Todo lo que nos robaron

Capítulo 55: Todo lo que nos robaron

POV Dominic

Las tres de la mañana marcaban el reloj del salón cuando el silencio en la casa de campo se volvió absoluto. Mi madre y Jace finalmente habían caído rendidos tras el agotamiento de los últimos días y la intensidad del viaje de regreso desde Seattle.

Yo era el único que seguía despierto. El dolor sordo en mi hombro lesionado era constante, pero no era eso lo que me impedía dormir, sino el torbellino de pensamientos que no me dejaba en paz.

En silencio, salí al porche delantero. La brisa de la noche era fresca y tranquila. Caminé hasta mi coche, abrí el maletero y deslicé las manos hacia el fondo, donde descansaba una caja de madera gastada. Camila me la había entregado en la mano, con un hilo de voz y la mirada baja, justo antes de separarnos para que ella se fuera a una de las habitaciones de arriba con los niños para dormir esa noche.

«Tómala», me había dicho en un murmullo antes de despedirse. «Es hora de que la tengas tú».

Sostuve la caja contra mi pecho, sintiendo su peso, y regresé al salón. Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra la base del sofá, y la coloqué frente a mí sobre la alfombra.

Con manos temblorosas, retiré la tapa.

Lo primero que vieron mis ojos fue un par de pequeños patucos de lana blanca, tan diminutos que apenas cubrían la palma de mi mano. A su lado, reposaba un sobre transparente con dos tiras de ecografías borrosas donde apenas se distinguían dos puntos casi imperceptibles. La fecha en la esquina del papel marcaba el inicio de todo lo que me habían robado.

Apreté la mandíbula, sintiendo que la garganta se me cerraba por la emoción. Mis dedos rozaron entonces un cuaderno de tapas duras, desgastado por el uso y el paso del tiempo. Entre sus páginas sobresalía un sobre de papel amarillento, cerrado pero sin sellar, con mi nombre escrito en la portada con la caligrafía inconfundible de Camila.

Saqué la carta despacio, desplegando el papel con un cuidado infinito, como si fuera a romperse entre mis manos.

Dominic:

Hoy he vuelto a escuchar la radio después de poner a dormir a los niños. Mencionaron tu nombre, dijeron que habías tenido un partido increíble con los Wolves. Me alegra saber que estás bien, que estás cumpliendo cada uno de tus sueños.

A veces me siento en la mecedora de la habitación de los bebés y me pregunto si alguna vez piensas en mí. Me cuesta creer que el hombre del que me enamoré no haya respondido a mis cartas, pero el silencio me pesa cada día más.

Liam ha sonreído hoy por primera vez de forma consciente. Tiene tu hoyuelo en la mejilla izquierda, Dominic. Es idéntico a ti. Hazel es un torbellino, no deja de mover los bracitos y tiene una energía que me recuerda mucho a la tuya antes de los partidos importantes.

No sé si algún día te enviaré esto. Supongo que terminará en la caja, como todas las demás. Solo quería que supieras, estés donde estés, que tus hijos están creciendo sanos y fuertes. Y que, a pesar de todo el dolor y la distancia, no puedo odiarte. Parte de ti vive en ellos cada mañana.

Sigue brillando, > Camila.

El papel se humedeció bajo mis dedos antes de que pudiera darme cuenta de que estaba llorando. Una lágrima silenciosa tras otra se deslizaba por mi rostro, cayendo sobre la firma de Camila.

Aquella carta era la prueba irrefutable de la crueldad de Ethan. Ella me había buscado. Había intentado compartir conmigo la magia de ver crecer a nuestros hijos, y mis manos habían estado vacías por culpa de un engaño vil.

Abrazé el cuaderno contra mi pecho en mitad de la penumbra del salón, dejando que el llanto fluyera en silencio por primera vez en cuatro años. Lloré por los días que no estuve, por las noches en que Camila sostuvo a nuestros hijos en soledad y por las palabras que nunca llegaron a su destino.

Pero mientras contemplaba los pequeños patucos y las fotos de Liam y Hazel sobre la alfombra, el dolor amargo comenzó a dar paso a una determinación inquebrantable. El pasado nos había sido arrebatado, pero el presente y el futuro eran nuestros. Y no descansaría hasta devolverle a Camila y a mis hijos todo lo que nos robaron.




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