Tu cambiaste mi historia

Capitulo 22: Nunca mas

El frío de la madrugada seguía calando en los huesos de Adeline mientras permanecía de rodillas en la arena, con la mirada perdida en el horizonte negro. El vacío la consumía. Pero el universo no iba a darle una tregua.

El teléfono en su bolsillo vibró con insistencia. Con los dedos entumecidos, Adeline lo sacó esperando ver un mensaje de Jimmy o una llamada perdida de Richard que confirmara que su sacrificio había valido la pena.

No fue así. Era una notificación de la cuenta oficial de Iris.

Había subido un video celebrando en un club VIP junto a Jaimie, quien sostenía el trofeo del torneo de básquetbol. Iris miraba a la cámara con una sonrisa cínica, brindando con champaña. Al pie de la publicación, el texto decía:

"Hay quienes nacieron para ganar campeonatos y ligas oficiales... y hay quienes están destinados a quedarse mirando desde la orilla, viviendo de los recuerdos de los que ya no están. Saludos a la WSL 🥂✨ #NivelVIPSolo #FueraDeLaLiga".

Una burla directa. Una escupitina descarada a la memoria de su padre y al esfuerzo de Richard.

Adeline sintió cómo la sangre se le congelaba por un segundo antes de transformarse en una oleada de fuego líquido que le recorrió las venas. La tristeza, la culpa y el llanto se evaporaron en un parpadeo, reemplazados por una furia ciega, pura y peligrosa. Iris creía que la había quebrado, creía que al quitarle la WSL la había dejado sin armas.

Justo en ese instante, entró una llamada de un número desconocido. Era una enfermera del hospital general.

—¿Adeline? Hablamos del hospital. Tu hermano Jimmy ingresó de urgencia por un shock neurogénico... y Richard está internado en la habitación contigua tras sufrir una crisis nerviosa mayor. Tienes que venir de inmediato.

El mundo pareció detenerse. Adeline no respondió. Guardó el teléfono, se puso de pie de un solo golpe, tomó su tabla de surf y caminó hacia su auto. Ya no había espacio para las lágrimas. Iris y Jaimie habían cruzado la última línea.

El olor a antiséptico y el pitido monótono de los monitores cardíacos recibieron a Adeline en el piso de urgencias. Cuando entró a la habitación, la escena la golpeó en el estómago: Jimmy estaba en una cama, pálido, con cables conectados al pecho y bajo sedación profunda. En la camilla de al lado, Richard acababa de abrir los ojos, parpadeando con dificultad mientras el efecto de los sedantes se disipaba.

Al escuchar los pasos de Adeline, Richard giró la cabeza lentamente. Sus ojos, antes llenos de vida y devoción por ella, ahora estaban apagados, inyectados en sangre y cargados de una profunda amargura.

—¿Qué haces aquí? —susurró Richard, con la voz rasposa, arrastrando las palabras—. Viniste a ver el resultado de tu decisión... Dijiste que querías dejarme ir para no hacerme sufrir. Míranos, Adeline. Míralo a él.

Adeline se acercó a la camilla, pero Richard apartó la mirada, rechazando su presencia.

—Tu maldito sacrificio no sirvió de nada —continuó Richard, y una lágrima de rabia corrió por su sien—. Te fuiste y nos terminaste de destruir. Me dejaste solo en ese suelo... Me quitaste lo único que me mantenía en pie: tú.

—Cometí un error, Richard —dijo Adeline, con una voz que ya no temblaba. Era una voz fría, determinada, la voz de alguien que ya no tiene nada que perder—. Pensé que alejándome los protegería de Iris y de Jaimie. Pensé que el problema era yo. Pero me equivoqué.

Richard soltó una risa amarga, sin mirarla.

—Es un poco tarde para darte cuenta, ¿no crees? La WSL se acabó. El torneo se perdió. Jimmy está colapsado y yo... yo ya no tengo fuerzas para suplicarte nada. Vete.

Adeline dio un paso al frente y lo tomó de la barbilla con firmeza, obligándolo a "mirarla a los ojos". Richard intentó resistirse, pero al ver la insistencia de Adeline, se congeló. Ya no era la chica destrozada de la playa; sus ojos destellaban una fijeza asesina.

—No me voy a ir, Richard —sentenció ella, inclinándose hacia él—. Iris acaba de publicar una burla sobre mi papá y sobre tu derrota. Cree que ganaron. Cree que porque nos separó y nos quitó el circuito oficial, estamos acabados.

Richard apretó los dientes, el monitor cardíaco empezó a acelerar su ritmo ante la mención de Iris.

—Nos destruyeron por separado, Richard... —continuó Adeline, susurrando con una intensidad que hizo que a Richard se le erizara la piel—. Así que ahora nos vamos a levantar de estas malditas camas. No me importa la WSL, no me importa el dinero de Jaimie. Vamos a buscar ese torneo de repechaje, vamos a buscar cualquier maldita ola en el mundo, y vamos a quemar su maldito imperio juntos.

Richard la miró fijamente. El dolor del abandono seguía ahí, la herida de la ruptura estaba abierta y sangrando, pero la chispa de la venganza y la devoción ciega que sentía por Adeline comenzaron a reaccionar con el veneno de sus palabras.

El ambiente en la habitación del hospital se volvió asfixiante. A pesar de la intensidad en las palabras de Adeline y de su intento por encender la chispa de la venganza en Richard, el daño ya estaba hecho. La ruptura definitiva en el vestidor había sido un golpe demasiado profundo, y la confianza se había quebrado por completo.

Richard apartó la mano de Adeline de su rostro con una lentitud dolorosa. Sus ojos no mostraban fuego, solo un vacío inmenso y una profunda decepción.

—No, Adeline —dijo Richard, con una voz extrañamente calmada que dolió más que cualquier grito—. Ya no juego a esto. Me utilizas para contener tu dolor, luego me desechas para "protegerme", y ahora vuelves porque Iris te provocó. No soy tu escudo, ni tu arma. No puedo más.

—Richard, por favor, mira a Jimmy, tenemos que... —intentó interceder ella, dando un paso al frente.

—¡Dije que te vayas! —exclamó Richard, y el monitor cardíaco comenzó a emitir un pitido de alarma descontrolado debido al disparo de su presión arterial.

El ruido alertó de inmediato al personal médico. La puerta de la habitación se abrió de golpe y dos enfermeras junto con el médico de guardia entraron apresuradamente. Al ver el estado de agitación de Richard y la debilidad de Jimmy, se interpusieron entre Adeline y las camillas.




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