Tres veces nosotros

Capítulo 15 – Lo que el verano nos devuelve

Me quedé quieta y no sé cuánto tiempo pasó desde que dijo esas palabras hasta que mi cerebro empezó a reaccionar, pero mi cuerpo se adelantó a cualquier pensamiento.

—No quiero despedirme.

Podría haber respondido algo ingenioso, una broma para quitar hierro al asunto, un “yo tampoco” en tono ligero, pero no me salió nada.

Solo lo miré y él me miró a mí. Sentí como el corazón me golpeaba el pecho, fuerte, rápido, como si también se hubiera girado a la vez hacia él.

Julien dio un paso, yo di otro, y no sabría decir quién se acercó antes, ni quién decidió acortar la distancia, ni si hubo un momento exacto en el que todo cambió. Solo sé que, de repente, sus manos estaban en mi cintura y las mías, en su pecho.

Y que nos besamos. No fue un beso suave de reencuentro cordial, ni uno de esos tímidos de “qué raro verte después de tanto tiempo”, fue un beso que llevaba cuatro años esperando.

Al principio fue lento, como si nos estuviéramos probando, comprobando si de verdad seguíamos siendo los mismos, si todavía recordábamos cómo encajábamos. Luego dejamos de tener miedo.

Me apreté contra él sin pensarlo, su boca se abrió camino a la mía con esa mezcla de cuidado y necesidad que siempre tuvo. Sus dedos se clavaron un poco más en mi cintura, acercándome, casi como si temiera que fuera a desaparecer si me soltaba.

Y yo… yo me deshice. No fue solo por el beso, era por todo lo que venía detrás: los años sin él, las veces que dije “ya está superado”, las noches en las que su nombre aparcía en mi cabeza sin permiso. Todo eso se rompió en ese instante, como si nunca hubiera aprendido a soltarlo de verdad.

Mis manos subieron a su cuello, sentí su piel caliente, su barba rozándome los dedos, su respiración acelerándose contra mi mejilla cuando hicimos una pequeña pausa para coger aire y volvimos a encontrarnos.

Ese beso era todo lo que no nos habíamos atrevido a decir durante el día. Era perdón, era “te he echado de menos”, era “me sigues importando”.

Y, sí, también era deseo, pero no un deseo nuevo. Era el mismo de antes, solo que ahora venía acompañado de todo lo que sabíamos que se sentía al perdernos, y eso lo hacía más peligroso.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había tenido tan cerca, que lo había sentido tan mío, que tuve miedo de despertarme en medio de la escena y descubrir que todo había sido un sueño raro patrocinado por el verano y el vino de la cena.

Pero no, estaba allí, y vaya si estaba allí.

Me besaba con la misma intensidad con la que lo recordaba, pero también, con algo nuevo. Como si el tiempo le hubiera añadido una capa de calma… y otra de urgencia, con más experiencia, sabía exactamente cómo tocarme sin prisa, pero también sin duda.

Nos separamos un segundo, solo para respirar. Su frente se apoyó en la mía, sus manos seguían en mi cintura.

—Lo siento —susurró, sin apartarse— tenía que hacerlo.

Reí muy bajito, casi sin respiración.

—No lo sientas.

Volvió a besarme, y esta vez ya no hubo nada de duda.

Nos fuimos moviendo casi sin darnos cuenta, alejándonos un poco del paseo, buscando un rincón más tranquilo. Terminamos en una zona de la playa donde apenas había gente, solo el rumor del mar y las luces lejanas del puerto.

Mis pies se hundían en la arena húmeda mientras sus manos me sostenían, mientras mi cuerpo se pegaba al suyo. Sentía el calor de su pecho contra el mío, sus brazos rodeándome (unos brazos más fuertes de lo que recordaba), mis dedos enredándose en su camiseta.

Era como reencontrar un idioma que creías haber olvidado pero que tu boca sigue recordándolo. Y yo lo hablaba de forma instintiva, sin necesitar traducción.

Durante un rato no existió nada más, ni el pasado, ni el futuro, ni lo que vendría después. Solo ese momento, ese beso, ese nuevo Julien.

Cuando la respiración empezó a recuperar un poco de ritmo, nos dejamos caer en la arena, sentados, con las piernas cruzadas, las rodillas rozándose.

Yo tenía el pelo revuelto y la cara calentísima. Él sonreía como si también estuviera procesando qué acababa de pasar, como si estuviera tan sorprendido como yo de lo rápido que había ardido la chispa.

—Esto no estaba en mis planes para hoy —dije, intentando sonar graciosa pero fallando un poco.

—En los míos tampoco —contestó, mirándome serio, aunque sus ojos brillaban— pero no me arrepiento.

Bajé la mirada hacia la arena, jugueteé con un puñado entre los dedos.

—Pensé que… no sé —empecé— que cuando nos viéramos todo sería diferente… más calmado.

—¿Calmado?

Lo miré.

—No lo sé.

Se rió, con esa risa corta que parece salirle desde dentro.

—Yo también pensaba que habría pasado página —admitió— que te recordaría con cariño, como una etapa bonita en mi vida, y ya está.

—¿Y?

—Y estás aquí —dijo, encogiéndose de hombros— y por más que busco por dentro, no encuentro esa página que se supone que he pasado.

Tragué saliva. El pecho se me apretaba, como si no hubiera suficiente espacio para todo lo que quería decir.

—Yo… —empecé, pero no me salían las palabras.

No sabía cómo decirle que había salido con chicos, que había intentado sentir “algo parecido”, que me había convencido de que lo nuestro había sido una historia bonita de juventud, que había aprendido a hablar de él como “una etapa”. Y que todo eso, con un solo beso, acababa de tambalearse.

—He pensado mucho en ti estos años —dijo él, bajando un poco la voz— más de lo que me gustaría admitir.

Lo miré, intentando que no se me notara demasiado la sorpresa.

—¿Sí?

—Si —asintió— a veces te veía en redes… y quería escribirte, pero no sabía qué decir. Ni quién era yo para aparecer después de tanto tiempo.

—Eras Julien —susurré.

—Y lo sigues siendo —añadí, casi sin darme cuenta.

Él sonrió de lado.

—Y tú… sigues siendo tú.

Nos miramos, y por un segundo sentí que tenía dieciocho años otra vez, con el estómago lleno de nervios y algo parecido a la magia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.