Todo lo que nos robaron

Capítulo 25: Respondiendo suposiciones

POV Dominic

Collins apareció junto a mí.

—Por hoy hemos terminado —dijo mirando la ficha médica—. Puedes irte a descansar.

La vi salir de la clínica casi con prisa, como si cada minuto contara. Collins también la observó alejarse y sonrió para sí mismo.

—Siempre igual... —murmuró el doctor.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Cómo?

El doctor cerró la carpeta de un manotazo suave.

—Sale disparada todos los días. Tiene una agenda imposible: trabajo, universidad, la casa... y, sobre todo, sus hijos.

Sentí un pequeño vuelco en el estómago.

—Sí... estaban aquí hoy —dije tratando de sonar casual.

La sonrisa de Collins se hizo un poco más amplia, teñida de afecto.

—Son encantadores. Liam es un terremoto incansable y Hazel... bueno, Hazel consigue convencerte de cualquier cosa con solo poner esa carita.

No pude evitar imaginar la escena. Los dos riendo, corriendo hacia ella, llamándola mamá. Bajé la mirada hacia mis manos.

—Se nota que los quiere mucho.

—Daría cualquier cosa por ellos —afirmó el doctor con total rotundidad—. No tengo la menor duda.

Se hizo un breve silencio en la sala. No sabía muy bien por qué, pero sentí la necesidad urgente de preguntar. Intenté que mi tono de voz sonara lo más indiferente posible.

—¿Y... su marido?

Collins levantó la vista de los papeles, sorprendido.

—¿Marido?

Asentí levemente.

—O... su pareja.

El doctor negó lentamente con la cabeza.

—No. Que yo sepa, Camila está soltera.

Lo miré, incapaz de disimular la sorpresa.

—¿En serio?

—Sí. Nunca ha mencionado a ninguna pareja y llevo conociéndola varios años.

Noté cómo el corazón me empezaba a latir con más fuerza contra las costillas.

—Pensaba que... —Me detuve antes de terminar la frase, dándome cuenta de que me estaba exponiendo demasiado.

Collins me miró con cierta curiosidad analítica.

—¿Qué pensaba, Dominic?

Negué con la cabeza, queriendo quitarle importancia.

—Nada. Solo que... el otro día la vi en el parque con un hombre. Alto, moreno...

El doctor soltó una pequeña carcajada, entendiendo de inmediato.

—¿Mason?

Parpadeé.

—¿Se llama Mason?

—Sí, es amigo suyo desde la época de la universidad. Prácticamente es de la familia y los niños lo adoran.

Sentí que algo dentro de mi pecho se revolvía bruscamente. Así que no era su marido. Ni su novio. Ni el padre de esos niños.

Collins siguió guardando documentos en el archivador, ajeno por completo al terremoto interno que acababa de provocar en mí.

—Mason siempre anda por casa de Camila —continuó el doctor—. Entre él, Savannah y la madre de Camila, le han echado una mano enorme con los pequeños. No es nada fácil criar a dos niños prácticamente sola.

Las últimas palabras resonaron en mi cabeza como un martillo neumático.

Prácticamente sola.

No pregunté nada más. No sabía ni qué preguntar. Toda la imagen mental que había construido desde que llegué al pueblo —la historia de que me había olvidado y rehízo su vida con otro hombre— acababa de desmoronarse por completo.

Salí de la clínica con la cabeza hecha un caos. Jace me estaba esperando apoyado contra la puerta del coche. Nada más verme la cara, arqueó una ceja.

—Esa cara significa que ha pasado algo gordo —comentó.

Abrí la puerta del copiloto y me dejé caer en el asiento.

—Mason no es su marido —solté.

Jace sonrió de lado, metiendo la llave en el contacto.

—Ya te dije que no sacaras conclusiones precipitadas antes de tiempo, Blackwood.

Me acomodé en el asiento y me quedé mirando fijamente por la ventanilla, viendo cómo los árboles del pueblo pasaban a nuestro lado.

—Entonces... ¿Quién es el padre?

Era una pregunta lanzada al aire, una duda que me quemaba por dentro. Pero, por alguna razón que aún no lograba comprender, sentía que la respuesta a esa pregunta estaba muchísimo más cerca de lo que jamás me había atrevido a imaginar.




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