Trece: Serendipia

C A P I T U L O 4

La mañana siguiente encontró a los Elegidos reunidos en una de las salas de entrenamiento del Complejo J.

Phoenix permanecía de pie frente a ellos mientras organizaba sus ideas. Había pasado gran parte de la noche pensando en cómo acelerar la búsqueda. Recorrer la academia de forma convencional llevaría semanas y no estaban en condiciones de perder tanto tiempo.

Los presentes aguardaban en silencio.

—Tengo una idea —anunció finalmente.

Varias miradas se alzaron hacia él.

—Eso nunca empieza bien —comentó Leander.

Algunas sonrisas aparecieron entre los presentes, mientras que Phoenix decidió ignorarlo.

—La academia es demasiado grande para revisarla estudiante por estudiante. Necesitamos una forma de descartar sectores completos.

—Eso ya lo sabemos —respondió Dion—. La cuestión es cómo hacerlo.

Phoenix asintió.

—Utilizando dos Elementos.

El comentario provocó reacciones inmediatas.

—¿Dos? —preguntó Tymon.

—¿Estás hablando de combinarlos? —añadió Deo.

—Exactamente.

Leander frunció el ceño.

—Voy a asumir que no estamos a punto de provocar una catástrofe.

—Todavía no —replicó Phoenix.

La respuesta arrancó algunas risas.

Phoenix señaló a Dion.

—Tu Elemento es la clave. Cuando detienes el tiempo dentro de tu campo temporal, todo queda inmóvil, pero lo importante es que tú decides el tamaño del campo.

Dion cruzó los brazos.

—Continúa.

Phoenix dirigió la mirada hacia Myron.

—Y ahí entra él.

Myron levantó una ceja.

—¿Yo?

—Cuando Dion utiliza su Elemento, alguien debe mantener contacto con él para evitar quedar atrapado por el efecto.

—Lo recuerdo perfectamente —respondió Myron—. Casi me desmayo la primera vez.

—Entonces sabes cómo funciona.

Phoenix comenzó a caminar lentamente frente al grupo.

—Mientras yo asista a clases, Dion y Myron recorrerán la academia durante las detenciones temporales.

La sala quedó en silencio y fue Dion quien comprendió primero.

—Quieres revisar todo el edificio mientras el tiempo está detenido.

Phoenix asintió.

—Pasillos, oficinas, laboratorios, depósitos, patios, todo.

—Eso reduciría meses de búsqueda a unos pocos días —murmuró Tymon.

—Si funciona —añadió Leander.

—Funcionará.

Leander observó a Phoenix durante unos segundos.

—Te estás pareciendo cada vez más a Zahinos.

Phoenix soltó un suspiro.

—Eso no fue un cumplido.

—No, definitivamente no lo fue.

Las risas regresaron por un instante; sin embargo, la expresión de Phoenix volvió a endurecerse.

—Si el Décimo Tercer Elemento está en la academia, lo encontraremos.

La seguridad de su voz hizo que el ambiente cambiara.

Ya no sonaba como una simple posibilidad.

Sonaba como una promesa y, por primera vez desde el anuncio de Zahinos, los Portadores comenzaron a sentir que realmente estaban avanzando hacia algo.

El trayecto hasta el Complejo E transcurrió sin incidentes.

Phoenix atravesó la abertura oculta poco después del amanecer y siguió el camino que ya conocía de memoria. A esa hora las calles comenzaban a llenarse de estudiantes y trabajadores que iniciaban sus actividades cotidianas.

Todavía le resultaba extraño observar aquella normalidad. Nadie parecía preocuparse por profecías, nadie cargaba con una maldición, nadie vivía esperando encontrar un Elemento capaz de cambiar el destino de tres mundos. Simplemente vivían.

Al llegar a la academia, se detuvo unos instantes a observarla. Era uno de los edificios más grandes de la ciudad. La estructura principal se elevaba varios pisos sobre amplios jardines cuidadosamente mantenidos. Grandes ventanales reflejaban la luz de la mañana y varias pasarelas conectaban las distintas alas del complejo educativo. Decenas de estudiantes transitaban entre los edificios cargando libros, conversando o apresurándose para no llegar tarde a clases.

Todo parecía vivo, muy diferente a las instalaciones austeras y funcionales del Complejo J.

Phoenix observó el movimiento durante unos segundos. Aquello no parecía una academia, parecía una pequeña ciudad.

Respiró hondo y atravesó la entrada principal. El interior era igual de impresionante. Amplios corredores recorrían el edificio en todas direcciones, mientras enormes escalinatas conectaban los distintos niveles. Murales científicos decoraban algunas paredes y carteles informativos colgaban junto a las aulas.

Por un momento comprendió por qué encontrar al Décimo Tercer Elemento allí sería tan complicado. Miles de personas, cientos de aulas y una sola marca que encontrar.

Minutos después se encontraba en un aula repleta de estudiantes.

—Mi nombre es Phoenix.

El profesor asintió.

—Se ha incorporado recientemente a la carrera, así que espero que lo ayuden a ponerse al día.

Varias miradas se dirigieron hacia Phoenix. No era extraño que un nuevo estudiante se incorporara durante el año, pero aun así algunos parecían curiosos. Unos pocos intercambiaron comentarios en voz baja, mientras que otros simplemente volvieron a lo que estaban haciendo.

Para ellos, Phoenix no era más que otro alumno recién llegado, pero para Phoenix, en cambio, aquella sala estaba llena de posibles respuestas.

El profesor dejó unos documentos sobre su escritorio y recorrió el aula con la mirada.

—Bien, trabajarán en parejas para realizar un resumen sobre el metabolismo celular y los procesos de síntesis.

Algunos estudiantes comenzaron a mover sus sillas, mientras que otros ya tenían compañero.

Phoenix permaneció sentado observando la escena. Todavía no conocía a nadie.

—Señorita Dalaras —llamó el profesor—. Le agradecería que ayudara a nuestro nuevo estudiante a ponerse al día.

Una joven situada junto a una de las ventanas levantó la vista de sus apuntes.

—Claro, profesor.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.