Consejo para todas las mujeres del mundo. Incluso para las que piensen que es tonto o inservible, deben hacer un curso de maquillaje en algún momento de sus vidas.
Literalmente, es un salvavidas.
Da igual si son esa clase de mujeres que solo usan delineador y base. O si piensan que una mujer no debería maquillar sus imperfecciones. Puedo asegurar que, de una u otra forma, una mujer debe saber maquillarse a sí misma o a las demás.
Hice el dichoso curso en mi adolescencia porque las inútiles de los salones de belleza no sabían qué tonos usar en mi piel acaramelada. No hay que ser muy brillante para saberlo, pero ellas solían atender a niña blancas como el papel que pensaban que el rosa es el mejor color para todo.
Me maquillo sola desde entonces. A veces lo hago con Robin o Fiona, cuando me dejan. Y ahora mismo, me ahorra tiempo valioso previo a la fiesta de compromiso. Si, llegaré un poco tarde, pero lo bueno se hace esperar. Además, no sabía qué tonos usar hasta que vi el vestido y el tipo de máscara que Fiona consiguió para mí.
Es una absoluta belleza.
Elegante, llamativo, sofisticado. Como no podía ser de otra forma, es color dorado brillante, con un escote en V y tirantes finos que realza mi silueta. Los adornos bordados y aplicaciones florales a los largo del pecho y la cintura son exquisitos y hacen que el ajuste se vea menos en las partes correctas.
Supongo que la seda fue la elección correcta para que sienta la suavidad de la tela. Algo de lo que suelo quejarme cuando me pruebo vestidos. Pero también es un arma de doble filo. La seda tiende a dar la ilusión de estar desnuda, vulnerable. No es mi sensación favorita.
La máscara comparte patrones con el vestido, por supuesto. Y tiene una utilidad práctica con tirantes que van alrededor de mi cabeza, y a la vez una varilla retráctil en caso de querer sostenerla con la mano.
Agradezco al cielo que Fiona me conozca tan bien. Seré la combinación perfecta entre la diosa que todos desean y la amiga abnegada que no busca robar el reflector de la pareja homenajeada.
Aunque siendo honestos, Robin y August me agradecerían que les quite atención por un par de minutos. Ellos odian ser los protagonistas más tiempo del que dura un brindis.
Estoy aplicando mi labial favorito cuando mi adorada princesa pasa entre mis piernas. Se pone inusualmente melosa cuando presiente que algo va a pasar. Me pregunto qué será esta vez.
Y entonces, la pantalla de mi celular se enciende con el nombre de mi padre impreso en ella. Sé que él no puede verme, pero igualmente fuerzo una sonrisa cuando atiendo a su llamada.
—Padre, que grato que llames.
—Podrías hacerlo tú, de vez en cuando.
Vaya, no tardó nada en ser mordaz conmigo. Supera su récord cada vez que llama. Pero siempre intento ser un poco mejor yo misma cada vez que hablamos.
—Veo que tu secretaria no es tan buena en su trabajo — digo divertida — Llamé todo el mes de tu cumpleaños para saludarte y nunca recibí respuesta.
—Lo que digas. Supe que terminaste un trabajo importante.
Me pregunto cómo se enteró. No me sigue en redes, no llama seguido, sé que no habla con mis amigos o empleados, y definitivamente no me visita con frecuencia. Aún así, es grato ver que sabe de mi vida. Tal vez sí le importa un poco.
—Lo hice — respondo — Fue para una compañía de…
—¿Te ofrecieron trabajo?
Si, debí verlo venir.
Las compañías me preguntan cada vez si quiero quedarme. Y mi padre comparte ese patrón, solo que un poco diferente.
—Ya tengo un trabajo, padre — le recuerdo — Soy directora de mi propia empresa.
—Lo que tienes no es una empresa. Solo un juego que terminará en cualquier momento.
—Llevo casi 5 años en este juego. Creo que no terminará pronto.
Al estar frente al espejo puedo ver las inminentes lágrimas de frustración que no saldrán de mis ojos. No saldrán, he dicho. No solo porque me llevó tiempo encontrar el estilo de maquillaje perfecto, sino porque soy una mujer adulta que no necesita de la aprobación de su padre para estar bien. El llanto solo refutaría eso.
—¿Cuándo llegará el día en que me hagas caso? — pregunta con un tono claramente cansado — Esa cosa que tienes no durará. Debes tener un trabajo fijo, buscar una red de seguridad. ¿O acaso crees que tu madre y yo te mantendremos para siempre?
—Tengo una red de seguridad muy confiable, padre — evito decirle que ellos dejaron de mantenerme hace mucho tiempo. Incluso antes de mi rompimiento con Erik, ellos ya no eran mi sustento.
Puede que odie las convenciones a las que me envía Fiona, pero he aprendido mucho de ellas. Y las inversiones, me guste o no, son un camino al éxito. Con subidas y bajadas, como todo en la vida, pero con astucia y conocimiento uno puede navegar entre sus fluctuaciones. Lo he hecho así por mucho tiempo, solo en caso de que cada plan que tengo salga mal. Y eso no ha pasado hasta ahora.
—Pero aún así mi negocio prosperará, ya lo verás — lo digo para él y lo repito para mi — No necesito que alguien me contrate, soy mi propia jefa y me va muy bien.
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Editado: 16.08.2026