Tour Del Amor

Capítulo 3

El bolso no cae donde ella quería. Fue a dar en el suelo y luego de verlo ahí, se arrepiente, yendo hacia él para levantarlo. Se desploma en el sillón largo, cerrando los ojos un momento. Evoca lo que fue esta cena con Pierre Renoir. No sabe cómo sentirse ahora que pudo compartir con él, hasta el grado de divertirse.

Cuando le prometió a Pamela, actuar decentemente en esa reunión, lo hizo muy bien. Hasta Pierre cumplió su promesa de portarse como todo un caballero. Conversaron hasta altas horas de la noche, y cuando comenzó a sentir la helada noche, prefirió volver a casa. Y para sorpresa, Pierre estuvo de acuerdo.

Él mismo la dejó en la puerta de su edificio, tan sólo unos minutos atrás. Su despedida fue más que correcta e inesperada. Eso la dejó algo confundida. Estaba preparada para su acoso y su insistencia de molestarla. O provocarla hasta que nazca su odio, como lo hacía antes. Nada de eso pasó. Muy por el contrario, ha sido una reunión agradable con su ex.

Su teléfono suena haciéndola levantarse de mala gana. Lee el nombre de su amiga en su pantalla. Era de esperar que su amiga estuviera comunicándose a estas horas. Seguro está con su curiosidad hasta el cielo para averiguar cómo estuvo todo. Acomodándose en el sillón, alcanza su teléfono y acepta la llamada antes que Pamela tenga un colapso nervioso.

  • ¿ Podrías decirme por qué te demoras en contestar? -pregunta Pamela escuchándose molesta.
  • ¡Buenas noches para ti también, querida amiga! -exclama Cristina agotada.
  • ¡¡Eres grandiosa, fabulosa, gigante y... y...
  • ¡Respira, Pamela! -dice Cristina sentándose mejor ante la euforia de su amiga y socia.
  • ¡Yo sabía que lo podías lograr! -dice Pamela.
  • ¿De qué hablas? -pregunta ella buscando soltar sus sandalias.
  • ¡Pierre aceptó aliarse con nosotras! -dice Pamela, alegre desde su teléfono.
  • ¡Yo no hice nada más que salir a cenar con él! -dice Cristina.
  • ¡Hiciste más que eso, chiquita... Pierre Renoir ha acordado firmar nuestro acuerdo! -dice Pamela feliz.
  • ¡Bueno, eso salió bien! -dice ella reacciona algo confundida.

Desde que supo que ella era una parte importante para esa firma, su molestia con Pierre, aumentaba a cada minuto que se acercaba la hora de esa cena. Estuvo muy a la defensiva desde que llegaron a ese restaurante. Pero un hombre distinto cenó con ella. Nuevamente comparte un grato momento con él.

  • ¿Todavía estás ahí? -pregunta Pamela despertandola de sus pensamientos.
  • ¡Sí, sí... sigo aquí! -dice ella.
  • ¡Debemos comenzar a trabajar muy duro, tenemos un mes para recibir reservas, y... revisar las instalaciones en el crucero, pero eso sólo lo puedes hacer tú! -dice Pamela dejándola algo extrañada.
  • ¿Qué dijiste, yo supervisar el crucero, que ese trabajo no es tuyo? -consulta Cristina.
  • ¡Tú también estás muy capacitada para eso! -dice Pamela.
  • ¡Dime que eso no te lo sugirió él! -exclama Cristina molesta.
  • ¡Puede que tu nombre lo haya mencionado, pero Cris...
  • ¡¡Por Dios, Pierre y tú me están utilizando en todo esto... de verdad que me estoy quedando sin palabras! -exclama Cristina decepcionada.
  • ¡Estuviste de acuerdo con la cena, y me has confirmado que se portó como un caballero!... ¿Qué hay de malo en que trabajen juntos por esta vez? -dice Pamela.
  • ¡No sé si deba estar al frente de ese trabajo, lo más correcto es que sea Lorena, estuvimos de acuerdo en ello desde el principio! -advierte ella.
  • ¡Cariño, es verdad... no me acordaba de eso... tendré que ir yo, le informaré a Pierre, no te preocupes por eso! -dice Pamela- ¡Aunque dudo que lo reciba bien! -advierte ella.
  • ¡Lo tendrá que aceptar, yo no puedo negarte mi ayuda, pero esta vez no lo puedo hacer, amiga! -exclama Cristina.
  • ¡Está bien, se lo diré a Pierre, y recemos para que lo tome bien! -dice Pamela.
  • ¡Tendrá que estar de acuerdo, y además hazle recuerdo que somos tres socias en este proyecto y que no se obsesione conmigo! -dice Cristina muy firme.

Conversando un rato más, termina despidiéndose de su amiga y socia. Si Pierre Renoir pone algún tipo de problema con esto, confirmará sus intenciones de seguir manejando este proyecto a su gusto. Además de colocar a ella como condición, no sería ético de su parte.

Si Pamela no logra nada, lo hará ella. Se dispone a ir directo a la cama. El efecto agradable que le dejó la cena, ya terminó su efecto. Ahora viene la parte de confrontamiento. Necesita estar con la mente fría, y un buen dormir tendrá que funcionar para lo que tiene mañana por la mañana. Cerrando los ojos busca dormir... mañana es un día crucial.

A la mañana siguiente... su cuerpo se adelantó unos minutos antes de su alarma. Ahora su silueta se refleja ante el espejo, vistiéndose lo más elegante posible, dando gala de su sociedad de una agencia turística. Ha dejado atrás los jeans y las zapatillas, para usar pantalones de tela, y sandalias altas. Es una nueva Cristina que le sonríe en el reflejo ante ella. Debe colocar varios puntos en las íes a su nuevo socio del proyecto de cruceros.

  • ¡Buen día, señorita Quintana! -saluda Gaspar, el conserje del edificio donde vive hace ya cuatro años. Independencia que le vale vivir tranquila y cómo ella tanto anhelaba.
  • ¡Buen día, Gaspar! -dice ella saliendo del edificio siempre optimista con su jovial sonrisa.
  • ¡Qué tenga un lindo día! -dice el hombre.
  • ¡Usted también, y saludos a su esposa! -dice ella.

Conduce su auto en dirección al edificio donde debe estar Pierre. No hay necesidad de llamarlo, ni tampoco pedir una cita. Tendrá que atenderla. Ella también puede sacar provecho de esa loca admiración de ese hombre, para que la atienda de inmediato.




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