Trabajo Cuidando A Una Chica En Silla De Ruedas

CAPITULO 16: DAR EL PASO

–Te dije que esto no iba a funcionar...

–Pues lárgate! Estoy cansada de todo esto... Tú y el alcohol, van a matarme.

–Mamá... – Chilló Jessica.

–Escucha pequeña, no pasa nada, yo solo me iré un tiempo porque tengo mucho trabajo...

–¡Deja de mentirle maldito adicto!

–¡Carajo, cállate por favor! – Respondió el padre de Jessica desesperado. –Yo voy volver, ¿ok Jessi?

–¡No quiero ver más ninguna maldita lata de alcohol! – Interrumpió la madre de Jessica, lanzándole al hombre varias latas a la cabeza.

Jessica comenzó a llorar.

–Por un carajo, ¿quieres lastimarla? – Preguntó él con voz violenta.

–Oh, ¿más del daño que vas a ocasionarle tú, borracho? – Respondió la mujer. –Mira Jessica, tu padre es un jodido borracho, ¿ves esto? – Preguntó enseñándole la lata de alcohol. – Él amó esto mucho más que a ti... y... que a mí.

La niña solo lloraba con más fuerza.

–Jodete.

Después de decirlo se levantó y se fue de la casa.

VARIAS SEMANAS DESPUÉS

–Como se lo he dicho doctor... Ella tiene constantemente dolores de cabeza y todo desde que ese hombre se fue de la casa.

–Bien, la voy a remitir con un psiquiatra, sospecho lo que puede tener. Para los dolores de cabeza dele estos. – Dijo el doctor entregándole a la madre de Jessica una formula médica.

DÍAS DESPUÉS

–¿Como está ella? – Preguntó el padre llegando a la sala con afán.

–Incluso pensé que no vendrías... – Respondió su ex novia con desinterés.

–Es mi hija...

–Ja...

–Bueno, después de varias entrevistas, efectivamente, ella lo padece. – Dijo el doctor.

–Esto... ¿tiene cura? – Preguntó su padre.

–Ah, no. Pero la psicoterapia va a ayudarla a tener una vida mucho más... (normal).

–¿Es muy costosa? – Preguntó la madre.

–Ya vas a empezar con el tema del dinero...

–Si, tengo que empezar con eso, ¡tal vez no lo haría si cumplieras con las malditas cuotas!

–Pues dime cuanto maldito dinero necesitas para esto y no me jodas...

–¡Por favor! – Interrumpió el psiquiatra.

Jessica estaba tras la puerta.

–¿No se dan cuenta? de ¿por qué ocurrió esto? La gente siempre se toma... muy a la ligera la salud mental, cuando es tan importante como cualquier otro órgano, incluso más. – Indicó él.

–Discúlpeme... Jess, hola, ¡soy papá!

Ella caminó despacio y se ocultó tras el psiquiatra.

–Papá y mamá... son malos conmigo.

...

–No puedo creer que tuvieras que hacer un alboroto en el consultorio... – Recalcó el padre de Jessica.

Los tres caminaban fuera del lugar.

–No quiero ni una jodida moneda de ti.

–¿Ahora de que hablas?

–Es todo, lárgate, yo cuidare sola de Jessica.

–¿Pero qué dices? Yo voy a pagar su tratamiento. Deja la paranoia un día mujer.

La madre de Jessica paró con ella de la mano.

–No necesitamos nada más de ti.

Entonces se fue del lugar, junto con la niña, había decidido previamente mudarse, se fue de esa ciudad para que él no las encontrara.

–Vamos a vivir con tu abuelita, va a ser muy divertido cariño. – Le dijo a Jessica en un bus.

–Pero mamá, y... ¿el tratamiento?

–¡Ah, tú ya eres una niña grande! El próximo año cumplirás ocho años. Además, estoy segura de que la abuela podrá curarte, ella dice que es una chaman... No le creía, pero quizá esta vez sea de ayuda.

–Que es una... ¿Chaman?

Así, desde los siete años, Jessica vivió con su madre y su abuela en un pueblo desconocido, sin ningún tratamiento que ayudara con su trastorno, esto ocasionó muchas dificultades en su crianza, educación, etc.

DIEZ AÑOS DESPUÉS

–¿Que hace esa chica? – Preguntaba una estudiante.

–No lo sé, pasa todos los recesos aquí en la sala de computación con la luz apagada. Dicen que es mejor no hablarle, puede ser agresiva.

–Oh... ¿ha hecho algo?

–No lo sé, nunca le he hablado. Pero dicen que trae navajas a la escuela.

–Mejor sigamos...

Jessica bastante concentrada escribía y movía el ratón de un lado al otro, con sus ojos irritados por la luz artificial que penetraba sus retinas sin descanso cada día.

–B-bingo... – Murmuró ella.

Su mano temblaba hacia el clic izquierdo del mouse. Ella tragó y luego de relajar la mano, dio clic.

ESE DÍA EN LA NOCHE

–Voy a regar las plantas... – Dijo Jessica.

–Claro, solo vuelve para la cena. – Respondió su abuela.

Jessica caminó despacio hasta la puerta trasera, luego regó rápida y descuidadamente algunas plantas en macetas que estaban en el patio trasero y corrió en dirección al bosque atrás de la cerca. Después de correr por un minuto llegó hasta una especie de casa que ella había construido, donde apenas cabía ella y algunas cosas que tenía allí.

–Lo hice... pero, qué pasa si... no, no yo estoy bien.

Ella se miró en un pequeño espejo que había ahí y comenzó a peinarse con afán, luego intentó maquillarse de una manera un poco brusca, para al final mirarse de vuelta.

–Estoy lista... ¿Verdad? – Se dijo a si misma antes de romper en llanto y pegar un golpe con su puño al espejo. – No... tengo que calmarme... – Se respondió para comenzar a respirar más despacio. Ella tocaba el suelo con su dedo índice contando en cuatro cuartos y de vuelta. – Uno, dos, tres, cuatro.

AL DÍA SIGUIENTE

–Hola Jessica, ya se fueron los chicos de la banda, ¿vas a usarla? – Preguntaba el profesor de música.

–Si... me gustaría aprender un poco más. – Respondió ella cohibida.

–Tienes la mano vendada de nuevo. – Mencionó el maestro mirando su mano derecha de reojo.

–Es que practico Boxeo... mis manos aún son delicadas.



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En el texto hay: romance, romace drama, romcom

Editado: 04.01.2026

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