Tú eres el hombre que amo

Capítulo 14

Celeste 

Las semanas han corrido con tanta normalidad que es inquietante. El trabajo en la empresa va bien, Linda es un amor que me hace la vida más fácil, estoy agradecida con la secretaria que tengo porque es muy eficiente y sinceramente, a veces hace más trabajo del que debería. Un día se lo dije, pero ella simplemente negó y me hizo señas para que deje el tema. 

Aunque Linda es una mujer eficiente y trabajadora, a veces creo que busca escapar de su vida a través del trabajo. Conozco esa mirada que ella tiene, fue la que tenía cuando hui y escapaba de los recuerdos tortuosos trabajando sin parar, a veces quiero indagar más, pero sé que no es lo que ella quiere. 

Así que simplemente trato de compartirle que me puede contar cualquier cosa. 

Mi vida como mencionaba está marchando tranquila. No he tenido encuentros con Alex, tampoco me he encontrado con Beatrice, lo cual agradezco. No tener que lidiar con el veneno de esos dos es un alivio.  

Estas semanas han hecho que mi rutina se sienta igual, pero a la vez diferente y eso tiene un nombre: Owen. 

Ya se me ha hecho una costumbre el esperar que mi timbre suene para ir y abrirle la puerta de la casa, encontrarlo con esas camisas que le quedan tan deliciosas en ese cuerpo trabajado y la sonrisa coqueta.  

No lo admitiré jamás en voz alta, pero Owen roba una que otra mirada de mi parte, a veces es como si mis ojos se desviaran solos en busca de su persona y eso me molesta porque no es lo que quiero, pero verlo siendo padre, es una faceta que no sabía qué me iba a afectar tanto. Porque Owen podrá ser un hijo de puta en muchas cosas, pero con Aida se comporta como un hombre distinto. 

Todos los días viene sin falta a visitar a su hija, tanto así que ya Aida tiene en su cabecita el horario de Owen y se sienta en la sala a esperar su llegada. Siempre parece feliz de verlo y es que Owen se está robando de manera rápida el corazón de mi hija. Cuando él tiene algún compromiso avisa que su llegada será más tarde, así que si, se está comportando a la altura. Le brinda sonrisas y gestos hermosos a Aida y es lo que quería para mi hija. Un padre presente, no en lo material, porque para eso me estoy partiendo el lomo, para darle una buena vida a mi hija, sino que, quiero un padre que le de todo el amor que ella se merece.  

Owen siempre espera que Aida se duerma para marcharse, a veces él le cuenta cuentos a ella para dormirla, a veces luego de su baño está tan agotada que simplemente se duerme. 

El prepararle la cena a Owen también se está volviendo una costumbre en la que no pienso mucho. Porque sé que siempre vendrá y siempre le preparo algo para cenar cuando preparo lo de mi hija, cosa que él siempre me agradece con un beso en la mejilla que muchas veces dura más de lo que debería y esa es otra cosa en la que no quiero pensar. 

Parece que trato de ignorar muchas cosas entre Owen y yo. 

Pero ahora me enfoco en el pastel que estoy terminando de preparar. Aida está llena de harina y las manos llenas de chocolate, ella lame sus deditos y casi parece que tiene alcoholizada por todo el dulce que ha ingerido, porque me tomaría poco tiempo hacer un pastel si lo hiciera sola, pero con mi hija eso es imposible porque ella siempre mete la mano en el pastel haciendo que tenga que volver a prepararlo. 

Cuando termino sonrío satisfecha y lo alejo de Aida cuando veo sus intenciones de meterle la mano. Ella sonríe como loca ocasionando que yo me ría también. 

—No, ese pastel es para la tía Helena—le recuerdo y ella chilla de una manera que me sobresalta. 

—Tía Hel—grita riendo, yo acomodo el pastel lejos de mi hija. 

—Si, tía Hel está de cumpleaños, pero nuestro pastel no llegará si siempre quieres comerlo—riendo la tomo y la llevo hasta el fregadero lavando sus manos aun cuando ella se queja.  

Mi cocina es un desastre porque entre Aida y yo lo hicimos. Me toma más tiempo del esperado terminar de limpiar. Hoy es sábado, sé que Helena debe estar durmiendo porque lo aprovecha para descansar. 

Baño a mi hija quien hoy tiene ganas de hacer un desastre porque termino con la pijama mojada, la arreglo y la dejo jugando con mi teléfono. Soy rápida en bañarme por temor a tener a Aida sin supervisión y cuando salgo ella está viendo videos infantiles en mi teléfono. Me cambio y dejo mi pelo suelto. Arreglo el pastel en su caja y le coloco el lazo de regalo. Así como también tomo el bolso de regalo que tengo para Helena. Con todo listo Aida y yo emprendemos el viaje a casa de Helena. 

Mi mejor amiga es una mujer de pocas amistades aun cuando es extrovertida, Helena no deja que todo el mundo ingrese a su vida, puede ser muy amable, bondadosa y ayudarte en todo lo que necesite, pero tiene un límite para su confianza, es por eso que aprecio tanto la manera en que me acogió en su vida, en su lugar seguro. 

Cuando llegamos al edificio donde está viviendo Helena es difícil para mí movilizarme con el pastel, el regalo y Aida de la mano quien creo que está muy emocionada. Al llegar toco el timbre y tengo preparada mi mejor sonrisa para Helena, cuando la puerta se abre me lleno de emoción. 

—¡Feliz cumpleaños!—grito emocionada, pero dicha emoción se esfuma cuando me doy de frente con un hombre a medio vestir que conozco perfectamente. Carter está en bóxer apretado viéndose soñoliento, pero ahora parece confundido con mi presencia. 

—Celeste—susurra con sorpresa. 

—¡Tía Hel!—el corazón me late desbordado cuando los ojos de Carter me dejan para ir a la pequeña que sujeta mi mano. Sus ojos se abren totalmente sorprendidos y parece que comienza a encajar todo, y muchísimo más cuando Aida sonríe—mami, tía Hel—la llama y yo trago en seco. Aparto a Carter de la puerta y me adentro dejando el pastel en la mesa. 

—Tienes una hija—susurra asombrado. 

—Vístete, estás desnudo frente a mi hija—le hablo de mala manera, estoy un poco aterrada de que él sepa de mi hija, pero conozco a Carter y es el hombre más fiel que tiene Owen cerca. 




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