Tour Del Amor

Capítulo 6

Sus amigas recostadas en esa gran cama haciéndole compañía, han evitado que se aburra. Lleva dos días en ese lugar y se empeña en querer irse. No soporta los extremos cuidados de Pierre. Mucho menos estar en su propia casa.

A regañadientes tuvo que seguir en su papel de "novia" en esa clínica. No pudo negarse, delante de la enfermera que empujó su silla hasta la calle, a que su encantador y amoroso "novio" la llevara a su casa. Él se volvía a comprometer para cuidar eficientemente a su "amada".

Ahora resulta que tiene mucho tiempo para aclararle muchas cosas. Pero Pierre siempre se las ingenia para evadir el tema de su fallida relación. No quiere aceptar el trato de mantener distancia con ella. La llena de cuidados y mimos que no pidió. Pierre hace oídos sordos a su reclamo de regresarla a su departamento, alegando que estando sola, no podría mejorar muy bien.

  • ¿Cómo se ha portado tu enfermero privado? -pregunta Pamela.
  • ¿Acaso te divierte verme así? -pregunta Cristina.
  • ¡No, claro que no, amiga! -exclama Pamela borrando su sonrisa.
  • ¡Quiero volver a mi departamento pero es como si estuviera secuestrada por ese loco! -exclama Cristina molesta.
  • No me vas a negar que Pierre se ha desvivido por atenderte aquí en su propia casa, y hasta en su propia cama -comenta Lorena mirando a su alrededor.

Ella también recibe una dura expresión de la enferma, que a la vez se siente recuperada y muy ansiosa por salir de ahí. Lorena tiene mucha razón. Está acostada en la cama de Pierre, encerrada en la misma habitación que de paso abrió una caja de recuerdos, de buenos y malos momentos que pasaron en esa casa. No quiere seguir recordando.

  • Permiso -dice una empleada entrando con una bandeja.
  • ¿Qué es? -pregunta Pamela saliendo de la cama toda curiosa.
  • Jugo natural de fruta, el señor ordenó comprar fruta fresca para la señorita -dice la empleada sonriendo muy amable.
  • Yo no quiero -dice Cristina.
  • No lo desprecies -dice Pamela tomando un poco de su vaso- Está realmente bueno, gracias -dice mirando a la empleada.
  • No quiero jugo -dice Cristina, mostrando rechazo.
  • Señorita, si mi patrón se entera que no ha tomado este jugo... él me regañará -dice la empleada.
  • ¡Es un tirano de lo peor! -comenta Cristina.
  • Bebe el jugo, no te cuesta nada -dice Lorena mostrando el vaso.
  • ¡Está muy delicioso en verdad! -exclama su amiga.
  • ¡Que te aproveche! -dice Cristina cruzándose de brazos y buscando mirar otro punto.
  • ¡Yo también quiero! -dice Lorena sacando el segundo vaso. De reojo observa.
  • ¡Que te aproveche también! -dice Cristina.

Observa a sus amigas que disfrutan mucho ese jugo, luego toparse con esos ojos preocupados de la empleada. Termina por beberse todo el contenido de su jugo de mango. Increíblemente delicioso con ganas hasta de repetir, pero debía conservar su serio semblante. No demostrar que ellas tenían razón.

  • ¡Muy delicioso el jugo! -dice Lorena ayudando a regresar los vasos a la bandeja.
  • ¡Gracias! -contesta la empleada.
  • ¿Dónde encontró mangos en esta ciudad y fuera de temporada? -pregunta Pamela.
  • ¡El señor Renoir lo mandó traer por encomienda especial, quería tener esa fruta aquí para la señorita! -dice la empleada girando para mirar por un segundo a Cristina, luego se despide saliendo de la habitación.

Dos par de ojos se concentran en Cristina.

Pierre y sus excentricidades.

Ella conoce muy bien esa parte de su ex novio. Usaba su dinero para donaciones y ayudas benéficas. Filantropía se le dice.

Terminando la visita de sus amigas y socias, ella queda sola nuevamente. Otra empleada llega con el medicamento, justo cuando Pierre aparece. Cristina muy obediente se toma la pastilla rápido, la empleada se retira y ella cierra sus ojos con la intención de dormir. O mejor dicho no querer mirar a su secuestrador.

  • Pretendes dormir ahora, eres una tramposa -dice Pierre.

Cristina siente hundirse la cama, creyendo que Pierre se ha sentado a la orilla. Su ojo izquierdo se abre un poco, casi nada, para verlo. Termina por sentarse de golpe al darse cuenta que Pierre está recostado a su lado. Se cubre rápidamente al verse expuesta ante él.

  • ¿Qué haces? -pregunta Cristina cubriéndose hasta el cuello, mirando espantada.
  • Descansando, ha sido un día muy agotador -dice él soltando un par de botones de su camisa.

Él nunca ha usado corbata, con excepción de alguna fiesta o evento que lo requiera. Pero no aguanta muchas horas con el cuello apretado. Siempre deja los primeros tres botones sueltos. Y ahora soltando dos más, deja a la vista mucho más piel. Cristina lo observa por varios segundos. O más bien fueron micro segundos.

  • ¿Te gusta lo que ves? -pregunta Pierre sonriendo burlón.
  • No te he mirado -contesta Cristina concentrándose en los pliegues de la sábana.
  • Claro que sí, me mirabas como antes... cuando me deseabas -exclama él provocando en Cristina un golpe bajo por llamar recuerdos.
  • No hables de ese pasado, entierra lo nuestro de una vez por todas -pide ella enfadada, sin aviso se descubre para levantarse. Un dolor en su pierna recorre todo su cuerpo, quejándose mucho.
  • ¡¡No hagas eso, fue muy tonto de tu parte apoyar el pie!! -reprende Pierre levantándose de golpe para volverla a recostar.
  • ¡¡No quiero estar cerca de ti!! -exclama ella adolorida, molesta e inquieta.

Ella respira en forma pausada ante el dolor que viaja por todo su cuerpo. Con sumo cuidado y muy concentrado, la ayuda a tomar su pierna para regresarla a la cama. Sin más que alegar, Cristina debe aceptar tenerlo otra vez a su lado. Esas manos tibias dejaron un calor inquietante.

Luego le entrega una pastilla y un vaso con agua.

  • Bebe –pide Pierre, aunque para ella pareció una orden.
  • ¿Es una orden? -pregunta ella mirando la pastilla en la mano de Pierre.
  • ¡Cristina! -dice él- Es para el dolor, podrás dormir mejor, así lo dijo el doctor –explica dejándola más convencida.
  • Gracias –dice ella tomándola y bebiendo el agua.




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