo que piensas o lo que sientes.

Verónica le dio una mirada seductora y musitó:

—En ese caso, ¿me gustaría saber lo que sentiste tú?

El rubio tragó grueso mientras consideraba si sería buena idea o no el decirle la verdad de sus sentimientos. Aquello parecía muy precipitado, apenas se conocían y era muy poco lo que tenían en común. Temía que tras el beso, Verónica quisiera comenzar una relación o algo parecido, porque por mucho que ella le gustara, aún no estaba preparado para salir con alguien.

—Tortolos. Es hora de continuar.

Afortunadamente, el llamado de Anton interrumpió el momento, obligándolos a levantarse y regresar al lugar en el que se estaban tomando las fotografías. Claro que el regreso lo hicieron tomados de la mano y con una enorme sonrisa en el rostro. Verónica estaba tan contenta que poco le importó la interrupción, no quería que nada arruinara su momento y, por la cara que puso Mateo luego de la pregunta que le hizo, algo le decía que no le gustaría su respuesta. Por ello, lo mejor era dejar el tema hasta allí, si algo había aprendido de la vida era que las situaciones y los sentimientos no se pueden forzar.

Ya era de noche cuando la sesión de fotos estaba por finalizar. Normalmente los trabajos que eran realizados en exteriores se prolongaban hasta altas horas debido a que los fotógrafos les encantaba aprovechar las diferentes luces del día para obtener las mejores tomas. Anton no era la excepción y aprovechó hasta el último rayo de sol para conseguir el mejor resultado. Quedando conforme y agradecido con la modelo por su excelente desempeño (Ya que sin ella nada de eso habría sido posible, puesto que la belleza y naturalidad de la venezolana fueron el complemento perfecto para realizar aquel trabajo) dieron por culminada con éxito la sesión.

—¿Lista para irnos? —le preguntó Mateo. Estaba cansado y debía llegar cuanto antes a su casa y revisar unos correos con urgencia. Al parecer, durante su ausencia había ocurrido un problema en la empresa.

—Sí, deja que me despida del equipo y nos vamos.

Él asintió y como era costumbre se perdió en cada uno de sus movimientos, viéndola despedirse de todos cómo si se tratara de sus amigos de toda la vida. Era un poco confianzuda para su gusto, solo tenía dos días conociendo a esas personas y los estaba besando y abrazando. Pensó que ese era un tema que tarde o temprano deberían tocar, no estaba bien que fuera por la vida pensando que todo el mundo es su amigo y, sobretodo, tratando con tanta confianza a unos recién conocidos.

—¡Catire! —Vero tuvo que agitar su mano un par de veces para que Mateo volviera en sí y le prestara atención. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que la tenía enfrente —Ya podemos irnos.

Antes de que pudiera reaccionar, Mateo la tomó por la cintura, la acercó a él y la besó. Quería dejarle claro a los presentes que Verónica no estaba sola y que (por mucho que se portara amable y cariñosa con ellos) tenía quien la cuidara y representara, y ese era él, su novio.




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