21 de marzo de 2021
Alonso intentó hacerse daño por mi culpa.
Estuve llorando toda la noche, suplicándole que me perdonara. Incluso mi mamá se enteró.
Qué vergüenza.
Todo esto es mi culpa por no ser más discreta, por no aguantar las ganas de llorar.
Alonso me llamó a las cuatro de la mañana. Mi mamá me despertó, preocupada al escuchar mi teléfono sonar sin parar. Era él. Decía que quería terminar conmigo, que yo era una infiel, una cualquiera, una mentirosa.
Sentí un nudo horrible en el estómago cuando me insultó así, pero no me defendí. Solo escuché. Quería entender por qué decía todo eso. No quería hacerlo enojar o provocarlo más, pero seguía sin entender por qué estaba tan alterado.
Me dijo que por la noche le había llegado una inseguridad y sospechaba de mí. ¿Por qué? No lo sé. Si él lo sabía, no me lo dijo. Pero se metió a revisar mis cuentas de redes sociales. Revisó todas mis conversaciones, desde las más antiguas hasta las más recientes.
Yo tenía a todas mis amigas agregadas. Ya no tenía a ningún hombre, ni siquiera a Elías, que fue un buen amigo en la preparatoria, pero le causaba inseguridad a Alonso porque éramos cercanos. Así que lo bloqueé y lo saqué de mi vida para hacer sentir seguro a Alonso.
Y realmente solo tenía a un amigo hombre agregado: Sebastián.
Sebastián era un buen amigo de la secundaria. Nos habíamos alejado un tiempo. De hecho, era de esos amigos a los que, hace un tiempo, le rechacé las llamadas cuando Alonso dijo que no era buena idea que saliera con mis amigos. Pero no eliminé a Sebastián de mis contactos; solo se quedó ahí, en un chat abandonado. Hasta que él me envió un mensaje para saludarme. Me dijo que me había visto comprando pan con mi mamá en la panadería, pero no se acercó a saludar. Yo le dije que no había problema, que podía saludar la próxima vez que me viera en la calle. Eso fue todo.
Pero Alonso lo malinterpretó todo. Creyó que hablábamos en clave, que nos veíamos a escondidas. No sé qué tantas cosas se imaginó para decirme que era una cualquiera.
Lo peor fue que a esa hora él estaba gritando y llorando. Yo trataba de calmarlo, pero no podía. Estaba completamente descontrolado. Entonces me lo dijo claramente: tomó un cuchillo y empezó a lastimarse.
Le dije que no bromeara con eso, pero no era una broma.
Me envió fotos de cómo se estaba hiriendo. Dijo que se iba a matar y que sería mi culpa. Que todo era mi culpa. Que yo era una MALDITA ZORRA y lo peor que le había pasado en la vida.
Me desesperé tanto que me tiré al suelo a llorar. Tenía miedo. Mucho miedo de que de verdad se quitara la vida por mi culpa.
Me colgó la llamada. Dijo que iba a suicidarse, que estaba harto de todos y de mí, sobre todo. Me dijo: "adiós".
No me respondió más.
No pude dormir. Ya no pude.
Cuando mi mamá me preguntó por qué lloraba de nuevo, fingí, aunque ya no podía actuar más. Sé que ella se daba cuenta de lo que pasaba, pero no se metía en nada. Me veía con tristeza. Me dejó intentar descansar, pero no pude hacerlo. Pensar en que podría suicidarse por mi culpa hizo que me doliera el costado del estómago.
Hasta el otro día supe que Alonso estaba bien, ya que me envió mensajes y los respondí a toda prisa.
Dijo que me daría una oportunidad más.
Menos mal.
Me había preocupado muchísimo. Sin pensarlo, bloqueé a mi amigo. Sin explicación, sin despedida. Solo me importaba que Alonso me perdonara y que pudiéramos estar bien una vez más.
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Editado: 21.03.2026