POV Camila
Los golpes en la puerta me hicieron dar un respingo. Intercambié una última mirada con Savannah en el espejo, tomé aire y caminé hacia la entrada de la suite.
Al abrir, el tiempo pareció detenerse.
Dominic y Jace estaban en el pasillo, impecables en sus esmóquines negros. Pero la mirada de Dominic no estaba en el traje ni en el lujo del pasillo; sus ojos grises se clavaron en mí en cuanto la puerta se abrió del todo. Su respiración se volvió más lenta, y durante unos segundos se quedó completamente mudo, recorriendo mi vestido azul noche y el recogido de mi pelo con una fascinación tan transparente que me hizo ruborizar.
—Estás... absolutamente increíble, Camila —murmuró Dominic, con una voz profunda que me erizó la piel.
—Tú tampoco estás nada mal, Blackwood —respondí, intentando disimular el nudo de nervios que me atenazaba el estómago.
A su lado, Jace se llevó una mano al corazón con dramatismo al mirar a Savannah.
—Señorita, está usted espectacular. Es un verdadero honor ser su acompañante esta noche.
Savannah esbozó una sonrisa orgullosa, ajustándose el vestido verde esmeralda.
—Más te vale estar a la altura, pijo.
—Siempre lo estoy, minion —guiñó él, ofreciéndole el brazo con elegancia.
Nos dirigimos hacia la salida trasera del hotel, donde la presencia de la prensa era casi nula gracias a la gestión de la seguridad. El camino hasta la limusina fue tranquilo. Savannah iba cogida del brazo de Jace, riendo y bromeando con él sobre cuál de los dos llamaría más la atención. Yo, en cambio, caminaba en silencio, con las manos heladas.
Dominic pareció notarlo; se acercó a mí y rozó con suavidad el dorso de mi mano.
—Todo va a salir bien. Estoy aquí contigo —me susurró al oído, dándome la seguridad que desesperadamente necesitaba.
Subimos a la limusina y el vehículo se puso en marcha. El trayecto hasta el centro de convenciones nos llevó por las avenidas principales de Seattle, bordeando los altos rascacielos iluminados y el reflejo del agua del puerto al fondo. Las luces de la ciudad pasaban a toda velocidad al otro lado de los cristales tintados, marcando el ritmo de un mundo al que yo no pertenecía.
Al llegar al recinto de la gala, la calma se esfumó por completo. El lugar estaba abarrotado. Vallas de seguridad, proyectores gigantescos y una multitud ensordecedora de periodistas, fotógrafos y fanáticos flanqueaban la entrada.
Primero bajaron Jace y Savannah. Jace manejó la situación con una soltura natural, posando con su mejor sonrisa mientras guiaba a Savannah, quien caminaba con la cabeza alta como si llevara toda la vida asistiendo a eventos de alta alcurnia.
Después, Dominic me ofreció su mano para ayudarme a bajar. En cuanto mis pies tocaron el suelo, el resplandor de decenas de flashes nos envolvió. Dominic me pegó a su costado, cubriéndome con su cuerpo mientras avanzábamos por la alfombra.
Logramos cruzar el vestíbulo y entrar al recinto principal, pero justo antes de perdernos entre los invitados, un periodista logró colarse con un micrófono extendido.
—¡Dominic, una pregunta rápida! ¿Quién es la señorita que te acompaña esta noche?
Dominic ni siquiera se detuvo. Mantuvo la vista al frente y respondió con voz fría y tajante:
—Es mi acompañante.
No dijo una sola palabra más y avanzamos rápidamente, dejando al reportero atrás.
Nos reunimos con Jace y Savannah cerca de la mesa que nos habían asignado. El salón era majestuoso, lleno de lámparas de cristal, música suave de fondo y cientos de personas vestidas de etiqueta. Dominic y Jace saludaron a varios compañeros de equipo y directivos de la liga que se acercaban a felicitarlos por la recuperación de Dominic. Yo me mantuve al margen, sonriendo por cortesía, pero sintiéndome como una intrusa en un mundo de cristal.
Fue entonces cuando la atmósfera cambió drásticamente.
Entre la multitud aparecieron Ethan y Victoria. Victoria lucía un vestido deslumbrante y sonreía con una practicidad calculada, mientras Ethan avanzaba con la prensa pegada a sus talones. Sin darnos tiempo a reaccionar, Ethan orquestó la jugada: empujó sutilmente a varios fotógrafos hacia nosotros y rodeó a Dominic, obligándolo por compromiso institucional a ponerse al lado de Victoria para las fotos oficiales de los patrocinadores.
—¡Dominic, Victoria, una foto juntos para la portada! —gritaban los camarógrafos.
Dominic intentó buscar mi mirada con gesto tenso, pero las luces y las preguntas de los periodistas lo tenían completamente acorralado.
Me sentí de pronto invisible, pequeña y profundamente fuera de lugar. Miré a mi alrededor buscando a Savannah para salir de allí un momento, pero la había perdido de vista entre la multitud. Decidí caminar hacia un lado del salón para tomar aire.
No llegué muy lejos.
Una mano me sujetó con fuerza del antebrazo. Me giré y me encontré con la cara de Ethan, que me miraba con una mezcla de prisa y desprecio.
—Ven conmigo, tenemos que hablar —murmuró entre dientes.
Casi arrastrándome antes de que pudiera protestar, me guio a través de una puerta acristalada hacia el balcón exterior del edificio. Estaba completamente vacío y el aire frío de la noche me golpeó el rostro.
Me solté de su agarre de un manotazo.
—¡¿Qué te pasa?! ¡Suéltame!
Ethan se colocó entre la puerta y yo, cruzándose de brazos con una expresión fría.
—Si tienes un mínimo de aprecio por Dominic, te irás de esta gala ahora mismo, Camila.
—No me voy a ir a ninguna parte porque tú me lo digas —respondí, manteniendo la voz firme a pesar del temblor de mis manos.
—No seas ingenua —espetó Ethan con frialdad—. Dominic se está jugando su carrera y un contrato multimillonario. Esta noche todas las miradas están sobre él. Si te ven a ti a su lado, arruinarás su futuro. La prensa no va a parar hasta destrozar su imagen, y los patrocinadores no quieren escándalos.