Salomón
Si hay algo que me irrita de sobremanera, más que tener que venir al centro comercial a comprar una insignificante pulidora y un bendito taladro, porque resulta que los que encargué a través de Temu llegaron con los cables como mordidos —a saber qué perro chandoso los destruyo antes de que servientrega pudiera traer ambos paquetes o si el vendedor los tenía así—, lo cual no me parece creíble, porque en las fotografías se veían intactos.
Quizás, las mismas las sacó de internet, y tenía ambos elementos ya dañados en realidad.
Lo cuál, honestamente, no me extraña, pero en cinco años comprando en línea, jamás me había ocurrido algo así.
Nunca he tenido que reportar una estafa, siempre lo que pedía me llegaba en excelentes condiciones, e incluso, algunas cosas, —por ejemplo, mi laptop de marca HP—, me venían completamente nuevas, como si recién hubiesen sido desempaquetadas de la caja, y pese a ser de segunda mano, supuestamente ya usadas.
En fin, tendré que hacer la excepción por esta vez, porque qué pedido tan horrendo me entregaron, de verdad.
Lo cierto es que, además de estar enojado por tener que venir a comprar ambas herramientas a un sitio atestado de gente, y encima tras haber tirado mi dinero a la basura y recibir unos productos en mal estado, ahora mi humor de perros acaba de subir de tono, y la razón de ello tiene nombre.
Gladis Aparicio.
Sí, la chica que acaba de chocar conmigo, ¡por poco me deja sin aire! Y a la cuál, además, he abrazado por instinto, antes de siquiera ser consciente de que lo hacía.
—Deberías tener más cuidado, niña —le digo, y la suelto de inmediato, al darme cuenta de que la estoy sosteniendo por la cintura.
Ella se alisa la falda del vestido que trae, que me parecería bonito, si no estuviese tan enojado con el mundo y con la vida ahora mismo.
Puedo ver que tiene un diseño floral, y la falda forma suaves pliegues al caer por debajo de la rodilla, dándole una apariencia delicada y dulce, aunque el fastidio que yo siento ante su presencia nuble cualquier sensación o pensamiento de verla como alguien que irradie dulzura en este instante.
—Perdón —se disculpa ella, y me mira con reproche—. Pero fuiste tú quien se interpuso en mi camino.
Siempre busca culpables, nunca puede admitir que se las embarró.
Además, ¿por qué trae tacones?
¡Y a un centro comercial! ¿Es en serio?
De verdad que uno como hombre a veces no comprende a las mujeres y su obsesión por lucir más altas de lo que realmente son.
Y sabiendo que el piso aquí es resbaloso, aún así los usa…
Qué irresponsabilidad la suya, ella misma podría caerse con las cosas y terminar en el hospital.
—Gladis, tú chocaste contra mí —le rebato, poniendo los ojos en blanco y metiendo las manos en los bolsillos de mis jeans—. Deberías ir pendiente de lo que te rodea.
Ella, en vez de admitir que tengo razón en lo que le digo, solo se cruza de brazos, y me mira, claramente enfadada con mi comentario.
—Lo dice el que se estrelló contra mí. Muy inteligente, Salomón.
Aprieto el puente de mi nariz con dos dedos, molesto, y niego con la cabeza, rodando los ojos.
—Dios mío, dame paciencia…
—Como sea, sal de mi vista.
—¿Salir? Tú eres quien…
No termina la frase, porque alguien pasa corriendo a nuestro lado.
Y va tan de prisa, que el piso vibra como si hubiese un sismo, y, de nuevo, casi por reflejo, atraigo a Gladis hacia mí.
Al sentir mi contacto, ella se remueve en mis brazos, incómoda, e intenta zafarse de mi agarre, con una mirada de fuego puro en sus ojos color marrón oscuro, tan similares a los míos, aunque los suyos son un poco más claros.
Mis iris, en cambio, son más profundos, casi tirando a negro, aunque con esa mirada que tiene Gladis ahora mismo, noto que, al dilatarse sus pupilas, puedo atisbar el café hirviendo en su interior.
—¿Qué estoy diciendo?
Algo que no tiene ningún sentido. Contrólate, muchacho, y deja de observarla tanto.
—Suéltame, insensato, que no soy nada tuyo para que me andes abrazando de esa forma —me exige, intentando sonar fría, aunque, y pese a que sus ojos destellan con enojo hacia mí, puedo ver el sonrojo que empieza a cubrir sus mejillas.
___
¡Aquí les presento a Salomón!
Como ven, hay capítulos que los narrará Gladis, otros él, y así sucesivamente, se van turnando.
Espero les haya gustado.
¡Si quieren estar al tanto de mis actualizaciones, por favor, síganme, comenten y añadan mi novela a sus bibliotecas!
Me hará muy feliz saber que les está gustando.
Un abrazo grande...
Mafe Magri.
#4584 en Novela romántica
#1365 en Chick lit
#1312 en Novela contemporánea
bebé y embarazo inesperado, enemies to lovers y esposo amargado, matrimonio por contrato y relación falsa
Editado: 06.09.2026