Capítulo 1
El ruso que hablaba raro
El primer día de universidad siempre era un desastre.Mateo caminaba por el campus con su mochila colgada de un hombro, mirando a todos lados con curiosidad. Había estudiantes por todas partes: algunos corriendo a clases, otros riendo con amigos, y unos cuantos completamente perdidos.
Mateo soltó un suspiro.
—Bueno… oficialmente soy universitario —murmuró—. A ver cuánto duro antes de reprobar algo.
Mientras caminaba, escuchó a alguien discutir cerca de la entrada del edificio principal.
—No, no, no… tú entender mal —decía una voz masculina con un acento muy marcado—. Yo preguntar por… aula… ¿cómo decir…?
Mateo volteó.
Había un chico alto hablando con una chica de recepción. Muy alto.
Demasiado alto.
Mateo levantó una ceja.
El chico tenía cabello rubio claro y ojos grises. Su piel era muy blanca y su expresión seria lo hacía ver un poco intimidante.
Claramente no era de ahí.
—¿Aula? —preguntó la chica confundida.
El chico suspiró frustrado.
—Sí… aula… clase… salón… donde profesor habla mucho y estudiantes sufrir.
Mateo no pudo evitar soltar una pequeña risa.
La chica parecía aún más confundida.
Mateo se acercó.
—Creo que quiere decir el salón de clases —dijo.
El chico volteó hacia él.
Sus ojos grises lo observaron con curiosidad.
—Sí… eso —dijo—. Salón de… clases.
Mateo cruzó los brazos.
—¿Eres extranjero?
El chico asintió.
—Rusia.
Mateo abrió un poco los ojos.
—¿Rusia? Órale.
El chico inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Órale?
Mateo se rió.
—Nada, nada. Es como decir… wow.
El chico pareció guardar la palabra en su mente.
—O… ra… le.
Mateo extendió la mano.
—Soy Mateo.
El chico dudó un segundo antes de estrecharla.
—Alekséi.
Mateo lo miró de arriba abajo.
—Oye… hablas español, pero… medio raro.
Alekséi frunció ligeramente el ceño.
—Yo aprender todavía.
—Sí, se nota.
La chica de recepción intervino.
—El salón que buscas está en el edificio C.
Alekséi asintió.
—Gracias.
Luego volvió a mirar a Mateo.
—Tú hablar español muy rápido.
Mateo sonrió.
—Pues soy mexicano, güey.
Alekséi parpadeó.
—¿Güey?
Mateo se rió.
—Olvídalo.
Caminaron unos pasos juntos.
Alekséi parecía pensar algo.
Finalmente habló.
—Mateo.
—¿Qué?
—Yo necesitar ayuda.
Mateo levantó una ceja.
—¿Con qué?
Alekséi señaló su boca.
—Español.
Mateo soltó una risa.
—¿Quieres que te enseñe?
Alekséi asintió con mucha seriedad.
—Sí.
Mateo lo miró unos segundos.
Luego suspiró.
—Bueno… pero solo si no dices cosas raras en clase y luego dicen que yo te enseñé.
Alekséi parecía completamente serio.
—Yo intentar.
Mateo sonrió.
—Va.
Caminaron hacia el edificio.
Después de unos segundos, Alekséi volvió a hablar.
—Mateo.
—¿Qué?
—¿Qué significa… “no manches”?
Mateo se quedó quieto.
—¿Quién te enseñó eso?
—Estudiante en cafetería.
Mateo se llevó una mano a la cara.
—Dios mío…
Alekséi lo miró confundido.
—¿Yo decir mal?
Mateo suspiró.
—No… pero si lo dices frente a un profesor, te van a regañar.
Alekséi parecía genuinamente preocupado.
—Entonces no decir.
—Sí, mejor no.
Siguieron caminando.
Mateo no sabía por qué, pero algo le decía que ayudar a ese ruso iba a traerle muchos problemas.
Y lo peor…
Era que apenas lo acababa de conocer.