Tres años para romper el silencio.

Capitulo 8

16 de diciembre de 2018

Por Dios… me siento sumamente feliz. Emocionada. Tengo esas mariposas en el vientre que no me dejan estar quieta.

Hoy fue la presentación de nuestro proyecto de la carrera. Teníamos que organizar un evento en el auditorio de la escuela, y todos debíamos ir formales. Era la primera vez que usaba un vestido negro, elegante, de esos que te hacen sentir diferente.

Cuando llegué a la escuela, por suerte no había mucho que hacer. Solo esperar a los padres y compañeros que entrarían a ver la presentación. Me quedé en la entrada del auditorio con Arleth, que se veía espectacular con su vestido. Me contó que había invitado a Alonso y su mejor amigo a ver el proyecto.

Me puse nerviosa… muy nerviosa.
¿Me vería bonita? ¿Le gustaría cómo me veía?
No lo sabía, pero estaba emocionada.

Y entonces todo se vino abajo.

Del otro lado del auditorio, cerca de unas bancas donde descansaba un grupo de la carrera de Sistemas, lo vi. Ahí estaba mi exnovio. El mismo que me lastimó horrible hace un año y medio. Estaba sentado con la chica con la que me engañó. Verlos juntos me apretó el pecho. Sentí ganas de llorar de inmediato. Recordé la traición, el engaño, lo mal que me sentí en ese momento.

Estaba tan concentrada en mi dolor que ni siquiera me di cuenta de que Alonso y su mejor amigo llegaron… hasta que Alonso me tocó el hombro para saludarme.

Me vio. Vio mis ojos llenos de lágrimas. Lo notó perfectamente.

Y entonces se ríe

Soltó una carcajada que me atravesó. No entendí por qué. Cuando Arleth le explicó que yo estaba así por mi exnovio, que me engañó y que no sabía por qué aún me dolía alguien como él… Alonso se burló. Me señaló con el dedo, como si fuera gracioso, y sentí cómo mis ojos se llenaban todavía más de lágrimas.

¿Por qué se burlaba así de mí?

Y para colmo… yo todavía no me había puesto los zapatos del vestido. Llevaba unos tenis simples y viejos porque no quería que me dolieran los pies antes de tiempo. Alonso los miró y volvió a reírse.

“¿Y esos zapatos?” me dijo entre risas. “Pareces una niña jugando a vestirse como una mujer.”

Eso me terminó de romper.

Creo que esperaba que me riera con él, que lo tomara como broma. Pero no lo hice. Me dolió demasiado. Me alejé. Me di la vuelta llorando, avergonzada, con gente alrededor: padres de familia, compañeros, profesoras.

Entré al auditorio, que todavía estaba vacío, y me senté en una de las sillas. Me puse a llorar.

Tal vez estaba exagerando… pero de verdad me dolió. Fue un golpe tras otro. Un cúmulo de emociones horribles en solo unos segundos.

Entonces sentí una mano en mi hombro.

Pensé que era Arleth, pero era Alonso.

Se veía diferente. Arrepentido. Tal vez incómodo y avergonzado.
Se paró frente a mí y me dijo en voz baja:
“Lo siento mucho… no quería hacerte llorar así. Fue una estupidez de mi parte. Perdóname.”

No sé qué sentí en ese momento. Algo se movió en mi pecho. Él se estaba disculpando conmigo.
¿Le importaba tanto como para venir a buscarme?

Para mi sorpresa, se acercó y me abrazó.

Un abrazo real. Cálido. De esos que te hacen sentir segura por un momento.

Y yo… me sentí feliz.

No importaba lo que había dicho antes.
Lo importante era esto.
Su arrepentimiento.
Y su abrazo.




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