Tyr sonrió con tranquilidad, una tranquilidad irritante.
—¿Estás seguro de querer hacer esto?
Los dos grupos permanecían frente a frente. Nadie se movía, pero solo bastaba un solo ataque para que todo estallara.
Phoenix fue el primero; ni siquiera necesitó de tiempo para pensarlo. Una esfera de fuego salió despedida de su mano, pero antes de alcanzar a Tyr, una gruesa pared de hielo emergió frente a él. El impacto se desvaneció entre vapor mientras que Theo bajaba lentamente las manos.
—Eso responde mi pregunta —dijo Tyr.
No espero más y, con un movimiento de su mano, los bancos, farolas y carteles del patio de la academia comenzaron a elevarse. Al mismo tiempo, el cielo perdía su color; gruesas nubes oscuras cubrieron la Academia mientras que Linus hacía retumbar los primeros truenos. En respuesta, Janus elevó ambas manos y el agua contenida en las nubes comenzó a centrarse en ellos, formando una enorme masa suspendida en el aire.
Phoenix comprendió el peligro al instante.
—¡Myron, detén a Janus ahora!
Y en un abrir y cerrar de ojos, Myron desapareció. Un segundo después ya estaba frente al portador del agua y lo obligó a interrumpir su concentración antes de que la lluvia pudiera convertirse en una inundación. Phoenix aprovechó el momento para rodear a los Dambaes con un muro de fuego, pero apenas apareció, Theo volvió a intervenir.
El hielo avanzó sobre las llamas mientras Janus recuperaba el control del agua; sin embargo, la lluvia comenzó a caer. Las gotas apagaban cualquier señal de fuego apenas nacía. Un suspiro de molestia se escapó de los labios de Phoenix; con aquel clima, su elemento había quedado prácticamente inutilizado.
No tuvo más opción que enfrentarse a él sin su elemento, y así lo hizo; se dirigió hacia Tyr mientras su mirada se concentraba en él. A su alrededor, el enfrentamiento se había vuelto caótico.
Tymon mantenía decenas de objetos inmóviles en el aire que Tyr intentaba lanzar sobre ellos. Leander liberó un intenso destello de luz cegante que obligó a Theo a cubrirse el rostro en complicidad con Deo, quien no desperdició oportunidad y de un solo golpe lo envió contra el muro que rodeaba la academia.
Tyr sonrió con diversión y fue entonces cuando su mirada se centró en un vehículo estacionado. Comenzó a elevarlo con lentitud al observar a Phoenix, quien levantó la vista al comprender la situación.
—¿De verdad vas a dejarlo caer sobre mí?
—Pruebame.
El vehículo descendió de golpe, pero se detuvo a pocos metros del suelo. Quedó suspendido unos segundos y luego salió despedido hacia Tyr, quien apenas alcanzó a reaccionar, por lo que Phoenix, con su velocidad licántropa característica, corrió hacia él y lo empujó a metros de ellos. El vehículo se estrelló detrás de ambos con un estruendo; Tyr observó los restos del automóvil con desconcierto.
—Sigues siendo el mismo. —Esbozó con una sonrisa de lado.
Phoenix dio un paso hacia él.
—La próxima no voy a apartarte.
Y esta vez, Tyr sonrió con ironía.
—Claro que lo harás, no eres como nosotros.
—Como nosotros —repitió Phoenix con una sonrisa de disgusto—. Realmente creí que serías diferente a tu padre.
Phoenix sostuvo su mirada; aunque Tyr tenía razón, todo rastro de afecto que sentía hacia él se había desvanecido en cuestión de segundos.
—Esto termina aquí.
—Por hoy.
Pero ambos sabían que aquello no había hecho más que empezar.
El silencio regresó poco a poco a la academia, mientras que los demás comenzaban a reparar los destrozos para que nadie sospechara lo ocurrido; Phoenix se dirigió hacia los vestuarios.
La lluvia había empapado por completo su uniforme y el roce del vehículo le había dejado un corte en la espalda que comenzaba a arder. Se deshizo de la prenda superior del uniforme, sintiendo un frío recorrer la herida. Con la palma de su mano recorrió cada rincón de la prenda a la vez que unas ondas de calor que brotaban de ella evaporaban todo rastro de líquido, secándola por completo. Apenas finalizó de secar la prenda, escuchó unos pasos detrás de él.
—Sabía que te encontraría aquí.
Phoenix reconoció la voz incluso sin darse vuelta.
—Polux.
El joven se acercó con una expresión serena; a diferencia del resto de los Dambaes, Polux siempre se había mantenido al margen de los enfrentamientos. Portador del elemento de la convalencia, Polux es un joven de complexión delgada, cabello negro ligeramente ondulado y ojos castaños de mirada serena. Sus facciones delicadas y expresión tranquila reflejan la bondad que lo caracteriza, una luz de esperanza en el bando adversario.
—Déjame curarla.
Phoenix negó con la cabeza; sabía que el simple hecho de estar en la misma habitación le causaría problemas.
—No hace falta, es solo un rasguño.
—Precisamente por eso, tardaré menos en sanarla que tú en seguir negándote.
Phoenix dejó escapar una leve sonrisa.
—Sigues siendo igual.
—Y tú igual de terco.
Polux levantó levemente la mano en dirección a la herida.
—¿Puedo?
Tras unos segundos de silencio, Phoenix terminó por asentir. La palma de Polux se apoyó sobre la herida y la marca de su muñeca emitió un tenue resplandor que recorrió lentamente el corte y el dolor desapareció casi al instante. La piel comenzó a regenerarse frente a sus ojos hasta que no quedo rastros alguno de la lesion.
Phoenix rozó el lugar en donde había estado la herida; aunque ya conocía el poder del elemento, aquel poder continuaba sorprendiéndolo.
—Nunca deja de impresionarme.
Polux retiró la mano.
—Ojalá pudiera usarlo para algo más que reparar heridas.
Phoenix tomó la prenda completamente seca y se volvió a vestir con ella.
—Puedes hacerlo.
Polux bajó la mirada.
—¿Crees que no sé que estoy en la facción equivocada?
—Entonces ven con nosotros.
Solía hacerle aquella petición con cierta ironía, pero esta vez no podía ser más serio al respecto.
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Editado: 08.07.2026