La cama de Robin es muy suave. Obviamente yo se la regalé cuando se mudó. Y August tuvo la brillante idea de acompañarla con sábanas de seda que son como una caricia en mi cutis.
Cuando el sol de la mañana traspasa un poco la apertura de la cortina, la alarma suena. Odio despertarme con las alarmas. Son un mal necesario para los trabajadores, pero eso no quita que sean detestables.
Robin se mueve un poco en su lugar a mi lado mientras su prometido estira la mano para abrazarla. Que tierno. Bueno, lo sería si en el proceso no me estuviera tocando a mí.
—Buenos días — saludo a ambos.
—¡¿Qué demo…?!
August nos suelta a ambas mientras prácticamente salta de la cama. O cae de ella, dependiendo de la perspectiva.
—August, ya no grites — se queja Robin medio dormida — Nos acostamos tarde anoche.
Ciertamente, las 4 de la madrugada no es el horario que mi perfecto descanso necesita para hacer su magia. Pero estaba desesperada por una noche con mi mejor amiga. Hablar, comer helado, reírnos de cada ocurrencia de Damon Salvatore en su perfecta existencia oscura.
Las pijamadas con Robin siempre son épicas. Y funciona como descarga emocional cada vez que siento que las cosas se me salen de control. Lo cual por suerte no es muy a menudo. Y es que ya no somos niñas. No podemos vivir en pijamas comiendo chocolate, ¿o si?
Ojalá la respuesta fuera sí.
En fin, las últimas semanas he estado muy ocupada con el trabajo. Y no solo hablo de la parte técnica del mismo, como hacer análisis, estadísticas e investigación de campo. Esa parte podría hacerla con los ojos cerrados y aún sería la mejor.
Me refiero al trabajo adicional que es evitar a mi socio / jefe super apuesto y condenadamente atento que siempre hace saltar mi pulso hasta el techo.
No puedo explicar lo insoportable que es entrar a un salón y que esté ahí, tan pulcro y sereno, cuando es cada vez más difícil evitar el rubor en mis mejillas. Tiene la maldita costumbre de esbozar una sonrisa impecable cada que sus ojos me ven. Como si yo fuera el sol que le da vida.
Y me da prioridades en cada ocasión que solicito su presencia. Basta con que alce la mano para llamar su atención, y él deja en la nada a quien sea que tenga delante.
Aún así, no ha incumplido nuestra cláusula especial en ningún sentido. No hace insinuaciones inapropiadas, ni busca tocarme de ninguna forma, aún si fuera por accidente. No me deja notas, ni me invita a cenas donde estemos solos. Ha dejado pasar al menos 15 oportunidades de decirme lo hermosa que me veo en la mañana.
Es un perfecto caballero respetuoso de mis deseos de profesionalidad.
¿Por qué eso me molesta tanto?
—¿Sabes qué? — la voz de August me devuelve a la realidad — Puedo entender que tu mejor amiga aparezca en la mitad de la cena y se sume como si nada.
Si, eso hice ayer. En mi defensa, Juana tenía más cena disponible que yo. Y la casa de Robin quedaba más cerca que el mercado.
—O que quiera pasar la noche en nuestra casa, solo porque sí — continúa.
Me abstengo de refutar ese “porque si”, ya que cuando se levanta de la cama se ve algo histérico.
—¡Lo que no logro entender es porqué rayos tiene que dormir en nuestra cama! — exclama.
—Te quejabas cuando dormíamos en el sofá, cariño — le recuerda Robin.
—¡Porque adoro abrazarte en la noche!
—De esta forma puedes hacerlo.
—¿Y tocar el trasero de Athe por accidente? No, gracias.
—No tienes tanta suerte, August — le dejo saber mientras las dos contenemos la risa.
No hubiera sido mi primera opción dormir en la cama con él. Digo, hasta parece que tuvimos un trío o algo así. Y eso jamás en la vida ocurriría con mi mejor amiga y mucho menos con su prometido.
Pero ya dije, la cama es un sueño. Y puedo ser un desastre a veces, como no tener comida en la nevera, más nunca bajo mis estándares.
—¿Por qué no durmió ella en el sofá, como una invitada común y corriente? — pregunta August.
—¿Por qué no duermes tú en ese sofá?
—Esta es mi casa, Athea.
—Oigan — Robin nos detiene — Es temprano para discutir. Lo siento, cariño. Buscaremos una solución para la próxima vez cuando tenga cafeína en mi sistema.
—¿La próxima vez?
—¿No oíste, futuro novio? — digo — Necesitamos café.
A regañadientes, August termina de vestirse, se inclina para besar a su prometida que apenas nota su presencia con los ojos entreabiertos, y sale de la habitación.
Mientras mi amiga trata de reconciliar su sueño porque, realmente, no pegamos ojo hasta que toda la frustración salió de nuestros sistemas, yo me levanto para vestirme y peinarme.
Es otro día en mi maravillosa vida. Y como cada mañana, me repito que soy fuerte, empoderada y que puedo contra todo. Mi reinicio de anoche tiene que servir para algo, ¿no?
En cuanto a Robin, solo habló de la boda y lo estresante que puede ser organizarla junto a una mujer que quiere fuegos artificiales, trompetas y elefantes. Si, su suegra es como un perro que muerde y no suelta.
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Editado: 11.09.2026