15 de noviembre de 2018
Estoy que me muero de emoción.
Incluso cuando llegué de la preparatoria y me senté a cenar, me dolía el estómago de los nervios… pero de los bonitos.
Cuando salimos del laboratorio de química, Arleth y yo fuimos a sentarnos en unas bancas cerca del edificio de la biblioteca. Ahí nos encontramos a Alonso y a Luis, el mejor amigo de Alonso.
Lo genial fue que nos pusimos a hablar de cualquier cosa, y Alonso, otra vez, estaba mirándome… me veía con interés. Y yo estaba tan emocionada que ni sabía cómo sentarme bien o pararme.
Pero lo mejor de todo pasó después.
Arleth se levantó de la banca porque Luis le enseñó algo en su celular. Y entonces Alonso se sentó a mi lado. Sentí como si mi corazón se fuera a salir de mi pecho. Me puse súper tensa por tenerlo tan cerca.
Bajé mi mano hacia el asiento del banco, y Alonso también bajó la suya.
Nos tocamos las manos.
Fue tan tierno, tan romántico. Sentí cómo me rozó los dedos y luego me los apretó con suavidad. Yo me levanté de inmediato, porque me dio muchísimos nervios. No sabía qué hacer.
Él solo me miró y me sonrió. Me dedicó esa sonrisa cómplice y divertida por ver cómo había reaccionado.
Creo que Arleth no se dio cuenta… o eso espero.
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Editado: 02.03.2026