Cada pareja que entraba con sus maletas e ilusiones por vivir este viaje, emocionaron a las tres amigas que daba la bienvenida a sus primeros pasajeros.
Para un buen recibimiento, Lorena pensó en un kit de cuidado facial para hombre y mujer. Todos los productos son exclusivos y seleccionados de las mejores tiendas.
El presupuesto alcanzaba.
Hay que dar lo mejor.
Cada visitante tiene su regalo de bienvenida, Lorena y Pamela siguen en su labor. Llenando poco a poco la borda del gran barco, Cristina chequea los últimos detalles del menú con el chef Monti. Y a la vez, observa la entrada.
Apenada, Cristina observa su listado. Opta por el delicioso postre de tres luches, segunda opción un tiramisú. Conoce bien esos postres hechos por las manos de Monti. Muchas veces estuvo presente en las comidas que su ex novio organizaba en su yate privado.
Con su sincera sonrisa, dio a entender que no estaba al tanto de su rompimiento con el jefe. Cristina sonríe.
Calmado y sonriente, entra Pierre elegantemente vestido. Monti se acerca saludando estrechando sus manos. Ella se mantuvo en su sitio. Fija su mirada en la lista, igualmente tuvo visión cuando él se acercaba.
Tonto corazón.
Inclinando su cuerpo, evita la cercanía.
Pierre no insiste.
Ella agradece.
El chef se despide, dejándolos solos. Más al fondo, los meseros afinan los últimos detalles para el cocktail de recepción. Pierre se queda junto a ella.
Para su sorpresa, Pierre avanza hasta la puerta. No sin antes voltear.
Cristina no hizo ningún movimiento, conocer bien sus inesperadas actitudes.
Al quedarse sola, se le acerca una mesera.
Su teléfono suena. En la pantalla muestra un nombre, ella sonríe.
Cristina mira enfadada a Pierre que le devuelve el teléfono, tras terminar bruscamente la llamada. Como si nada, regresa a la cocina, dejándola más inquieta y molesta.
Siente que este viaje será muy largo.
Pierre está cada vez más imprudente.
No logra entender su conducta.
No puede permitir que siga metiéndose en su vida. Los negocios son negocios.
Pensó que había quedado claro.
Luego de tratar de cumplir las solicitudes de la acompañante del alcalde, se procede a reunir a los pasajeros. Cristina estaba lista con su discurso.
El papel en sus manos, se arruga cada vez más.
Una mano captura la suya, con increíble naturalidad esa tibieza la calma.
Se mantuvo así hasta que el encargado contratado para la ceremonia dice su nombre.
Pierre besa su mano.
La toma de sus hombros, haciéndola girar y caminar hacia el micrófono que el presentador mantiene en su mano. Esperaba paciente que Cristina diera la bienvenida a los pasajeros.
Emocionada leyó cada línea con el cual agradecía a los presentes, a las autoridades, a sus amigas, al dueño del crucero, a los amigos y familia.
El discurso fue un éxito.
El corte de cinta se volvió un poco inquietante para Cristina. Tratando de concentrarse con sus manos y la tijera, no pudo impedir que Pierre tomara parte, apretando su mano en el momento que hace el corte y la cinta se parte en dos.
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Editado: 31.08.2026