El balón de básquetbol rebotaba contra el asfalto desgastado de la cancha. Para Richard, ese sonido rítmico y el eco que producía contra las paredes de metal del lugar usualmente eran suficientes para calcular las distancias y despejar su mente. Sin embargo, hoy no estaba funcionando. Tenía la cabeza en otra parte; específicamente, en el sonido de la risa de Adeline mezclado con el romper de las olas en la playa, y en la textura cálida de su mano cuando la había tomado por primera vez.
Un golpe seco cortó el ritmo. Alguien había atrapado el balón en el aire.
—Estás jugando como si tuvieras los pies de cemento, hermano —reclamó una voz familiar a unos metros de él.
Era Yamal. Richard escuchó el ligero roce del balón girando rápidamente sobre el dedo de su amigo. El hermano de Jimmy, y el mejor amigo de este, siempre había tenido una agilidad impecable. Al escuchar su voz, Richard recordó perfectamente el día en que se conocieron: el sonido de los insultos de tres abusivos, los empujones que Richard había recibido sin poder anticiparlos, y los pasos firmes de Yamal interviniendo sin dudarlo. "Con él no se meten", había escuchado Richard esa tarde. Desde ese día, supo que le debía una lealtad ciega al hombre que lo había defendido cuando más vulnerable se sentía.
El problema era que esa lealtad ahora caminaba por la cuerda floja.
—Tengo muchas cosas en la cabeza, Yamal —admitió Richard, guiándose por el sonido de sus propios pasos para caminar hacia la banca de madera y alcanzar su botella de agua.
Escuchó el balón volar por el aire y el crujido limpio de la red al ser atravesada. Yamal había encestado. Luego, los pasos de su amigo se acercaron, deteniéndose justo frente a él. El tono juguetón de Yamal desapareció, reemplazado por una seriedad que Richard pudo notar de inmediato en la rigidez de su respiración.
—Jimmy me estuvo contando un par de cosas —dijo Yamal, cruzándose de brazos; Richard escuchó el roce de la tela de su sudadera—. Dice que te notó muy cerca de Adeline últimamente. Y que el tono de voz de su hermana ha cambiado mucho cuando habla de ti.
Richard se congeló con la botella a mitad de camino. Sabía que este momento llegaría. Tener al hombre que consideraba su hermano de vida cuestionándolo por la hermana de su otro mejor amigo era un terreno peligroso.
—No estoy jugando con ella, si es lo que te preocupa —respondió Richard, girando la cabeza hacia donde provenía la voz de Yamal, queriendo que la firmeza de sus palabras transmitiera su absoluta honestidad—. Jamás lo haría. Menos a alguien de tu familia.
El silencio que siguió fue largo. Richard solo podía escuchar el viento y la respiración pausada de Yamal, quien parecía estar midiendo la verdad en sus palabras. Finalmente, escuchó el peso de Yamal dropping sobre la banca de madera a su lado.
—Te defendí de esos tipos hace años porque odio las injusticias, Richard. Pero también porque supe qué clase de tipo eras. Te convertiste en mi hermano. Pero Adeline... Adeline es la adoración de Jimmy y una parte sagrada de mi entorno. Si te estás metiendo ahí, espero que sea en serio. Porque si la lastimas, el tipo que te defendió esa vez va a ser el primero en pedirte cuentas.
Richard asintió lentamente, sintiendo el peso de las palabras, pero también un profundo respeto.
—Es en serio, Yamal. Más en serio de lo que crees.
Escuchó a Yamal levantarse y caminar de vuelta a la cancha. Segundos después, el balón de básquetbol llegó rodando con precisión directamente hacia los tenis de Richard.
—Bien. Entonces muéstrame esa seriedad, porque hasta ahora, me estás dando lástima. Muévete.
Richard se agachó para tomar el balón con las manos, sintiendo la textura rugosa del cuero. Esbozó una sonrisa por primera vez en la tarde.
—¿Lástima? Ya quisieras —respondió Richard.
Botó el balón con fuerza contra el suelo dos veces, guiándose por el oído, amagó hacia la izquierda escuchando el movimiento del cuerpo de Yamal para bloquearlo, y pasó el hombro de su amigo con una velocidad que lo tomó por sorpresa. Richard saltó guiándose por su memoria espacial de la cancha y lanzó; el balón entró limpio, rozando apenas la red.
—Eso es solo el calentamiento —dijo Richard, escuchando el rebote de la pelota en el suelo.
—Suerte de principiante —se burló Yamal, cuyos pasos volvieron a ponerse en posición defensiva—. Pero hablando en serio... ¿Jimmy ya sabe todo? Porque una cosa es que yo te dé el beneficio de la duda, y otra muy diferente es el hermano celoso. Jimmy es capaz de armar un drama si los escucha juntos sin previo aviso.
Richard bajó el ritmo del bote, manteniendo el balón protegido con su cuerpo.
—No, Jimmy no sabe los detalles. Solo lo que intuye —admitió—. Y para ser honesto, Adeline y yo todavía estamos descifrando qué somos. Todo empezó a cambiar en la playa, aquel atardecer... sentí como si el tiempo se detuviera cuando la escuché hablar. Pero queremos hacer las cosas bien.
—Pues no se tarden mucho en descifrarlo. El vecindario es pequeño —advirtió Yamal—. Mi consejo: hablen con él juntos.
Antes de que Richard pudiera responder, el crujido rítmico de unos pasos apresurados sobre la grava cercana llamó la atención de ambos. Richard giró las orejas hacia la entrada de la cancha. Reconoció el andar de inmediato: era Jimmy. Venía a paso rápido y se detuvo justo en el centro del asfalto.
—Qué bueno que los encuentro a los dos juntos —dijo Jimmy. Su voz sonaba tensa. Richard escuchó el sutil pitido de la pantalla de un teléfono bloqueándose—. Acabo de hablar con Adeline. Me dijo que iba a salir a cenar con alguien, pero su tono de voz se puso extrañamente nervioso cuando le pregunté con quién.
Los pasos de Jimmy avanzaron un par de metros más y se detuvieron justo frente a Richard.
—Richard... tú estabas libre esta noche, ¿verdad?
La pelota dejó de botar bajo la mano de Richard, quien la atrapó contra su costado. Yamal guardó un absoluto silencio a su lado, dejando el espacio para que él hablara. El momento de la verdad había llegado antes de lo esperado.