Capítulo 4
El club está en su mayor apogeo, con las luces, los tragos, las risas y un ambiente alegre por la música, gente y sus amigos que se divierten en la zona Vip. Pero Pierre se siente fuera de lugar, al llegar casi obligado a ese lugar. No está de ánimos. Desde hace muchos días que no le interesa las fiestas, ni las reuniones con sus amigos como antes.
Alguien se lanza a su lado, para sentarse en su mismo sillón. El perfume fuerte la delata enseguida. Mira atento a Isabel que ya está demasiado alegre, por sus incontables tragos. Siempre es lo mismo con ella. Es su amigo, y debe estar atento a que no cometa excesos con el alcohol.
- ¡Deja de tomar tanto, Isa! -advierte Pierre muy serio.
- ¿Por qué estás tan apagado aquí? -pregunta ella apretándose a él, su mano va directo a su pecho, metiéndola por su camisa.
- ¡Tengo mis momentos malos, es sólo eso! -dice Pierre quitando la mano de Isabel de su cuerpo.
- ¡No me alejes, Pierre... sabes que me encanta tocarte! -dice ella intentándolo otra vez.
- ¡No esta vez, Isa! -pide Pierre volviendo a quitar su mano. Ella se queja y arruga su nariz. Pierre sonríe porque esas caras infantiles la hacen ver más hermosa.
Pierre ante eso, sólo le provoca darle un suave beso, pero Isabel se lanza más a responder en forma más intensa. Sus bocas se lanzan a una batalla de lenguas, pero un fuerte carraspeo los interrumpe. Pierre aparta un poco a su amiga, para mirar a Ginette que mira muy seria.
- ¡Me imaginaba que estarías con tu... amiguita! -dice su hermana sentándose frente a ellos.
- ¡Hola, hermanita! -saluda Pierre.
- ¡Hola! -saluda ella a secas.
- ¡Querida cuñada! -dice Isabel dejando a los hermanos Renoir mirándola extrañados.
- ¿Tan temprano y ebria que alucina? -pregunta Ginette molesta.
- ¡Te quiero mucho, hermanita de este guapo hombre! -dice Isabel arrojándose al cuello de Pierre.
- ¡Tranquila, Isa! -dice Pierre buscando respirar.
- ¡La tienes completamente loca por ti! -dice Ginette.
- ¿Tú que no ibas a casa de una amiga? -pregunta su hermano. Evita los celos de hermana.
- ¡Claro que fui, pero se armó un grupo grande y vinimos aquí! -dice Ginette elevando un vaso.
- ¡Sólo mujeres espero! -dice su hermano.
- ¡No empieces con tus celos de hermanito mayor, soy bastante grandecita para tener amistades varoniles, y los que trajeron mis amigas... están para morirse! -dice Ginette- ¡Por cierto, Cris está aquí! -dice Ginette levantándose pronto.
Él queda congelado ante sus palabras. "Cris está aquí". Se repitió esa noticia miles de veces en su cabeza. Y a la vez lo de sus amistades varoniles. Se levanta apresurado para evitar que su hermana se fuera. Dejó a Isabel rendida en el sillón, casi dormida. Ataja a Ginette antes que bajara por la pequeña y semi oscura escalera.
- ¡Espera, espera... dijiste que Cris está aquí, lo oí bien! -dice él elevando su voz por la música.
- ¡Sí, y te advierto que no le he dicho que estás aquí, porque no quiero que arruines nuestra noche de diversión, hermanito! -dice ella con alto tono también.
- ¿Vino acompañada? -pregunta él ansioso.
- ¡No debe interesarte! -dice ella- ¡Sólo vine a contártelo, y para advertirte que no quiero que te acerques a nosotras, y menos que le arruines lo que pueda ella tener con su... su... su amigo o lo que sea de ella! -dice Ginette.
- ¡Entonces vino con un hombre! -dice Pierre que comienza a bajar por las escaleras, dejando a su hermana más atrás.
- ¡No, Pierre... no vayas, ven aquí! -dice Ginette molesta.
Por las luces coloridas, el ir y venir de gente, el lugar no se hacía muy fácil de ver rostros. Mucho menos poder buscar precisamente a una persona. Pero su visión llegó al instante, al reconocerla entre miles de mujeres. Cristina bailaba muy animada, moviendo sus caderas tan sugerente en la pista. Estaba él a pocos metros, y podía perfectamente escuchar sus risas.
Todo su interior parecía una formación de lava que crecía cada vez más, al divisar las manos del hombre en sus caderas. Ginette llegó a su lado, y lo sostuvo de su brazo. Él debía estar ahí. Él sentía que tenía más derecho para tocarla, para disfrutar de su compañía. Ese hombre parecía estar muy conectado con Cristina al mirarse tan cerca. Eso lo hace querer apartarla de ahí, llevarla lo más lejos posible.
- ¿Qué crees que haces? -pregunta Lorena parándose frente a él, obstaculizando su visión.
- ¿Es su novio? -pregunta Pierre sin aparta su vista de la pareja en la pista.
- ¡NO es de tu incumbencia, Pierre! -dice Ginette- ¡Maldición, no debí ir a saludarte! -exclama enojada.
- ¡Pierre Renoir, te advierto que no te quiero cerca de Cristina, déjala tranquila! -dice Lorena.
- ¿Qué tienes contra mí? -pregunta Pierre arrugando su ceño para mirar a la amiga y socia de Cristina.
- ¡Lo que ella sufrió, lo sufrimos Pamela y yo... días y noches consolando a una mujer totalmente fuera de control, casi a punto de querer morir por tu culpa! -dice Lorena tapando su boca, viéndose arrepentida.
- ¿Dijiste morir por mi culpa? -pregunta él, buscando escuchar mejor con todo ese ruido.
- ¡No, escuchaste mal... no dije exactamente...
- ¡Repite lo que dijiste entonces! -pide Pierre.
- ¡Olvídalo, vete de aquí... sube a tu mundo, y déjanos disfrutar! -dice Lorena cruzándose de brazos.
- ¿Algún problema, cariño? -pregunta un hombre tomando a Lorena de su cintura.
- ¡No, Pablo... sólo saludaba a un conocido pero ya se va! -dice Lorena lanzando una dura mirada a Pierre.
- ¡Pierre Renoir, pero miren qué sorpresa! -dice Pablo dejando a Pierre mirarlo curioso.
- ¡Sí, soy yo! -dice él.
- ¡Soy Pablo Valdebenito... hermano de Fernando Valdebenito, él estaba contigo en la universidad, el loco Fer! -dice Pablo. Una amplia sonrisa de triunfo se dibuja en Pierre.
- ¡El loco Fer, sí... estoy algo... algo sorprendido! -dice Pierre tomando la mano de Pablo para saludarlo- ¿Y qué es de Fer? -pregunta él.
- ¡Está aquí... más bien en la pista, bailando con Cristina! -dice Pablo provocando que la lava subiera más al escuchar eso.