Sus amigas recostadas en esa gran cama haciéndole compañía, han evitado que se aburra. Lleva dos días en ese lugar y se empeña en querer irse. No soporta los extremos cuidados de Pierre. Mucho menos estar en su propia casa.
A regañadientes tuvo que seguir en su papel de "novia" en esa clínica. No pudo negarse, delante de la enfermera que empujó su silla hasta la calle, a que su encantador y amoroso "novio" la llevara a su casa. Él se volvía a comprometer para cuidar eficientemente a su "amada".
Ahora resulta que tiene mucho tiempo para aclararle muchas cosas. Pero Pierre siempre se las ingenia para evadir el tema de su fallida relación. No quiere aceptar el trato de mantener distancia con ella. La llena de cuidados y mimos que no pidió. Pierre hace oídos sordos a su reclamo de regresarla a su departamento, alegando que estando sola, no podría mejorar muy bien.
Ella también recibe una dura expresión de la enferma, que a la vez se siente recuperada y muy ansiosa por salir de ahí. Lorena tiene mucha razón. Está acostada en la cama de Pierre, encerrada en la misma habitación que de paso abrió una caja de recuerdos, de buenos y malos momentos que pasaron en esa casa. No quiere seguir recordando.
Observa a sus amigas que disfrutan mucho ese jugo, luego toparse con esos ojos preocupados de la empleada. Termina por beberse todo el contenido de su jugo de mango. Increíblemente delicioso con ganas hasta de repetir, pero debía conservar su serio semblante. No demostrar que ellas tenían razón.
Dos par de ojos se concentran en Cristina.
Pierre y sus excentricidades.
Ella conoce muy bien esa parte de su ex novio. Usaba su dinero para donaciones y ayudas benéficas. Filantropía se le dice.
Terminando la visita de sus amigas y socias, ella queda sola nuevamente. Otra empleada llega con el medicamento, justo cuando Pierre aparece. Cristina muy obediente se toma la pastilla rápido, la empleada se retira y ella cierra sus ojos con la intención de dormir. O mejor dicho no querer mirar a su secuestrador.
Cristina siente hundirse la cama, creyendo que Pierre se ha sentado a la orilla. Su ojo izquierdo se abre un poco, casi nada, para verlo. Termina por sentarse de golpe al darse cuenta que Pierre está recostado a su lado. Se cubre rápidamente al verse expuesta ante él.
Él nunca ha usado corbata, con excepción de alguna fiesta o evento que lo requiera. Pero no aguanta muchas horas con el cuello apretado. Siempre deja los primeros tres botones sueltos. Y ahora soltando dos más, deja a la vista mucho más piel. Cristina lo observa por varios segundos. O más bien fueron micro segundos.
Ella respira en forma pausada ante el dolor que viaja por todo su cuerpo. Con sumo cuidado y muy concentrado, la ayuda a tomar su pierna para regresarla a la cama. Sin más que alegar, Cristina debe aceptar tenerlo otra vez a su lado. Esas manos tibias dejaron un calor inquietante.
Luego le entrega una pastilla y un vaso con agua.
#4770 en Novela romántica
#1327 en Novela contemporánea
amistad amor ilusion tristeza dolor, reencuentro y celos, amor desamor ilusiones
Editado: 01.08.2026