La última vez que me preparé para una cita fue hace más de 5 años. Si, obviamente con mi ex.
Estaba nerviosa. Nunca había tenido una noche a solas con un hombre, mucho menos uno que me gustara tanto. Mi familia tuvo la gentileza de resaltarme todas las cosas que no debía hacer, como ser yo misma o hablar de más. Recuerdo que mi querida hermanastra me repitió infinitas veces “no sonrías mucho o verá tus extraños dientes”.
A pesar de ello, me puse tan linda como cabría para una chica de mi edad. Me maquillé lo suficiente para que pareciera natural, y memoricé temas de conversación por si se formaban silencios incómodos.
Contrario a lo que todos pensaban, la cita fue un éxito. Él fue todo un caballero, y me hizo sentir como la princesa que siempre quise ser. Y luego de esa, vinieron muchas citas más, por años. Hasta que en algún punto dejé de ser suficiente.
En algún momento, ya no fuí la princesa de sus ojos. Otra llamó más su atención. Y convertida en calabaza, dejé que se robaran mi vivieron felices para siempre.
Por eso ahora no puedo pensar en ésto como una cita. Es solo una cena con un futuro colega de trabajo. Además, el hecho de ya haberlo visto desnudo debería quitarme nervios, ¿verdad? Es como adelantarse un paso y volver dos atrás. Primero sexo, luego cena formal.
Aún así, no dejaría pasar la oportunidad de vestirme como un ángel endiablado. Es mi parte favorita de todo este tedioso proceso, y soy muy buena en ello.
Juana maulla a mis espaldas solo para llamar la atención. Ya tiene comida, agua y sus juguetes limpios.
—Solo aceptaré que digas que me veo hermosa. Sino guarda silencio, mi princesa. No sé si estoy de humor para pelear contigo.
Eso la hace echarse sobre mi cama, rendida ante mi voz firme.
Se acerca la hora de salir. Me debato si llamar a Robin o no. Técnicamente ni ella ni Fiona saben de esta no-cita, pero su apoyo emocional no me vendría nada mal.
Al final, me encuentro saliendo antes de siquiera marcar el número de alguna. Sé que cuanto comience la noche, antes terminará. Y mientras siga deseando eso, estaré bien.
No dejé que él pasara por mí. Tengo mi auto y dejamos claro, al menos yo, que esto no es una cita como tal. Dicho eso, manejar en tacones es uno de mis peores talentos. Debo cambiar de calzado antes de bajar del auto, y caminar hacia la entrada del elegante restaurante que Harri me envió.
La mujer de la entrada me sonríe con cortesía. Al decirle mi nombre, me guía con elegancia hacia una única mesa en el podio junto a la inmensa ventana. Será como cenar sobre el escenario de un teatro. Y junto en el centro, el protagonista esperando de pie.
—Buenas noches — saludo.
—Buenas noches — como acostumbra, retira la silla para que tome asiento — Eres deslumbrante.
—Querrás decir que me veo deslumbrante.
—Sé bien lo que dije, señorita Williams.
Es muy astuto, lo admito. Aún así esta noche no va a doblegarme. Ya cedí demasiado en esta extraña relación que nos hemos formado.
Cuando se sienta frente a mí, a una distancia que no le permite tocarme y de todas formas no parece lo suficientemente lejos, extiende una de las cartas para que la examine. Nunca vine a este lugar, principalmente porque los restaurantes de alto costo suelen servir porciones minimalistas. Y si, soy una mujer de apetito, no me conformo con mini trozos de carne semicruda con una hojita encima.
No pasa tanto tiempo cuando llega un hombre de uniforme a nuestra mesa.
—¿Cómo está esta noche, señor? — pregunta gustoso el mesero hacia Harri.
—Con una compañía como esta, no podría estar mejor, Sawyer.
—No lo dudo, señor. ¿Lo mismo de siempre?
Parece que se lleva bien con los empleados. Eso dice mucho de él, y de gran importancia si será mi futuro socio. Pero no puedo ignorar el hecho de que es obvio que viene seguido a este lugar. La pregunta real es ¿acompañado o solo?
—Dejaré que la dama decida con qué nos deleitará el chef.
—¿Señorita?
Solo entonces me doy cuenta que Harri no tiene una carta en sus manos. Solo hay una y la tengo yo. ¿Pretende que elija por los dos? ¿Y si no le gusta? ¿O si es alérgico a algo? Nunca me ha gustado que la gente pida por mí, ¿por qué lo haría yo por otro?
Igualmente, reviso las opciones con detenimiento, sin importarme que el mesero deba esperar por más de un minuto. Supongo que ir a lo seguro será lo mejor.
—Ravioli de cordero con salsa blanca de champiñones, para mí — le respondo mientras le extiendo la carta.
—Excelente elección — dice Harri — Las pastas aquí son las mejores.
—Entiendo que usted comerá lo mismo, señor — asume el mesero.
—Por supuesto. Y traenos una botella de Costanti Brunello di Montalcino 2015, por favor.
—Enseguida, señor.
Traté de resaltar el “para mi” cuando hice la orden, pero poco pareció importarle a ambos.
—¿Hubieras comido cualquier cosa que yo eligiera? — le pregunto incrédula.
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Editado: 16.08.2026