Tres años para romper el silencio.

Capitulo 6

24 de noviembre de 2018

No sé muy bien cómo sentirme hoy. Fue un día común… supongo. Estuvo lloviendo, los maestros estaban insoportables y yo no tenía ánimos de nada. Tal vez fue el estrés por las calificaciones finales, los proyectos que hay que entregar y todas esas cosas que me hacen doler la cabeza.

Pero, sobre todo, hoy me siento avergonzada.
Peor que eso, me siento como una idiota.

Quedé mal frente a Alonso.

Todo iba tranquilo. Arleth y yo salíamos de un examen difícil de inglés. No se me da bien pronunciar el idioma, y era uno de esos exámenes de speaking que la profesora nos hace. Sinceramente, creo que me fue muy mal.

Al salir del salón, Arleth quiso ir al baño y la acompañé, como ya es costumbre entre nosotras. La esperé unos minutos y luego salió a acomodarse el cabello frente al espejo. Ella casi nunca se maquilla; solo se alisa el cabello con un poco de agua. Cuando terminó, salimos del baño… pero yo salí primero.

Y no sé cómo pasó.

Alonso estaba justo afuera de la puerta. Quería sorprender a Arleth llevando un licuado de fresa. Yo choco con él. Pero choqué de la forma más estúpida posible. El licuado se salpicó por todos lados: manchó su camisa azul de cuadros, mi chamarra beige se ensució de la gorra, y terminó la mayor parte del licuado derramado en el suelo.

Sentí cómo la cara se me ponía roja. Estaba muerta de vergüenza.

Pero, para mi sorpresa, él solo se rió y me dijo: “No pasa nada, no te preocupes. Fue un accidente”.

Y no sé por qué, pero esas palabras me tranquilizaron. Se limpió con cuidado con un pañuelo que le había dado Arleth.

Arleth se quejó por el líquido derramado, y Alonso le dijo que le invitaba otro licuado. Eso la alegró tanto que lo tomó del brazo y se fue con él hacia la cafetería. Arleth me dejó atrás.

Alonso se giró para verme, como esperando que los siguiera. Pero no lo hice. Todavía me sentía avergonzada y necesitaba limpiar mi chamarra. Solo les dije que nos veíamos luego, me despedí sonriéndoles y regresé al baño.

Podría jurar que él seguía mirándome, como si esperara que yo fuera con ellos. Pero no lo hice. Sé que Arleth quería un momento a solas con Alonso, y no iba a ser un mal tercio. Mucho menos después de la tontería que causé con el licuado.




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