Trust Me

#7 - Top 3

Contrario a la mayoría de la gente, yo me despierto más rápido cuando no escucho mi alarma sonar. Ese pitido insoportable solo hace que abra los ojos con enfado y amargura para empezar mi día. Pero cuando no lo escucho, cuando no irrumpe en mi sueño, mis ojos se abren de par en par desesperados por saber qué hora es y cuánto me falta por comenzar el día.

Así me resulta abrumador y sencillo despertarme esta mañana. Y descubrir lo más importante a la primera.

Estoy sola.

Hago un chequeo rápido de la habitación del hotel. La puerta del baño está abierta y no se oyen sonidos saliendo de allí. Tampoco hay muchos otros lugares donde podría estar. A menos que lo haya asustado mi baba en la almohada y se haya escondido en el armario.

Al limpiarla con el dorso de la mano, me doy cuenta de otro pequeño hecho. Mi máscara sigue justo donde la dejé anoche: cubriendo mis ojos.

En algún momento tendré que recordar cómo es que pude dormir con esto puesto. Pero por ahora, me concentro en otros detalles. Si el extraño no está, me quito el antifaz con calma y me levanto para hacer una inspección rápida. No veo cartas, mensajes o nada que indique porqué o cuándo se fue.

Eso es bueno.

Si, es bueno.

Repetirlo no ayuda tanto como quisiera. ¿Qué me pasa? El hombre cumplió lo que le pedí. Tendría que estar exhalando el aire más liberador de la mañana, en lugar de preguntarme si acaso… ¿se arrepintió de lo de anoche?

No, no, no, no, no.

Athea Williams. ¡NO!

Las cosas salieron a pedir de boca para tí, y ahora debes estar agradecida tanto por el espectáculo que fue lo que pasó anoche, como porque el extraño no te está haciendo un numerito ahora mismo que tú sabrías manejar a la perfección.

Bien, lo segundo más importante es recuperar mis cosas. Si, mis zapatos primero. Por suerte, ahí están. Acomodados en perfecto orden junto a la puerta. Mi vestido está donde debe: en el piso, hecho una bola arrugada. ¿Quién piensa en doblar la ropa en pleno momento pasional?

Lo único que no encuentro es mi peineta. La llevaba en el cabello, casi escondida entre los bucles perfectos que ahora son tan lacios como una cortina de seda. No es que sea importante. De hecho, es una baratija que rara vez me pongo solo porque luce bien en mi cabello. Y dio la casualidad que combinaba con el vestido.

¿ Acaso él se la llevó? No, ¿por qué lo haría?

Una parte de mi está esperando que la respuesta sea algo cursi, romántico y sin sentido, como que quiere recordarme. Nuestra noche juntos inmortalizada en un objeto que me pertenecía.

Sin embargo, la parte racional de mi cerebro no me permite soñar tanto. Apuesto a que en medio de su huída, él la pisó sin querer y se la llevó para que no viera los restos. Si, eso debió ser.

En fin, junto mis cosas para asearme en el baño. No es lo ideal salir durante el día con un vestido que pertenece a la noche. ¿Pero qué opciones tengo? No me vine exactamente con una valija de viaje, ¿o si?

Saludo a mi amiga de recepción, quien me mira con aprobación cuando cruzo el vestíbulo. Es la versión femenina de la mirada de los hombres cuando le dicen a su amigo (el que se ligó a la más bella del baile) “bien hecho, campeón”. Claro que las mujeres somos más sutiles y elegantes cuando hacemos esa mirada.

Y sin lugar a dudas, yo me llevé al más galante de la fiesta.

El taxista me mira extraño cuando me subo, le doy mi dirección y finjo que mi celular es más interesante que su silencio inquisitivo por estar vestida como estoy. En esta ciudad, situaciones como esta deberían ser normales. Pero nada de eso importa cuando entro a casa, me recibe mi princesa y soy libre de mis adorados zapatos… otra vez.

Hoy no trabajo en la oficina, así que me pongo cómoda con mi pijama y mi laptop entre las piernas. Un bol lleno de papitas al horno, una jarra de jugo y otra de soda dietética, y en cuanto llegue, una pizza para dos.

Aunque técnicamente es mi día libre, la transición entre proyectos siempre me tiene ocupada. En especial cuando lo primero que veo en mi correo es la ansiada respuesta de ese CEO misterioso.

Estimada Señorita Williams.

Tras haber revisado y analizado su propuesta, me veo en la obligación de responder con sorpresa y honestidad a su pedido de contribuir con el primer proyecto local de esta compañía.

Usted es brillante, su empresa es admirable, y su visión es innovadora. Sería todo un placer darle la bienvenida a nuestro proyecto, si aún está interesada en él. Lamento que la respuesta no haya sido inmediata, pero todos los trámites de instalación tomaron su tiempo, y, usted bien sabrá, analizar las propuestas debe ser una actividad detallista.

Por favor, hágame saber lo más pronto posible si está dispuesta a reunirse conmigo mañana temprano. No imagina cuánto deseo conocerla en persona y que podamos negociar.

Atentamente,

H. Howell, CEO de Our Environment Inc.

Podría tocar el cielo con la emoción que me invade ahora mismo. Este es el siguiente paso en mi carrera, y podría ser el definitivo para empezar con empresas de rendimiento internacional asociadas a la concientización ambiental tanto como a la promoción tecnológica segura.




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