Tras las cartas a mi primer amor

19. Recuerdos

Alex.

Un nuevo día amaneció, notando el agotamiento de haberme quedado hasta tarde adelantando los cientos de documentos, que temía, eran más urgentes de la prioridad que mi mente, ahora mismo, podía darles. No había podido quitarme de la cabeza las palabras que mi Olivia del pasado me dedicaba en aquellas cartas, al menos en las dos que me había atrevido a leer para no llegar a obsesionarme del todo. 

La intensidad de sus halagos, me avergonzaba. En parte, porque jamás fui consciente de que para ella, conocerme, hubiera significado tanto. Recordarla, me hacía sentir los nervios de alguien enamorado, descubriendo lo intensamente que era correspondido. 

¿Estás bien? —asomaba Maia su cabecita loca por el borde de la puerta entreabierta —Tienes cara de no haber dormido demasiado...

Tenía mucho trabajo que adelantar —resumí pasándome la mano por el pelo y buscando con la mirada la hora que era en el reloj de pared —Y ya voy tarde para la oficina...

—Tranquilo... ¿de algo servirá que seas el jefe, no? 

Negué con el gesto. Los excesos de poder no eran de mi agrado. 

Tengo muchos informes que entregar, y las nuevas propuestas de marketing se acumulan sobre mi mesa a diario, ¿quién crees que saldrá mal parado si no hago bien mi trabajo?

—¡Vale, vale! Sabes que lo mío no es el trabajo de oficina.

—Lo sé —sonreí poniéndome en marcha, y ordenando en primer lugar los papeles dentro del maletín, incluyendo de paso, el resto de sus cartas. 

—¿Ya las has leído todas? —quiso saber ella, sin pasarle desapercibido mi gesto.

—No, aún no todas... —suspiré sonriéndole en consecuencia. 

—Es bonito... ¡Digo! No quiero parecer ñoña, ni nada por el estilo pero, saber que una persona te ha amado de ese modo, desde el primer momento en que te vio, debe ser la hostia.

No pude evitar reír abiertamente. Porque llevaba razón. 

—Es abrumador —admití — Y no puedo evitar sentirme un poco culpable por no haberme dado cuenta desde el primer momento. 

—Pues sí, ¿estabas ciego o qué? —bromeó a mi costa. Yo me encogí de hombros, eligiendo entre los trajes, cual me apetecía ponerme para soportar otro día laboral. 

—Supongo que estaba más centrado en mis problemas personales, que en ella. 

—Ya... eras muy joven, y te topaste de frente en lo complicado que puede ser la vida de un adulto. Así, de sopetón. 

Lo pensé un instante, asumiendo esa realidad que nos había mantenido separados. Sí, había sido mi culpa, pero ahora, la vida me daba una nueva oportunidad para reparar el daño.

—Maia, debo irme ya, o se me echará la mañana encima. Debo intentar contactar con Olivia de una vez, y tal vez luego, cuadrar el viaje para volver a verla —sonreí ansioso por comentar aquel nuevo día, repentinamente. 

—Sí, sí, no te preocupes por mí, yo ya tengo el día cerrado. Estoy en la cuenta atrás para mi regreso a España, y debo aprovecharlos al máximo —contestaría igualando mi apresuramiento. Nos despedimos con un rápido beso en la mejilla, y los buenos deseos para aquel día que comenzaba con tan altas expectativas. 

Nada más llegar a la oficina, me centré en cumplir las tareas esenciales que no me llevaron demasiado tiempo. Actualizar mi agenda con alguna reunión que adelantar, y buscar ese espacio de tiempo que me diera la oportunidad para encontrar el recuerdo de su voz, guardado en mi mente, mientras en la siguiente carta me hablaba de nuestros primeros momentos compartidos. 

***** 

CARTA 3

Querido primer amor...

¿Alguna vez has mirado a alguien mientras habla, ríe, o come y solo sonríes dándote cuenta de lo mucho que te gusta? He de admitir que aunque tan solo nos veamos en días cruzados, este último mes ha sido de lo más intenso. 

Cuando te tengo cerca me cuesta tener algún pensamiento racional. Soy toda sentidos, toda efervescencia.

Cada toque de tu mano es como una corriente eléctrica en mi piel, cada beso un suspiro de alivio, todo ello crea una extraña mezcla de ruido en mi interior; inquieto, ruidoso, intenso y salvaje, que tan solo podrías curar diciéndome que tú también lo sientes.

¿Qué me está pasando? En tus brazos me siento inexperta, frágil y expectante. Siempre querré más de ti, y tu ni siquiera pareces saberlo.

O acaso sí, pero prefieres no admitirlo.

Los días habían pasado entre besos cada vez más ágiles, más intensos y tiernos. Abrazos más dulces y palabras más incluyentes. Dándose paso a través de mí, y creando un hogar en mi interior donde ahora habitaba un lugar llamado, nosotros.

Tu marcha diaria significaba la peor parte del día, ese en que solo podía recordar cada una de tus palabras, cada una de tus sonrisas, tus gestos, besos y miradas. Tu manera tímida de soportar mis halagos, y mi manera sincera de desear tus abrazos. Aquellos en los que aspiraba tu olor, como queriendo retenerte conmigo en cada respiración, en cada lugar donde poder recordarte.

¿De verdad es esto lo que llaman amor? Porque si es así, ahora entiendo cada canción, cada poesía, yo soy ahora parte de todo eso. Porque quien me iba a decir a mí, que aquella tarde de playa, el mayor regalo iba a ser para mí.

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