Tu Nadie

Сapítulo 15.

Nadie

Asenka salió disparada de mi piso, moviendo las piernas tan rápido y saltando varios escalones de golpe, como si la persiguiera un enjambre de abejas salvajes. Bueno, no pasa nada… Primero aceptará la situación tal como es, luego se resignará, y en un día volverá a hablar conmigo como si nada. Además, hay que darle tiempo para aclarar las cosas con su príncipe, ese tarado demente.

El resto del día lo pasé sin rumbo, porque no había gran cosa que hacer.

Fui al centro comercial, evalué el surtido de productos. No soy un gran experto ni entendido, pero incluso en las boutiques caras hay mucho material falso. ¿La apuesta es que el público “exquisito” no distingue bien este tipo de cosas?

Almorcé en ese mismo grill-bar “Zefir”, que estaba en la planta baja, y para la cena me arriesgué a pedir sushi en los “japoneses” locales.

Miro el reloj: apenas las siete de la tarde. ¿Por qué, cuando no hay nada que hacer, el día se estira como un chicle, y cuando está lleno de acontecimientos, vuela sin que te des cuenta?

Cambio de canal con el mando, una y otra vez. Creo que ya es la tercera vuelta completa. Pasan programas de entretenimiento, películas, shows, pero no consigo detenerme en nada. O no quiero.

Me detengo solo porque el dedo se cansa de apretar el botón. En la pantalla, una película. Antigua, ya la había visto: “Un mar de líos” (Overboard). Una mujer cae de su yate al mar y pierde la memoria, y el tipo que le arreglaba un estante en el armario, furioso con ella, aprovecha la ocasión y se la lleva a su casa, presentándola como su esposa y cargándole un montón de hijos. Y al final, final feliz. Ella: rica, guapa y locamente enamorada de él. Y él: un hombre con una tropa de niños y un montón de problemas.

¿Final feliz… existe de verdad? ¿O solo en el cine?

Dejo el mando y tomo el teléfono en la mano. Le doy vueltas, vueltas… Estoy aburrido, así que escribo.

Yo: «¿Qué haces?»

Asya: «No… Cualquiera menos usted…».

Je-je, sí nena, soy yo. La sonrisa se me escapa sola por los labios.

Yo: «¿Me extrañaste?»

Asya: «¡¡¡No!!!»

¿Así demuestra su firmeza? Siento la trampa: si respondió tan rápido, es que pensaba en mí.

Yo: «Confiesa, ¿pensaste en mí?»

Asya: «¿Por qué habría?»

Yo: «¿Quizá contabas mentalmente los cuadritos de mis abdominales?»

Asya: «¿Usted tiene cuadritos? No los noté».

Pequeña mentirosa. Claro que los notó, la vi mirarme sin vergüenza.

Yo: «Y me acordé de un lunar gracioso que tienes en el l…»

Mala jugada: se me resbala el teléfono y cae al suelo antes de terminar la frase. Lo recojo y veo que el mensaje incompleto se envió. Y Asya ya escribe la respuesta. A ver qué se imagina con la letra L…

Leo la obra maestra:

Asya: «No tengo ningún lunar en el pubis. Me confunde con otra».

Yo: «Asya, Asya… No terminé la frase, se me cayó el teléfono y tú ya te lanzaste a las suposiciones. L era por hombro izquierdo».

Incluso desde el otro lado de la ciudad la veo sonrojarse. Una delicia. ¿Por qué no le escribí antes? Me aburría. Resulta que esto es divertido.

Asya: «Fue el T9, quise decir frente».

Yo: «Claro, claro, eso pensé. ¿Ves qué útil es el T9? Así siempre hay a quién echarle la culpa. Y en general, veo que estás llena de energía, entusiasmo y ocurrencias. Pensaba darte un día para asimilar la realidad, pero cambié de idea. Mañana por la tarde nos vamos con noche incluida a tu Stanitsa, y al amanecer, al bosque por setas».

Asya: «Ajá, ya mismo horneo empanadillas para el camino y me meto en la caja, Mijaíl Potápovich».

Yo: «Oh, ¿también sabes hornear empanadillas? Me sorprendes, Asenka, qué decir. Mujeres hacendosas ya casi no hay. Bueno, listo. En el mismo lugar a las cuatro».

Asya: «¡Yo! ¡No voy! ¡Y punto!»

Yo: «No sé dónde ves el punto. Te falla el signo de exclamación, parece que tu móvil tiene un virus».

Asya: «¡Mi virus es usted!»

Yo: «El aire fresco ayuda a prevenir virus. No me obligues a subir al cuarto piso a buscar tu aula… A mi edad los esfuerzos extra no siempre son buenos, ya lo sabes. Y sí, conozco tu horario de clases. Así que…»

Asya: «¡Lo demandaré por chantaje y además denunciaré a la policía por acoso!»

Yo: «Jajaja, me reí tanto que casi me caigo del sofá. Buenas noches, Asenka, no te llenes la cabeza de tonterías».

Yo: «P.D. Y sí, tengo ocho cuadritos».

Todo bien, pero ahora hay que averiguar si en esa Stanitsa hay casas de descanso o algún hotel.

Para mi sorpresa, Stanitsa resultó tener buena infraestructura. Hay casas de descanso, campamentos… Y todo porque además del bosque de pinos hay un río. Y no un riachuelo apestoso, sino un río de verdad, grande.

Elijo la primera base de descanso que me da el buscador. Increíble, tienen página web, fotos de las habitaciones, del terreno y… hasta sauna con piscina.




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