Mientras comienzo a ordenar mis pensamientos, o mejor dicho, trato de encontrar las palabras adecuadas para soltarlo todo de golpe sin morir en el intento, observo a Moon.
La noble canina se ha quedado profundamente dormida.
De hecho, si toco su lomo, puedo sentir cómo este sube y baja debido a su suave respiración —y con mis oídos también la oigo, claro—.
Incluso, me doy cuenta de que ronca...
Es una ternura en tamaño gigante.
Y ella, sin saberlo, me ha relajado más de lo que yo creía posible.
—Se te ve mejor semblante que hace unos minutos, Ali —comenta mi amigo, pasándome un brazo por los hombros—. La viese usted, señorita Luna. Parece como si hubiera despertado de un largo sueño, ¡y eso que solo fueron casi dos minutos! Hasta sonríe... su expresión es de una relajación absoluta.
—Me lo puedo imaginar —la psicóloga asiente, bebiendo un trago de su café antes de volver a dejarlo sobre la mesa—. Sí, me doy cuenta. Incluso su aura cambió.
—¿Cómo? —Pregunto, levantando una ceja.
—Tu energía, Alicita. Hasta el ambiente se siente... más ligero. Antes, tu ansiedad era tanta que incluso el aire a tu alrededor se sentía sobre saturado de angustia.
En serio, mis respetos a esa mujer. ¡Qué tremenda habilidad tiene para leer las emociones!
—A mí no me sorprende, considerando su sordoceguera. Supongo que toda su vida ha tenido que depender de otras formas para percibir su entorno.
Toda la razón por esta vez.
—Impresionante —Jasper mira a la psicóloga, y luego da un silbido, evidentemente admirado por tamaña habilidad—. Bueno, Ali, te escuchamos.
Respiro profundamente, asintiendo al mismo tiempo, y, mientras siento la mirada expectante de ambos en mí, me preparo para la que será, posiblemente, la explicación más larga y disparatada que he hecho en mi vida.
Cerrando los ojos, vacío mi mente de todo pensamiento como me enseñó miss Luna hace unos años.
Se trata de un método de los psicólogos para relajar la mente, y el cuál, sí puedo garantizar que funciona.
Es bastante práctico para este tipo de situaciones, porque al utilizarlo es como si la mente terminase de aclararse, permitiéndome centrar mis energías en un único pensamiento...
Y ese es la explicación que voy a darles a mi amigo y a mi psicóloga favorita.
Hasta mi voz interna se queda en silencio, al menos por una vez —suceso que agradezco infinitamente—, porque necesito toda mi concentración y, por qué no decirlo, fuerza de voluntad para no llorar o desmoronarme emocionalmente al soltar este peso...
—En fin, allá voy. Quién dijo miedo. Tú puedes, Alice, da lo máximo de ti. Recuerda, sin omitir ningún detalle, es todo o nada...
Por fin, y tras tomar una gran bocanada de aire, digo lo primero que me sale del alma, que resulta ser un torrente de palabras sin contención alguna.
Aunque eso sí, al menos empiezo todo con orden...
Nada raro, es un clásico en mí.
—El sábado, me quedé hasta casi la madrugada del domingo con Gia y Adri, leyendo el libro de Bajo la misma estrella. Una lectura con un final agridulce, pero ese no es el punto.
Le doy un mordisco a uno de los chocorramos, y, después de tragar, continúo.
—Me quedé profunda en algún momento entre la medianoche y la una de la mañana, ni me acuerdo, pero lo que sí recuerdo con absoluta claridad es el sueño que tuve luego. Fue bastante raro...
Ambos me miran con curiosidad.
Luna incluso deja de escribir en su portátil —se lo había traído del escritorio para corregir el informe de un paciente—, y baja la tapa del mismo, dándome su atención completa.
—Estaba en una playa envuelta en niebla, aunque la verdad, el paisaje que tenía delante no se parecía en casi nada a los que yo conozco en el mundo real.
En ese momento, Jazz levanta una mano, como queriendo interrumpirme, pero Luna, pudiendo atisbar la sombra de la misma, se la baja lentamente, negando con la cabeza.
—Poseía la arena blanca típica, también aguas cristalinas, eso sí, pero la niebla parecía aumentar más y más con cada segundo que pasaba, opacándolo todo a mi alrededor, y encima estaba extremadamente nublado. Lo más raro no fue eso, sino lo que escuché después...
Tomo un trago largo de mi café, y prosigo.
—Alguien, un chico, me decía palabras románticas, muy dulces... cosas tipo:
—Te quiero, mi nena, por siempre y siempre juntos, tú nunca me dejarás...
—E incluso yo le respondía, ya no me acuerdo qué le dije exactamente, pero sí sé que lo hice.
Moon despierta, y al oírme hablar, levanta sus orejitas, como interesada en lo que estoy contando.
No tengo ni idea de si lo entiende, pero por el entusiasmo con el que mueve la cola contra el suelo, haciéndolo sonar rítmicamente, parece gustarle mi relato.
De modo que, a sabiendas de que tengo otra oyente, y, además, una canina, continúo con lo que estaba diciendo.
—Yo no podía verle el rostro, pero sí sentía su toque, recuerdo que hubo un momento del sueño en el cual me besó los dedos de una de mis manos. Era tan dulce, y, sin embargo, tan solo pude atisbarle el color de los ojos, que eran de un verde profundo e intenso... muy bonitos, sí, lo admito.
Inconscientemente, tamborileo con mis dedos la mesa, pero aquello no parece molestarle a miss Luna, quizás porque está acostumbrada a que mucha gente haga lo mismo cuando está, ya sea concentrada, nerviosa, o ambas, como es mi caso.
—Bueno, luego de eso desperté, fui a la playa con mi familia, y hasta ahí todo bien, por la noche no volví a soñar con ese chico ni la playa rara, y fue porque me desvelé probando el nuevo librojuego de Ernesto, es decir, no dormí. Solo hasta esta mañana que estábamos en medio del trancón. Dije bueno, como vamos a estar aquí quién sabe por cuánto tiempo, dormiré un rato, porque ya no podía más con el sueño, ni siquiera el café había logrado despertarme, y Erne también me lo sugirió, que durmiese un poco.
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chico misterioso y chica buena, amistad y comedia romántica, sueños vívidos y miedo a enamorarse
Editado: 09.09.2026