Todo lo que nos robaron

Capítulo 38: La tormenta antes de los focos

POV Dominic

El nudo de la corbata se me resistía un poco, pero el hombro izquierdo respondió sin las punzadas de dolor de hacía un par de semanas. Las sesiones de rehabilitación con Collins en el pueblo estaban dando sus frutos, aunque mi cabeza siguiera estando a cientos de kilómetros de allí, atrapada en la suite donde Camila y Savannah se preparaban para la noche.

Había sido una mañana agotadora. Cuatro horas de reuniones seguidas con el entrenador del equipo, el cuerpo médico de los Wolves y dos de los patrocinadores principales. Todo el mundo quería saber si estaría listo para el inicio de la temporada oficial. Les di las respuestas profesionales que esperaban, pero entre reunión y reunión, mi teléfono no había parado de vibrar sobre la mesa.

Llamadas perdidas de Victoria. Mensajes cada vez más insistentes de Ethan.

Los había ignorado a todos. No tenía la menor gana de lidiar con ellos antes de tiempo.

—Si sigues apretando esa tela, vas a ahogarte antes de que llegue la limusina, Blackwood —bromeó Jace desde el otro lado del vestidor.

El sastre terminaba de ajustar el bajo del pantalón del esmoquin de Jace con unos alfileres. Mi amigo lucía una sonrisa de suficiencia frente al espejo, ajustándose los gemelos de la camisa con una elegancia natural.

—Estoy intentando concentrarme, Jace —respondí, soltando el nudo para volver a empezar.

—Lo que estás es nervioso. Y no por el hombro ni por la prensa —replicó él guiñándome un ojo—. Traer a Camila a esta gala ha sido el movimiento más audaz que te he visto hacer en cuatro años.

Iba a contestarle cuando la puerta doble de mi suite se abrió de golpe, estrellándose contra el tope de la pared.

El sastre dio un pequeño brinco del susto y se retiró discretamente hacia un lado.

Ethan entró como una exhalación. Llevaba el pelo ligeramente despeinado, la corbata aflojada y la carpeta de la agencia apretada bajo el brazo. Venía con el rostro desencajado por la rabia.

—¡¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, Dominic?! —gritó nada más cruzar el umbral, señalándome con un dedo tembloroso—. ¡Llevo toda la mañana intentando localizarte! ¡Victoria me ha llamado fuera de sí!

Respiré hondo, manteniendo la calma mientras me arreglaba los puños de la camisa.

—Buenas tardes para ti también, Ethan. Como ves, me estoy vistiendo para el evento.

—¡No me vengas con rodeos! —exclamó Ethan, dando dos pasos rápidos hacia el centro de la habitación—. He visto las noticias de esta mañana. Hay fotos tuyas en todos los portales de internet entrando al hotel con una desconocida. ¡Con la mano en su espalda! ¿Te has vuelto completamente loco?

—Cuidado con las venas del cuello, Ethan, las corbatas ajustadas y los sofocos no combinan bien —intervino Jace con una serenidad burlona, arreglándose la solapa del traje.

Ethan le dedicó una mirada de absoluto desprecio a Jace antes de volver a centrarse en mí.

—Dominic, esto es un desastre para tu imagen. Te enviamos a ese pueblo de la montaña para una recuperación discreta, centrada únicamente en tu hombro y en tu carrera. ¡Te fuiste para rehabilitarte, no para buscarte distracciones ni para irte de compras con chicas de pueblo!

Sentí cómo la mandíbula se me tensaba al instante. Dije su nombre con voz baja pero cargada de una advertencia muy clara:

—Mide muy bien las palabras que usas para hablar de Camila, Ethan.

—¡Me da igual cómo se llame! —protestó él, alzando los brazos al aire—. Lo que importa es que hay una narrativa oficial que hemos construido durante meses. La prensa espera verte con Victoria esta noche. Ella es la cara visible de tu imagen pública ante los patrocinadores. Ni se te ocurra presentarte en esa alfombra roja con esa chica. No vas a llevarla a la gala.

Me giré del todo para encararlo, superándolo en altura y fijando mi mirada en la suya.

—Ella va a venir conmigo. Es mi invitada.

—¡Es un suicidio mediático! —insistió Ethan, fuera de sí—. Los patrocinadores van a pedir explicaciones. Victoria va a montar un espectáculo ante las cámaras si te ve llegar con otra mujer de la mano. ¿Tienes idea del lío en el que te estás metiendo por un capricho?

—No es ningún capricho —asentí con voz firme y serena—. Y Victoria sabe perfectamente que lo nuestro terminó hace tiempo, por mucho que tú hayas intentado mantener esa fachada para la prensa. La decisión está tomada, Ethan. Camila va a entrar a esa gala a mi lado. Si a los patrocinadores o a ti no os gusta, podéis pedirme cuentas el lunes en las oficinas. Hoy no.

Ethan se quedó con la boca abierta, incapaz de asimilar la rotundidad de mi respuesta. Sabía que cuando me ponía así no había negociación posible.

—Te estás equivocando mucho, Dominic —murmuró Ethan, apretando la carpeta contra su costado con indignación—. Esto va a traer consecuencias. Y cuando la prensa se os eche encima, no digas que no te lo advertí.

—Agradecemos tu profunda preocupación profesional, de verdad —añadió Jace abriéndole la puerta con una leve inclinación de cabeza—. Que tengas una velada maravillosa, Ethan.

Ethan nos dirigió una última mirada cargada de frustración, dio media vuelta y salió a pasadas agigantadas, haciendo resonar sus zapatos contra el suelo del pasillo.

La puerta volvió a cerrarse.

Un silencio pesado se instaló en la habitación durante unos segundos. Me pasé la mano por la nuca, intentando aflojar la tensión de los hombros.

—Bueno —dijo Jace rompiendo el hielo, acercándose para echarme una mano con el cuello de la chaqueta—. Eso ha ido bastante bien, dentro de lo que cabe.

—Es un pesado —resoplé, ajustándome por fin el esmoquin.

—Sí, pero tenía razón en una cosa —comentó Jace, volviéndose serio por un momento—. La noche va a ser intensa. Asegúrate de estar listo.

Miré mi reflejo en el espejo. El traje me sentaba bien, pero lo único que me importaba en ese momento era cruzar el pasillo, llamar a la puerta de Camila y llevarla a esa gala. Había llegado la hora de dejar las apariencias atrás.




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