4 meses despues
Adeline estaba sentada en la playa, viendo el amanecer, las aves se escuchaban, el olor a mar ya no era igual. Pero la esperanza seguia en el corazon de Adeline. Sosteniendo su tabla de surf, viendo de manera objetiva lo que sucedio el dia que ambos clanes (el de su abuelo Milo y el del abuelo de Richard) se declararon la guerra y una guerra que al parecer terminaria en no hablarse nunca mas.
Irene se acerca a su hija, se sienta a su lado, y tambien mira el amanecer.
_ Todo por el orgullo- rompió el silencio Adeline-. Todo por el orgullo, mi familia ya rompio toda conexión con la familia de Richard. ¡No lo entiendo!- Adeline voltea a ver a su madre con desolación.
Irene suelta un suspiro.
_ Asi fue como pasaron las cosas, y ahora tu abuelo, ¡mi suegro! Ya no quiere tener nada que ver con Eddie ni su familia. Enemistando a tus hermanos con Richard y su hermana.
_ ¿Que hay de mi? ¿que hay de Richard? ¿Richard me ve igual como Eddie ve a mi abuelo Milo?
_ No lo se cariño- respondió su madre- pero veo que Richard se consume en el dolor de sentir que solo en tu vida es el "algo pasajero"- Irene la toma de la mano con amor, pero con firmeza- Adeline, sabes muy bien que no le diste el tiempo necesario a Richard, Lucila no se equivoco al decirte ese dia lo que implica una relacion. Nena......entiendo que en el nombre de tu padre hayas elegido llegar a la WSL, y que ames el surf mas que a nada, pero debes entender que............... Richard también queria de tu cariño, de tu tiempo.
_ Mamá, por favor no me sermonees. Yo........ Yo solo queria llegar a esa competencia, llegando a la WSL mantendrá con vida la memoria de mi padre. ¡Mamá!- a Adeline se le quiebra la voz y comienza sollozar- ¡Yo amo a Richard con todo mi corazon! ¡Me equivoque! ¡Si! ¡DEBI DARLE TIEMPO A LA RELACION! ¡DEBI PASAR MAS TIEMPO CON RICHARD! Pero entiendo que.......no hay vuelta atras. ¡Ya lo lastimé! Si él no regresa nunca.......entonces no lo detendré.
_ ¡No puedo creer que vayas a renunciar a lo mejor que pudo pasarte en la vida!- dijo Yamal, quien hizo acto de prescencia- habra mucho orgullo y heridas de generacion en generacion en familias. Pero hay algo que si se, Adeline: Richard te ama, aunque ahora no quiera ni verte, ¡el te ama!
_ No se puede obligar a un persona a amar, y lo sabes, Yamal. El amor es felicidad, no toxcicidad que causa dolor extremo.
Irene se retira, con la esperanza que Yamal la haga entrar en razon.
_ Toma tiempo conocer ciertos aspectos de la personalidad de alguien, y algo que descubrí en Richard es que es un chico demasiado sensible. Pero sensibilidad no siempre es sinonimo de tomarse a pecho todo de inmediato, ¡y la prueba esta en que te tuvo paciencia!
_ ¡Ya no sigas, Yamal! Tal vez ya no quede mas que ser solo un feliz recuerdo.
_ Eres una mujer que lucha por lo que quiere, ¿que haria Bethany Hamilton en tu lugar?
Momento de Silencio.
_ No lo se, solo se que hay cosas que toman tiempo. Y no se si Richard me siga amando, yo si lo amo a el, pero no se si él a mi. Lo que si se, es que buscare la forma de enmendar el daño causado, aunque él nunca regrese. Asumiré las consecuencias de mis decisiones, pero al menos estare tranquila al saber que trate de enmendar las cosas.
El aire entre las dos familias se había congelado por completo, transformándose en un muro invisible pero impenetrable. Las cartas estaban sobre la mesa: por un lado, Milo, Jimmy y Lucila blindaban el orgullo de los suyos; por el otro, Eddie, Margaret y el resto del clan respondían con el mismo desprecio frío. Ya no había puentes. Solo un abismo alimentado por el resentimiento.
En medio de las ruinas de lo que alguna vez fue, Richard y Adeline lidiaban con sus propios fantasmas, separados por el silencio y la distancia.
Richard miraba por la ventana, con la mandíbula apretada y una taza de café enfriándose entre las manos. Su mente era un campo de batalla. Se repetía a sí mismo, como un mantra, que estaba decidido a no volver a ver a Adeline nunca más. El dolor del orgullo herido y la lealtad a su abuelo Eddie eran un ancla pesada. No podía ceder; no después de cómo se habían dado las cosas.
Sin embargo, los decretos de la mente rara vez gobiernan al corazón. Muy en el fondo, donde la rabia no alcanzaba a asfixiar los recuerdos, la seguía amando con una fuerza que lo asustaba. Cada rincón de la casa guardaba el eco de su risa, y el silencio de su ausencia era el recordatorio constante de que, aunque intentara convencerse de lo contrario, ella seguía siendo su debilidad. Pero Richard prefería romperse por dentro antes que dar el brazo a torcer. Para él, Adeline era un capítulo cerrado con llave... una llave que él mismo había arrojado al fondo del mar.
A kilómetros de allí, Adeline guardaba su equipo en la maleta. Cada movimiento era mecánico, pesado. La culpa es una sombra larga, y ella la cargaba sobre los hombros. Ahora lo entendía con una claridad dolorosa: asumía las consecuencias de sus decisiones. Sabía que no le había dado a Richard el tiempo, la prioridad ni el lugar que él merecía en su vida. Había estado tan cegada por sus propias metas que descuidó el jardín que ambos habían plantado.
Pero Adeline ya no era la misma. A pesar de la tormenta perfecta que azotaba a su familia, y con el corazón hecho pedazos por la certeza de que quizás había perdido a Richard para siempre, tomó una decisión madura y altruista: iba a enmendar el dolor que le causó. No lo hacía con la esperanza egoísta de recuperarlo; aceptaba que él tal vez nunca regresaría. Lo hacía por él, para sanar la herida que ella misma había abierto, dejándole claro que su amor había sido real, aunque tardío.
Con esa mezcla de melancolía y madurez, Adeline se amarró el cabello y miró hacia el frente. Estaba más determinada que nunca a llegar a la WSL (World Surf League). El agua sería su redención. El surf ya no era solo una meta, sino el único lugar donde su mente callaba y donde el dolor de haber perdido al amor de su vida se transformaba en pura adrenalina.