23 de febrero de 2019
Estoy preocupada.
Estuve hablando con Alonso con normalidad, todo estaba tranquilo, como siempre. Pero de repente dejó de contestar por casi tres horas. Intenté no pensar mal, pero no pude evitar sentirme inquieta. Me pregunté internamente si lo había aburrido, pero traté de despejar mi mente mirando la televisión con mi mamá.
Cuando por fin respondió, me envió un audio. Fui discreta al escucharlo con mis audífonos puestos, pero en el audio se escuchaban gritos. Gritos muy fuertes. Alonso estaba peleando con su papá. Se decían groserías, maldiciones, se gritaban con mucha agresividad. Jamás lo había escuchado así. Nunca. No entendí bien el motivo de la pelea, solo entendí que Alonso estaba defendiendo a su mamá. Aun así, esos gritos se me quedaron resonando en la cabeza y me dieron escalofríos.
Incluso me dolió el estómago. Jamás había escuchado una discusión tan intensa. En mi familia no se habla así. Realmente me asusté y me preocupé por él.
Después de eso, Alonso me llamó. Tardé en contestar porque subí a mi habitación; mi mamá solo me miró extrañada de haberme escabullido así de la nada.
Alonso me dijo que estaba en la calle, que no quería regresar a su casa y que probablemente pasaría la noche ahí, en algún terreno baldío.
Escucharlo decir esto hizo que el dolor en mi estómago fuera intenso y mi pecho se oprimiera. ¿Cómo iba a dormir en la calle? Hacía frío. Era peligroso. Era una locura.
Le expresé mi preocupación, quise hacerlo entrar en razón, pero él respondió que no era la primera vez que hacía esto, que dormía en la calle cuando sus padres peleaban. Dijo que sabía cuidarse solo.
Y luego aumentó mi preocupación cuando me dijo: "No te preocupes por mí si estoy muerto para mañana. Siempre es lo mismo, siempre me golpea y siempre quiero defender a mi mamá. Nunca a nadie le importó."
Palabras que no pude borrar de mi cabeza... Él colgó la llamada y me envió una foto.
Estaba caminando solo por la calle. Tenía la mejilla izquierda hinchada y con un moretón. Su papá lo había golpeado.
Pensar que su propio padre le había hecho eso... no podía sacarlo de mi cabeza. No aguanté y, de la angustia, lloré. Fue un llanto demasiado fuerte. Mi mamá se dio cuenta de que algo no estaba bien y le conté lo que pasaba. Pero no había nada que pudiera hacer. No podía traer a Alonso a casa a esa hora, no tenía permiso, no había transporte. Mis papás son muy estrictos; necesitan conocer a mis amigos antes de dejarlos entrar. Y además... Alonso y yo aún no somos nada. Estamos en algo que no sé cómo llamar.
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Editado: 21.03.2026