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#12 - Sully, la mascota

—Mira este lugar… — Fiona se impresiona fácilmente cuando entramos en las oficinas de Our Environment Inc.

Parte de los acuerdos con todos los socios con quienes trabajamos, es que los proyectos se llevan acabo en las oficinas de quienes nos contratan. Es más sencillo estar en el lugar donde se cocina todo. Además, adoro reubicarme en nuevas oficinas personalizadas que cumplen mis caprichos.

Recuerdo que una vez pedí un acuario con peces koi, y uno al lado con peces payaso. Solo para ver si lo hacían realidad. Luego, Fiona me odió porque tuvo que ser la encargada de alimentarlos.

—¡Seis máquinas de café! — exclama mi asistente — Tienen seis malditas máquinas de café.

Dejo que se ilusione mientras busco dónde nos instalaremos. No es difícil de encontrar ya que, como solicité, mi nombre y el de mi compañía están en la puerta. En bellas letras doradas recién impresas. ¿Hay algo más satisfactorio que ver eso?

Un segundo después, Fiona entra y luce algo decepcionada.

—¿Esperabas una séptima cafetera? — le pregunto divertida.

—Tal vez panecillos.

Lo primero que hacemos es poner todo en su lugar. No puedo comenzar a trabajar si no siento que mi espacio está organizado a mi gusto. Archivos, lapiceras, computadora. Todo donde yo lo pueda encontrar y pobre del que lo cambie de lugar. Curiosamente, cada oficina nueva es un mundo distinto. Nunca pongo las cosas dos veces de la misma forma en cada proyecto.

—Primer día — dice Fiona — ¿Reconocimiento?

—De hecho, ya hice escaneo de las oficinas la primera vez que vine.

—Ah, cierto. La vez que no me dijiste nada.

Aún está algo resentida porque mi acuerdo con Harri se hizo “bajo la mesa”. Le pediré a Robin más panecillos y ese será mi esfuerzo final por compensarla.

Al encender la computadora de la empresa, naturalmente se ve el logo en un fondo claro. No me molesta, la mayoría de las compañías hacen eso en sus sistemas. Lo que me deja algo tonta al inicio es ver el nombre de Harri en la parte inferior. ¿Ahora debo leerlo cada vez que use mi equipo?

No es justo.

Pegaré una foto de mi en la fiesta de Robin en su monitor para que estemos a mano.

O mejor podría ser una niña grande y recordarme más seguido que ya estamos en un ambiente laboral. Harri Howell solo es el CEO de la empresa donde colaboro. Nada más, ni nada menos.

Alguien toca a la puerta mientras terminamos de ordenar todo.

—¿Será el guapo CEO? —murmura Fiona.

—Compórtate —- le murmuro para luego alzar la voz — Adelante.

Para sorpresa de ambas, y alivio mío, no se trata del querido director. Sino un joven pelirrojo, con pecas en toda su cara y unos lentes de montura gruesa color verde, que se presenta con una amigable sonrisa nerviosa.

—Buenos días, señorita Williams. Y señorita Fiona.

—¿Acaso yo no tengo apellido? — se queja ella.

—Lo-lo lamento. No me informaron de su…

—Ignorala — lo tranquilizo mientras me pongo de pie — Solo le falta azúcar en el sistema. Esperaba encontrar dulces en nuestra oficina.

—Ah, eso se puede solucionar. Llamaré a Gladys y ella…

—No será necesario — lo interrumpo — Somos adultas, sobreviviremos, ¿verdad, Fiona?

Ella no se muestra muy entusiasmada porque haya rechazado la oferta del muchacho, pero igual sonríe con aceptación. Si hay algo que odio de trabajar con gente nueva, es que piensen que somos consentida, presumidas o exigentes. Nunca pido más de lo que la gente está dispuesta a dar. Si, a veces presiono, pero solo cuando veo que es necesario. De otra forma, nada me separa de los dictadores, y me gusta caerle bien a la gente.

—En fin — digo — Aún no sabemos quién eres.

—Ah, cierto. Mis disculpas — el joven nos extiende una mano a cada una — Sully Rogers, es un placer.

—¿Y qué haces en esta empresa, Sully?

—Soy la mascota.

Se forma un silencio incómodo.

—¿Disculpa? — pregunta Fiona.

—No, bueno, me expliqué horriblemente — dice nervioso — Soy asistente general en la planta de ejecutivos.

—¿Y eso significa…?

Pregunto porque es la primera vez que conozco a un asistente general. Tal vez yo debería tener uno.

—Hago de todo en esta planta. Lo que sea que los ejecutivos necesiten, yo me encargo. Desde café por las mañanas, hasta resúmenes de impuestos en la noche.

No, no tendré uno de esos. Principalmente porque suena a explotación laboral.

—Así que cualquier cosa que precisen, señoritas, yo soy su hombre — sus mejillas se tiñen de un rojizo adorable — No, bueno, no su hombre, su asistente. Si, eso quise decir.

—Si, claro — responde Fiona — Pero ella me tiene a mí, y soy más que capaz de ser una buena asistente. Así que tú serás el mío, ¿entiendes, Sully?

—Perfectamente.




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