Tengo que aceptarlo, las cosas como son.
Andrew es real, me guste o no, pero también existe la posibilidad de que el profe Wilson, el coordinador académico, se esté refiriendo a otra persona...
¿Verdad?
—¿Andrew Taylor? Oh, vaya. Pero recién hace dos semanas faltó a clase cuando tuvo que asistir a una gira porItalia...
—Siguen hablando de él... pero no puede ser el mismo.
¿Por qué te mantienes empeñada en tratar de engañarte a ti misma?
—¡Porque no es posible que sea el mismo! Hay muchos Andrews en el mundo, ¿quién me garantiza que ese de quien están hablando sea, precisamente, el mismo que yo acabo de ver?
La voz del profe Wilson, de forma violenta, me catapulta de un solo golpe a la realidad.
—Lo sé, Luna, pero su madre pide que lo cambien de horario. Aunque él dice que por su parte no quiere, porque no le gusta estudiar en la jornada despertina, que porque no hay casi alumnos y se siente muy solo, y las tardes las suele dedicar a leer la biblia, según me dijo.
—¿ya hablaste con él? —Inquiere la psicóloga, levantándole una ceja.
—Sí, precisamente vengo de eso. Lo encontré casi saliendo de la biblioteca, venía feliz con su libro de Viaje al centro de la tierra, aunque creo que le dañé la mañana sin querer dándole esa noticia.
Es todo.
—La biblioteca, el libro, Julio Verne... el chico...
En ese momento, siento un vuelco en el estómago.
Puedo percibir cómo el abismo que se abre debajo de mí, es más grande, y no tiene fondo.
Pero esta vez, tomo varias respiraciones profundas para no dejarme caer, es decir, no permitirme ser dominada por la ansiedad de nuevo, y aunque al menos mi mente no ha colapsado al oír esta confirmación, la verdad es que sí siento que todo se me vino encima.
Y como si no fuera suficiente, mi voz interna también tiene que meter sus narices.
¿Y ahora, Alice? ¿Estás total y absolutamente convencida?
—Bueno, pues...
Respóndeme esto. ¿Qué otro Andrew salió de la biblioteca con ese bendito libro?
—Nin... ninguno... solo él...
Entonces, querida... ¿qué dices? ¿Lo admites?
—Ni modo... ya no puedo seguir negándolo.
La evidencia me habla por sí sola a la cara, por desgracia para mí, y ya solo me queda admitir que es completamente real, que existe y es un joven estudiante como yo...
Uno que ahora debe sentirse miserable, porque su madre lo quiere cambiar de horario.
—Qué lástima...
—Ali —Jazz me da un codazo leve, para captar mi atención, y sin saberlo, consigue sacarme de mis pensamientos e interrumpir mi diálogo interno en el proceso.— ¿Estás bien? Te has puesto pálida...
—¿Qué...? Ah, sí, Jazz... —sacudo la cabeza, aunque me freno cuando una leve punzada me recorre las sienes.
—¿Segura? —Mi amigo me masajea los hombros con suavidad, trazando en ellos círculos suaves y relajantes—. No te me vayas a desmayar, por favor. ¿Aún te duele la cabeza?
—Un poco, sí —admito.
La verdad es que, desde que Luna nos trajo a su oficina, yo me había olvidado de la migraña que apareció luego de ese mini ataque de pánico que me dio tras semejante susto después de haber visto a ese chico de mis sueños y de estar a punto de besar el suelo al caer rodando por las escaleras, y aunque ya casi no la siento, sí me duele cuando muevo la cabeza con brusquedad.
—En serio, nena. Debería llevarte a la enfermería, que te aguantes ese dolor no es bueno. Tal vez debería decirle a la señorita Luna que...
—No —murmuro, para no interrumpir la conversación que Luna está teniendo con Wilson—. No la preocupes con esto, está ocupada con el coordinador, y lo que menos quiero es ser un problema para alguien.
—Alice, no seas tontita. No eres un problema para...
—Mira, voy a estar bien. El dolor de cabeza es secundario, pero la razón de mi palidez es otra muy distinta —al ver que tengo toda su atención, continúo hablando—. Ese chico... Andrew...
—¿Qué hay con él? —Susurra mi amigo a modo de pregunta, y me levanta una ceja, evidentemente confundido.
—Nada, en realidad. Es solo que su nombre... —me acerco a su oído, y le confieso en voz baja—. Jazz, ese chico a quien quieren cambiar al horario vespertino, es el mismo con el que soñé, y a quien me encontré en la biblioteca.
—¿Hablas en serio? —Jasper ríe con incredulidad—. Pensé que estas cosas de los sueños premonitorios le sucedían únicamente a Alexa.
—Sí, yo creía lo mismo, pero ahora tal parece que también me ocurre a mí —murmuro, haciendo una mueca.
—A lo mejor lo tuyo sea... un caso pasajero.
—tal vez.
—Pero... bueno, nena, no es un mal chico, al menos eso veo yo de lo poco que lo conozco. Además, te viene bien. Andrew es toda una estrella de la música —comenta Jasper, sonriendo—. Es tremendo genio con el piano, y tiene una voz increíble... —me mira, quizás avergonzado por lo que ha dicho delante de mí, y añade rápidamente—. Eh... sin ánimos de ofenderte, Alice, pero él es un prodigio... ¡no estoy diciendo con esto que tú o Gia no lo sean! Pero él es pianista, cantante, bilingüe... ¡Pero Gia y tú son trilingües! Eso... es aún mejor...
Suelto una carcajada, pese a mi shock inicial al escuchar de nuevo el nombre Andrew, pero es que es inevitable.
Ver a mi amigo batallando entre su admiración por otra persona, y la que siente por mí o mi hermana mayor, es absolutamente hilarante.
—Si tan solo él supiera que el mayor problema no es ese...
El mayor problema, es que los sueños tuyos hablaban de amor, y ese chico ya te aceleró el corazón y te congeló nada más verlo en persona. Resumido, más claro imposible.
—Sí... eso.
Aunque...
Un momento.
Ahora que lo pienso, Jasper no mencionó en esa lista de trilingües a Caro, ella también lo es...
Eso es verdad. ¿No se supone que es su novia, y por eso debería ser la principal mención que haga?
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chico misterioso y chica buena, amistad y comedia romántica, sueños vívidos y miedo a enamorarse
Editado: 09.09.2026