Trece: Serendipia

P R O L O G O

Cheongug, Primer Mundo
Año 1750

La paz llevaba demasiado tiempo reinando sobre Cheongug.

Algunos ángeles comenzaban a considerarlo una bendición. Otros, una advertencia.

Durante semanas no habían recibido noticias de Jiog. Ningún ataque, ninguna provocación, ninguna amenaza procedente del Tercer Mundo.

El silencio era extraño, sin embargo, la vida continuó.

En el Palacio de Kkoch, el ángel Sauro supervisaba uno de los proyectos más importantes de Cheongug. Junto a su prometida, Zoe, dirigía la creación de los Amarok, los primeros licántropos destinados a proteger el Medio Mundo, la Tierra. Mientras algunos ángeles participaban en su creación, otros se encargaban de entrenarlos para el día en que fueran enviados a cumplir su propósito.

Todo parecía marchar según lo planeado hasta que el cielo se rompió.

Las alarmas resonaron por toda la ciudad sagrada. Un estruendo sacudió las nubes doradas y una sombra inmensa cubrió el horizonte.

Jiog había llegado. Miles de demonios atravesaron las fronteras celestiales como una marea oscura e imparable. Donde avanzaban, dejaban ruinas.

Los hogares ardieron, los monumentos sagrados se desplomaron, los templos fueron reducidos a escombros y finalmente cayó el Palacio de Kkoch.

Los ángeles lucharon con todas sus fuerzas, pero las defensas de Cheongug se derrumbaron una tras otra. Antes de retirarse, los invasores lograron apoderarse de una cuarta parte de los Amarok.

Y capturaron a tres prisioneros.

Sauro, Zoe y Zoilo, la mano derecha de Sauro.

Cuando recuperaron la conciencia, se encontraban en Jiog.

El aire era denso y abrasador. El suelo de piedra negra parecía absorber toda luz que intentara tocarlo.

Los tres permanecían arrodillados en una enorme cámara rodeada de demonios armados.

Sauro sujetaba con fuerza la mano de Zoe.

—Todo estará bien —susurró, aunque ni él mismo parecía creerlo.

Zoilo permanecía inmóvil. El miedo se había apoderado de cada pensamiento.

Entonces las puertas se abrieron y el silencio invadió la sala.

Una figura avanzó lentamente entre los demonios.

Elke, gobernante de Jiog.

Una sonrisa apareció en su rostro al observar a los cautivos.

—Sauro... qué agradable volver a verte.

Tres demonios sujetaron a los prisioneros por la espalda, obligándolos a mantenerse de rodillas.

Elke comenzó a caminar alrededor de ellos con tranquilidad, como un depredador inspeccionando a su presa.

—¡No les hagas daño! —gritó Sauro.

Una carcajada resonó por la cámara.

—Esa preocupación tuya es verdaderamente encantadora.

Elke se detuvo frente a Zoilo. Sus ojos parecían atravesarlo.

—Dime... ¿cuánto vale tu vida comparada con la de Sauro?

Zoilo bajó la mirada, no pudo responder.

—Ya veo.

Elke sonrió y con un simple gesto ordenó que apartaran a Sauro.

—¡ZOE! ¡ZOILO! —gritó mientras era arrastrado—. ¡Todo saldrá bien!

Su voz se perdió en la distancia.

Cuando desapareció tras las enormes puertas, Elke volvió a dirigirse a los dos ángeles restantes.

—Matar a Sauro sería aburrido. Lo verdaderamente interesante es descubrir cuánto dolor puede soportar alguien antes de romperse.

Tomó dos espadas de un pedestal cercano.

Una fue entregada a Zoe y la otra a Zoilo.

Los demonios los soltaron mientras que las manos de Zoe temblaban.

Zoilo apenas podía respirar.

—Las reglas son sencillas —explicó Elke.

Tomó un reloj de arena y lo sostuvo ante ellos.

Los granos brillaban con un resplandor rojizo.

—Cuando caiga el último grano, solo uno de ustedes deberá seguir con vida.

El silencio se volvió insoportable.

—Y si ninguno toma una decisión...

La sonrisa de Elke se ensanchó.

—Los mataré a ambos.

Giró el reloj y la arena comenzó a caer.

Un grano, otro y otro más.

Zoe observó la espada que sostenía entre las manos.

Luego levantó la vista hacia Zoilo, las lágrimas descendían por sus mejillas.

Finalmente, tomó una de sus manos.

—Debes cuidar de Phoe.

La voz apenas fue un susurro.

—Hazlo.

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*Jountugi: Habitantes del complejo J, licántropos que fueron creados por los ángeles.

*Dambae: Habitantes del complejo D, licántropos creados por los demonios

*Exiliados: Habitantes del complejo E, humanos creados por Dios.

*Joungbae: Licántropos con descendencia Jountugi y Dambae.

*Pilares: Licántropos que fueron maldecidos con elementos naturales.




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