El amanecer apenas comenzaba a teñir el cielo cuando los seis Portadores Jountugi fueron convocados al patio principal de la mansión. Nadie había dormido demasiado.
Algunos revisaban una y otra vez los guantes que ocultaban su condición, mientras que otros permanecían en silencio, observando la enorme puerta que separaba la fortaleza del resto del complejo.
Era el día.
Después de siglos de búsqueda, ellos serían los primeros en cruzar la frontera para encontrar al Décimo Tercer Elemento.
Zahinos apareció acompañado por varios miembros de la manada y las conversaciones cesaron de inmediato.
El líder recorrió con la mirada a cada uno de los presentes antes de detenerse frente a los Portadores.
—Hoy comienza una tarea que generaciones enteras intentaron completar antes que ustedes.
Nadie apartó la vista.
—No espero que lo encuentren en un día. No espero que lo encuentren en una semana. Tal vez ni siquiera en un mes.
Los presentes intercambiaron miradas.
—Lo único que espero es que regresen cada noche con vida.
Las palabras sorprendieron incluso a Phoenix. Zahinos rara vez hablaba de aquella manera.
—La maldición nos ha acompañado desde nuestro nacimiento. Ha separado familias, destruido amistades y condenado a cada Portador que vino antes de ustedes.
Su mirada recorrió a Myron, Deo, Tymon, Leander y Dion.
—Pero también les ha dado algo que nadie más posee.
Phoenix frunció el ceño.
—La oportunidad de terminar con ella.
El silencio volvió a instalarse en el patio.
—No permitan que el miedo tome decisiones por ustedes.
Zahinos dio un paso atrás.
—Confíen en su entrenamiento.
Luego observó directamente a Phoenix.
—Y confíen entre ustedes.
Los Portadores asintieron.
Zahinos se acercó a su hijo y apoyó una mano sobre su hombro.
—Confío en ti.
Phoenix sostuvo su mirada durante unos segundos.
—No voy a fallar y no va a ser por ti.
—Asegúrate de que ninguno de ellos lo haga tampoco.
Por primera vez aquella mañana, Phoenix comprendió el verdadero peso de la misión. No solo era responsable de encontrar al Décimo Tercer Elemento, también era responsable de traerlos de regreso.
Poco después de abandonar la mansión, los seis Portadores llegaron al límite que separaba el Complejo J del Complejo E.
La abertura oculta entre los árboles seguía allí. Silenciosa, esperándolos. La diferencia era que esta vez no iban a cruzarla para observar, iban a cruzarla para buscar.
Phoenix se ajustó los guantes mientras observaba a sus compañeros.
—¿Todos recuerdan el plan?
—No usar los elementos a menos que sea estrictamente necesario —agregó Leander.
—Y evitar llamar la atención —completó Tymon.
Phoenix asintió.
—Exacto.
Myron observó la abertura.
—Suena mucho más sencillo cuando lo dices así.
—Porque lo es.
—No, no lo es.
Deo soltó una carcajada.
—Por una vez estoy de acuerdo con él.
Phoenix negó con la cabeza.
—Solo concéntrense en encontrar cualquier cosa que parezca extraña.
—Eso reduce aproximadamente a toda la ciudad —comentó Leander.
—Entonces tendremos mucho trabajo.
Los presentes intercambiaron miradas. La tensión seguía allí, pero era distinta a la del día anterior.
Ahora conocían el Complejo E, sabían cómo lucían sus calles. Habían visto a sus habitantes, habían comprobado que podían mezclarse entre ellos.
Lo difícil comenzaba ahora: encontrar a una sola persona entre miles.
Phoenix dio el primer paso hacia la abertura.
—Vamos.
Uno a uno lo siguieron.
Minutos después, los edificios del Complejo E volvieron a alzarse frente a ellos, pero esta vez nadie se detuvo a contemplarlos y es que tenían una misión que cumplir.
La ciudad ya estaba completamente despierta cuando llegaron al centro urbano. Vehículos transitaban por las avenidas, los comercios comenzaban a abrir sus puertas y cientos de personas se dirigían hacia sus trabajos o centros de estudio.
Los Portadores avanzaron entre la multitud procurando no llamar la atención.
A diferencia del día anterior, nadie se quedó observando el entorno.
Phoenix se detuvo frente al edificio de la Academia principal.
La enorme construcción se elevaba varios pisos sobre la avenida y decenas de estudiantes ingresaban por las puertas de acceso.
—Empezaremos aquí —anunció.
Tymon levantó la vista hacia el edificio.
—¿Por qué una academia?
—Porque reúne a cientos de personas todos los días.
—Miles —corrigió Leander al observar el movimiento de estudiantes.
Phoenix asintió.
—Si el Décimo Tercer Fragmento está oculto entre los humanos, es probable que se encuentre en lugares donde pueda pasar desapercibido.
Myron observó la entrada principal.
—O podríamos pasar meses revisando personas al azar.
—Probablemente.
—Qué alentador.
Phoenix ignoró el comentario.
—Nos dividiremos momentáneamente, pero nos mantendremos en las cercanías.
La sonrisa de Leander desapareció.
—No creo que sea una buena idea.
—Ayer demostraron que podían hacerlo.
Dion cruzó los brazos.
—¿Cómo serán los grupos?
—Myron y Leander vendrán conmigo. Deo, Tymon y tú revisarán los alrededores de la academia y los parques cercanos.
—Entendido —respondió Dion.
Phoenix señaló discretamente la muñeca derecha de un estudiante que pasaba junto a ellos.
—Recuerden qué estamos buscando.
Todos asintieron. La marca, el símbolo, la señal que identificaba a los Portadores y que incluso el decimo tercer elemento poseia.
—Si encuentran algo extraño, nos reuniremos en el Parque Saetón dentro de dos horas.
—¿Y si alguien encuentra al elemento? —preguntó Tymon.
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Editado: 29.06.2026