Señor Nadie
Ordeno las carpetas sobre la mesa en el orden en que voy a revisarlas. La puerta del despacho vuelve a abrirse. Es la quinta visita en media hora. No… en estas condiciones no voy a poder trabajar. Por dentro me hierve la gana de mandar al diablo a las camareras insistentes, y de paso al propio director con su maldito centro de ocio. Y si a Pedro no le gusta, que se vaya también con los demás.
Este ciudad me resulta insoportable, este Party me desagrada, y la gente que me rodea tampoco me cae bien. Pero le prometí a mi amigo al menos revisar la documentación, observar la situación y evaluar las perspectivas.
—¿Necesita algo? ¿Té, café…? —levanto la vista hacia la camarera.
Ajá, la quinta, igual de molesta que las cuatro anteriores.
Suelto un suspiro sonoro, intentando calmar la rabia que me sube. Tengo que inventar algo, si no, este peregrinaje no va a terminar. Por lo que entiendo, todo el sector femenino del personal ha decidido “probar suerte” seduciéndome. Pero se equivocaron… No conmigo.
—Llámame a la administradora —se me ocurre una idea que, sin duda, me gusta.
—¿He hecho algo mal? —la camarera palidece de golpe, parece que va a desmayarse.
—Todavía no, pero si no te das prisa…
—Sí, sí, entendido —y sale disparada del despacho como una bala.
Me resulta a la vez gracioso y triste. ¿Por qué es así el mundo, o mejor dicho, las mujeres? Hoy en día aparecen algunas que presumen de independencia de los hombres, pero la mayoría sigue cazando carteras abultadas. Y si además eres joven y atractivo, entonces creen haber ganado la lotería.
Aunque… quizá me equivoque. También hay hombres que viven de eso, auténticos gigolós…
La puerta vuelve a abrirse y aparece una mujer de unos cuarenta años. Vaya tela… y lo digo yo, que tengo treinta y dos. Casi podría llamarla vieja.
Imagino lo que pensaría de mí Asya, que no tendrá más de dieciocho…
—Buenas… Eh… perdone, ¿cómo debo dirigirme a usted?
—Nick. Para usted, simplemente Nick.
—Nick… ¿me llamó? —pregunta la mujer con cautela.
—Sí. Quiero que mis peticiones… té, café… ya entiende, las atienda la camarera de ayer. Solo ella, ¿queda claro? Estoy harto de esta procesión: cada cinco minutos, puerta va, puerta viene, y me interrumpen el trabajo.
—¿La de ayer? Ayer le atendió Elena —menos mal que lo aclara, si no me habría mandado a otra.
—No, la que trajo el hielo.
—¿Smírnova? Pero ella… —la administradora titubea de mala manera. La idea de que la hubieran despedido me viene de golpe.
—No me diga que la echó, porque si no… —¿y qué si no? ¿Les armo un escándalo por una chica a la que vi por primera vez en mi vida? ¿Y por qué no? Sería un buen pretexto para rechazar la colaboración.
—No, no, simplemente llega tarde. Asya estudia en la facultad, y a veces los profesores los retienen…
—Entendido —la corto—. En cuanto llegue, que pase.
Hmm… Guapa, estudiante, y además trabaja… Solo que vive con alguien a quien teme molestar temprano por la mañana. No es una chica, es un personaje de cuento. Aunque ya tuve yo una bailarina de cuento… Por otro lado, no la considero como compañera, simplemente me pareció sensata y, al contrario que las demás, sin interés en mi persona. Justo lo que necesito… ¿Por qué no?
Al cabo de quince minutos, Asya entra en el despacho, jadeante y despeinada, tras llamar a la puerta.
—¿Me llamó?
—¿Y no saludas?
—Pero si ya nos vimos hoy —y no se puede discutir, en efecto nos vimos. Aunque fueran las cinco de la mañana…
—Dame tu teléfono —extiendo la mano exigiendo su aparato.
—Tenga —lo saca del bolsillo trasero de sus vaqueros negros y me lo entrega sin más—. Solo que la funda es rosa, con su imagen… no va a combinar mucho.
Ignoro su comentario. Tomo el móvil, un Android corriente de una marca desconocida, y sí, en una funda rosa con brillantitos.
Tecleo mi número en su agenda y se lo devuelvo.
—Vienes solo cuando yo te llame o te escriba con lo que necesito. ¿Entendido?
Ella mira la pantalla.
—¿Nadie? ¿Se ha guardado como “Nadie”? ¿Por qué? ¿Tiene un nombre raro?
—Asya, que te acompañara respirando el aire contaminado de la mañana no significa que hayas alcanzado el nivel de hacerme preguntas de más.
—No tengo más preguntas. Solo que, como futura lingüista, me chirría la palabra “respiración”. Podría buscar un sinónimo o añadir palabras auxiliares para declinarla bien.
—¿Y la palabra “cutre”, qué? ¿Eso no molesta? ¿O tenéis oído selectivo los lingüistas?
—Esa palabra, aunque pertenece al argot, ya está recogida en el diccionario de Wikipedia, así que tiene derecho a existir. La palabra…
—Ya entendí. Tus profesores no cobran en vano, y puedes explicarme las propiedades morfológicas, sintácticas y semánticas de esa palabra, pero no hace falta. Lo dejamos aquí. Vete a trabajar… pero recuerda lo que te he dicho.
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Editado: 29.11.2025