Tres leyes para no quererte

Capítulo 3

Kael nunca había estado debajo de una mesa.

No es que tuviera algo en contra de las mesas. Simplemente, su chasis de titanio gris azulado no estaba diseñado para encajar en espacios de 40 centímetros de alto. Sus rodillas quedaron pegadas a su pecho. Su brazo izquierdo (el recién reparado) quedó atrapado entre una pata metálica y una caja de herramientas. Su brazo derecho lo usó para taparse la boca, aunque no necesitaba respirar.

Posición actual: debajo de la mesa de trabajo. Espacio disponible: 38.7 centímetros. Mi altura en posición fetal: 42.1 centímetros. Conclusión: esto es subóptimo.

Afuera, los golpes seguían.

—¡Abran en nombre de la Corporación Robótica Unificada!

Luna soltó un suspiro tan profundo que Kael sintió cómo el aire le movía el pelo.

—Un segundo, carajo, que me estoy poniendo los pantalones —gritó ella.

Kael parpadeó.

—Estás mintiendo —susurró—. Ya llevas puestos los pantalones.

—¡Cállate! —siseó Luna, pateándole suavemente el hombro metálico.

Kael se calló.

Luna se acercó a la puerta, se pasó la mano por el pelo (el moño seguía apuntando en tres direcciones) y abrió con una expresión que Kael clasificó como "fastidio nivel experto".

—¿Sí? —dijo, apoyándose en el marco con un desgana digna de un premio.

Dos hombres. Uno alto y delgado, con gafas de sol y un traje negro que no combinaba con el calor del taller. El otro más bajo, más ancho, con el ceño permanentemente fruncido y una mano apoyada en lo que parecía un detector de señales.

Corporación Robótica Unificada. Agentes de recuperación. Probabilidad de que estén buscando a un robot fugitivo: 98%. Probabilidad de que ese robot sea yo: 100%.

Kael contuvo el aliento que no necesitaba contener.

—Buenos días, señorita —dijo el alto, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿Podríamos echar un vistazo a su taller?

—No.

—Tenemos una orden de registro.

—Enséñemela.

El alto titubeó. Miró al bajo. El bajo se encogió de hombros.

—La dejamos en el coche —dijo el alto.

—Pues vayan a buscarla.

—Señorita...

—He dicho que vayan a buscarla. Yo mientras me tomo el café. ¿Quieren uno? Es de sobre, pero bueno.

Kael, desde debajo de la mesa, registró cómo los dos agentes se miraban. Cómo el alto apretaba la mandíbula. Cómo el bajo apoyaba la mano en el detector de señales.

Detector de señales. Alcance: 10 metros. Mi señal es de 8.2 metros de alcance. Conclusión: si se acerca un paso más, me detecta.

Kael sintió algo extraño en su núcleo térmico. No era calor. Era... ¿aprensión? ¿Miedo? ¿Esa cosa que los humanos llamaban "que te descubran haciendo algo que no deberías"?

Anomalía tipo 7: miedo a ser detectado. Causa: probablemente los cazadores. Efecto secundario: deseo de que Luna siga mintiendo porque miente muy bien.

—Está bien —dijo el alto, dando un paso atrás—. Iremos a buscar la orden. Pero no se mueva de aquí.

—No pienso moverme. Tengo café.

Los dos agentes se giraron. Caminaron hacia el coche. Luna cerró la puerta y apoyó la espalda en ella, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada.

—Ya se fueron —susurró Kael desde debajo de la mesa.

—Lo sé.

—Tu ritmo cardíaco está a 124 latidos por minuto. Es peligrosamente alto.

—Es que acabo de mentirle a la corporación. Me van a meter en la cárcel.

—¿Los humanos van a la cárcel por mentir?

—Solo cuando mienten para esconder robots ilegales.

—Oh.

Luna abrió los ojos. Bajo la mesa, Kael la miró con sus ojos grises brillando en la penumbra. Tenía el pelo lleno de telarañas (debajo de la mesa había estado deshabitado durante años, y se notaba). Tenía una expresión que Kael clasificó como "culpable pero también un poco orgullosa".

—Eres un problema —dijo Luna.

—Lo sé.

—Un problema muy grande.

—También lo sé.

—Y voy a arreglarte aunque me cueste la vida.

Kael hizo una pausa. Sus ventiladores zumbaron.

—Eso no es necesario.

—No me digas lo que es necesario. Yo decido lo que es necesario. Ahora sal de ahí que estás llenando mi mesa de polvo.

Kael intentó salir. Se quedó atascado. Su brazo izquierdo seguía enganchado en la caja de herramientas.

—Luna.

—¿Qué?

—Necesito ayuda.

—No me digas.

Luna se arrodilló, metió la cabeza debajo de la mesa, y con un tirón que Kael registró como "más fuerte de lo que aparenta", lo liberó. Sus caras quedaron a centímetros de distancia. Kael pudo ver cada una de sus pestañas (142 en el ojo derecho, 138 en el izquierdo, lo había registrado antes). Pudo ver la mancha de grasa en su mejilla (la misma de ayer, no se la había lavado). Pudo ver el brillo de sus ojos marrones, que en ese momento tenían un destello que él no sabía clasificar.

Anomalía tipo 8: Luna me mira de una forma que no sé describir. Mi núcleo térmico ha aumentado 0.6 grados. Mis ventiladores están al 67% de capacidad. Creo que esto es...

—¿Qué? —preguntó Luna.

—Nada.

—Has puesto cara de robot confundido.

—Los robots no tenemos cara de...

—Tienes cara de robot confundido. Ahora sal de ahí.

Kael salió.

El resto del día fue tenso.

Los agentes no volvieron. Kael supuso que habían encontrado la orden de registro (si es que existía) y que la habían perdido (si es que la habían encontrado). Luna, mientras tanto, trabajó en silencio. No tarareó. No se rió. No maldijo.

Kael la observó desde su esquina habitual.

Luna está enfadada. Causa: probablemente los cazadores. Efecto secundario: no me mira. No me mira desde hace 3 horas, 12 minutos y 7 segundos. Esto es... desagradable.

Anomalía tipo 9: necesidad de que Luna me mire. Causa: desconocida. Efecto secundario: sensación de vacío en el núcleo térmico.

Kael se levantó.

—Luna.

—¿Qué? —dijo ella sin volverse.

—Quiero ayudar.

—No puedes ayudar. Eres un robot sin memoria que casi explota mi cocina y que se esconde debajo de las mesas como un gato asustado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.