Adoro mi departamento. Es la cúspide de todo lo que siempre quise de niña. Un espacio dedicado solo a mí, con una cama enorme, una cocina bien surtida con las cosas que yo disfruto y una televisión donde el rostro de los galanes de mis series se ven en alta definición. Y sus abdominales también.
Costó una eternidad llegar a este nivel de vida. Trabajo tras trabajo. Estudio tras estudio. Noches de insomnio y días sin comer. Pero heme aquí. En la cima de uno de los edificios más caros de la ciudad, con la mejor compañía posible.
Mi felina de cuatro patas marrones y cuerpo blanco se acerca a mí ni bien entro por la puerta con mis valijas.
—Mi hermosa princesa, ¿cómo has estado?
Ella solo maúlla mientras la alzo en brazos. Es tan suave y mullida que dan ganas de dormir sobre ella si fuera lo suficientemente grande. Y huele a fresas silvestres.
—¿Le hiciste la vida miserable a Fiona? Ay, yo sé que si. Muy bien hecho.
Esta gata llegó a mi vida por accidente, y se quedó por necesidad. En uno de mis viajes, la encontré en un callejón abandonado recién nacida. Tenía hambre, estaba sucia y parecía una rata medio muerta. Mi frío corazón no lo es tanto cuando se trata de los animales, así que la tomé con cuidado y visitamos el primer veterinario que pude encontrar.
Mi estancia en esa ciudad se extendió más de la cuenta, pero esperé pacientemente a que fuera seguro viajar con ella. Llené mi Pinterest de cosas para gatos y compré más de la cuenta. Más cuando llegamos a casa, ella tendría todo lo que la haría feliz.
De cierta forma, yo la salvé tal y como hubiera querido ser salvada. Con amor, paciencia y comprensión.
Todas cualidades por las que destaca mi familia. Solo que no conmigo.
La llamé Juana, en homenaje a Juana de Arco. Y también porque incluso antes de cumplir su primer año, ya todos podían ver que estaba loca como una cabra. Solía treparse a las cortinas con esmero y dejarse caer, a veces en el sillón, otras de cara al piso. He perdido muchos calcetines en aras de que ella descubra sus pequeñas garritas peleando con la tela. Y una vez casi se traga una caja de cartón.
Si… una gata loca es justo la clase de compañía que una mujer como yo necesita.
Me dirijo a la cocina aún con Juana en brazos. Ella ronronea contra mi pecho mientras yo reviso mi despensa y los gabinetes. Ni en la heladera puedo encontrar algo que me llene el estómago.
—Si no tengo nada para comer, deberás compartir tu plato, cariño.
Juana deja ver su descontento maullando y saltando de mi agarre para terminar lo que queda en su plato.
Tan dramática como su madre. Por eso la amo.
No importa. Si Fiona hizo lo que le pedí, mi mejor amiga tendrá algo con lo que alimentarme cuando la visite.
Y hablando del diablo, es ella quien me envía un mensaje, al tiempo que llevo mis valijas a la habitación para guardar la ropa. Porque si, soy un desastre cuando viajo, pero en casa las cosas se guardan donde van. De otra forma nunca podría encontrar nada, me conozco.
ROBIN: ¿Tan bajo hemos caído que tu asistente debe llamarme para que nos veamos?
Ella odia que Fiona organice nuestras reuniones. Dice que tener asistente es solo para el trabajo y no para la vida diaria, lo cual comparto, hasta cierto punto. Pero Fiona también es una buena amiga, ella misma se ofrece a hacer mi vida más fácil. Sin mencionar que Robin tiene a su empleada trayendo mi comida cuando ella no quiere salir del café.
ATHEA: Estaba a punto de subir a un avión, amiga.
ROBIN: Cinco segundos. Es lo que lleva escribir “¿nos vemos cuando aterrice?”
ATHEA: No seas dramática. Al final no veremos, ¿o no?
ROBIN: Quisiera decir que no, para enseñarte una lección. Pero te extraño y tengo mucho que decirte.
ATHEA: ¿Estás embarazada?
ROBIN: ¡¿Qué idioteces dices?!
Siempre la molesto con eso. Así como ella siempre me pregunta si ya contraje alguna venérea siendo que soy tan sexualmente activa. No me molesta. Es bueno que alguien me recuerde las consecuencias de mi vida, y ¿quién mejor para hacerlo que ella?
Mi broma, por otro lado, solo es para prevenirla. Sé que su novio está deseando tener hijos y ella aún no está segura. Solo quiero que se cuide hasta tomar una decisión consciente.
ATHEA: Es una pregunta válida.
ROBIN: Que me has hecho los últimos 5 años desde que estoy con August.
ATHEA: Por cómo hablas de sus proezas sexuales, no me sorprendería que tuvieras trillizos adentro cualquier día de estos.
Realmente, cuando esos dos se juntan para sus noches de citas, son peores que yo en una salida a Las Vegas con un par de strippers. Podría escribir un libro con la cantidad de cosas que Robin me ha contado sobre su novio en la cama. Pero el 80% lo eliminé de mi cerebro. Es información inútil si nunca voy a estar con August.
Y yo jamás, bajo ninguna circunstancia posible en esta vida, estaría con August.
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Editado: 16.08.2026