Tú no eres real

27. Amigos de la infancia

—Chiquitina, ¿dónde estás? Ya estamos casi todos en el lugar de siempre.

—Hola, se dice primero, hermanita —me río, sintiéndome de repente más liviana con solo escuchar su voz.

Gia siempre ha tenido ese efecto de aligerar el estado de ánimo de la gente, incluso sin llegar a proponérselo.

—Lo siento. Holi, entonces.

—Te respondo, ahora sí. Estoy con Jazz en la oficina de miss Luna, pero ella se acaba de ir a una reunión de emergencia.

—Si quieres, vamos todos para allá.

—Estefi, nena, no creo que quepamos todos aquí. Por saber, ¿quiénes están? —Pregunta Jasper, y es que él ha estado escuchando, porque le he puesto el altavoz al teléfono.

—¡Otro maleducado que no saluda!

¡Qué horror! ¿dónde se supone que dejaron los modales?

—Los perdieron, parece.

—Hola también para ti, Jazz —Gia se ríe a través de la línea, y puedo imaginármela rodando los ojos con ese brillo pícaro suyo—. Estoy con tu novia —de nuevo, Jazz se tensa, pero obviamente, ella no se da cuenta, porque la llamada de WhatsApp es únicamente de audio—. Erne acaba de llegar, pero también están Astrid, Sandri, las trillizas, Santi, Susan y tu hermana.

—El grupo al completo, entonces. Definitivamente aquí no cabemos, por algo miss Luna siempre prefiere hacer las reuniones en otras aulas más grandes. ¿Están en el mismo sitio?

—Sí, Ali, en nuestro lugar habitual.

—Vamos para allá —le digo, y tras eso, cuelgo la llamada.

Mientras me dispongo a recoger mis cosas, de paso, también a reorganizar mi mochila, que con el vuelo a través de las escaleras quedó patas arriba, y a guardar el libro de Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino dentro de la misma, —no lo había hecho por tanto lío—, observo a mi amigo de reojo.

Él se ha levantado de la silla en la cual estaba sentado, y ahora tiene las manos en los bolsillos, fingiendo despreocupación, pero yo lo conozco demasiado bien, lo suficiente como para saber que está escondiendo algo.

Su mirada, esquiva, seria, y con una expresión que grita a los cuatro vientos:

—No quiero ir, preferiría quedarme aquí,

Son señales que me indican que definitivamente algo no anda bien con él...

O, más bien, con su relación con mi hermana.

—Hecho. Todo guardado, y organizado —le digo, acercándome a su lado—. ¿Estás listo?

—Claro —responde, vacilante, como quien no quiere, y yo lo miro con preocupación.

Por lo general, él no suele ser así, pero algo debe tenerlo con los ánimos bajos, es obvio para mí que tiene que ver con Adriana Carolina Claire.

—Jazz, justamente antes que llamara Gia, te iba a preguntar sobre eso... ¿Qué pasó entre tú y mi hermana?

—nada, Ali.

Le lanzo una mirada perpleja, y él desvía sus ojos hacia la pared.

Sabe que, si los fija en mí, acabará diciéndome lo todo, porque si algo compartimos él y yo, es esa conexión especial que solo se tienen los amigos de la infancia.

No suele haber secretos entre nosotros.

Él sabe todo de mí, y yo de él.

Pero, por alguna razón que yo no logro entender, hoy me está ocultando algo, y es la primera vez que lo hace.

—Jazz... —empiezo, pero él me detiene, levantando una mano.

—Mira, nena, en serio. Aquí no pasó nada entre tu hermana y yo.

Alzo las cejas con incredulidad.

—¿Qué? Pero si hace un rato me dijiste...

—Sí, tuvimos una pelea anoche, pero fue una tontería. Por favor, ahora no quiero hablar sobre eso... ¿nos vamos?

Me lo quedo viendo, sin comprender del todo su actitud esquiva para conmigo, pero decido no presionarlo, tan solo asentir y dejarlo estar.

Quizás Gia pueda sacarle lo que pasó, ella es buena en ello.

—En ella misma pensé... ¿por qué crees que no me lo quiere decir cuando antes me dijo que me lo iba a contar?

A lo mejor piensa que como has vivido tanta cosa hoy, no quiere estresarte con lo suyo.

—¡Pero qué tontería! Para mí escucharlo a él no significa problema alguno.

Ya sé, él probablemente también lo sabe, pero tú lo conoces y eres consciente de cómo es cuando no quiere abrumar a otros con sus cosas.

—Sí... por desgracia, lo sé perfectamente.

Y también sabes muy bien que él solía contártelo todo a ti.

—Tal parece que ahora ya no... yo sí a él.

Mientras salimos en silencio de la oficina de Luna, me muerdo el labio inferior, reprimiendo unas repentinas e intensas ganas de llorar.

Jasper, quien camina a mi lado con pasos medidos, como quien quiere tardarse todo lo posible para llegar al lugar al que debe acudir, parece notarlo, porque me pasa un brazo por los hombros, atrayéndome hacia él.

—Ali, no quiero ver a tu hermana, es todo lo que puedo decirte por el momento, pero por ti, solo por ti, y por Gia y Erne, es que voy al kiosco con ustedes —me susurra al oído, y yo asiento, precisamente cuando llegamos a donde están los demás.

Por suerte no estaba muy lejos, ni siquiera nos tardamos dos minutos en llegar.

La primera en verme es Astrid, una de las dos mejores amigas de Gia e hija mayor de mi madrina, y se acerca a saludarnos.

—¡Ali, Jazz! Solo faltaban ustedes dos. ¿Cómo han estado? —Pregunta, sacando un par de sillas de plástico para ambos.

—Holi, Astrid! Todo bien, nena, ¿y tú?

—Maravillosamente, gracias a Dios —responde, sonriéndonos—. ¿Qué hay de ti, Jazz?

—He estado mejor —murmura, repentinamente cabizbajo, y, siguiendo su mirada, noto que tiene la vista en donde está sentada Adri.

Astrid lo mira, confusa, pero no dice nada al respecto, solo añade:

—Bueno... espero y un Dorito te levante los ánimos. ¡Voy por uno para cada uno!

Y se marcha corriendo hacia la vendedora para hacer el pedido, dejándonos medio solos.

Digo medio, porque nuestros demás amigos están a nuestro alrededor, dispersos, pero están aquí.




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