—¿Entonces, hermanita? ¡Cuéntanos el chisme completo! Sin omitir detalles —Erne interrumpe el breve silencio que se había formado entre el grupo tras mi tartamudeo.
Y, aunque fueron solo segundos donde se oían únicamente las voces de los demás niños y adolescentes de los distintos grados que andan por ahí —creo que incluso puedo oír las de Tere, Beti, JuanLu y LuLu en medio de tantas—, me sobresalto ligeramente, y casi derramo mi poni malta.
—Wow, ten cuidado, Alicita —Santi se estira para impedir que la preciada bebida caiga encima de mí—. La idea es que te la tomes, no que te la tires encima.
—Lo siento —murmuro con pena, y bajo la mirada—. Es que no sé cómo resumirles esto, ya le di la explicación de lo que pasó a jazz y miss Luna, pero me demoré más de quince minutos en ello y no creo disponga de ese tiempo, tenemos que ir a clase.
—Pues, hermanita, yo te dije... sin omitir ningún detalle. ¡Así sea que lleguemos tarde, pero no vamos a entrar a los salones hasta que nos cuentes!
—Erne, pero yo no quiero un regaño del profe Fabián —protesta Gia, cruzándose de brazos—. A nosotros nos lo puede contar cuando salgamos de clase, camino a casa, pero por ahora, con que cuente la versión resumida me parece más que suficiente.
—Con eso me conformo, pequeña gigante.
—¡Oye, soy dos años mayor que tú!
—¡No importa! Así sea que seas mayor que yo, seguirás siendo mi pequeña.
Gia rueda los ojos con exasperación, pero una sonrisa extremadamente dulce tira de sus labios al oír a nuestro hermano.
Mientras, yo en serio me pregunto cómo se supone que voy a resumir dos días en una sola frase, o por lo menos, en una explicación coherente y que dure menos de dos o tres minutos.
Hazlo así, mira: Tú dices: Soñé con un chico que luego apareció mágicamente en la biblioteca delante de mí. ¿Te sirve?
—Demasiado poco realista, ni siquiera estoy contando cómo fueron los sueños o qué pasó, más allá del encuentro en la biblioteca.
Bueno, pero por algo se debe empezar, ¿no?
—Sí, eso supongo.
Alzo la mirada para ver a mis amigos, y un sonrojo repentino cubre de nuevo mis mejillas.
Pero esta vez, no es por el recuerdo de Andrew, que sí, desfila por mi mente a cada rato, sino por la vergüenza que siento por ser el centro de su atención.
—Chicos, créanme que quisiera explicarles el chisme completo, pero es que yo no sé cómo les voy a...
Una mano cálida se apoya en mi hombro repentinamente, y yo miro hacia el frente, encontrándome con el rostro sonriente de mi mejor amiga a escasos centímetros del mío.
—¿En qué momento se levantó de su asiento y se movió hasta mí?
Ni idea, pero ya sabes que es muy sigilosa.
Mi conciencia tiene razón en ello, y es que Ale en ocasiones se mueve tan en silencio que uno no la siente, solo cuando ya está en frente.
Para que después no se diga que los ciegos no saben moverse en completo silencio, porque mi mejor amiga es ejemplo de que sí pueden hacerlo perfectamente.
—A ver, Ali, si sientes mucha pena, yo les explico por ti. Lo puedo resumir —me dice Ale, tranquilizadora, y yo solo asiento con gratitud.
Porque la verdad, aunque me burle de ella por la cuestión de sus sueños premonitorios, es bastante buena resumiendo los mismos sin irse por las ramas.
No como yo, que tengo que explicar todo muy detallada y minuciosamente, porque de lo contrario, siento que no me entienden nada de lo que estoy diciendo.
—Muy bien. Chicos, resumidamente les cuento... lo que le pasó a Ali yo lo soñé anoche precisamente.
—¿Todo? —Pregunta Isi con curiosidad.
—Todo, con lujo de detalles y nitidez.
—¿No digo que es adivina?
Me pregunto si es bruja o algo, porque siempre parece saberlo todo.
—No digas tonterías, eso se llama precognición.
Llámelo como lo llames, no me negarás que es asombroso.
—Sí, y muchísimo, de hecho.
—De acuerdo, ¿y cuál es el chisme? —Indaga Ari, deseosa por saber, y cortando de lleno mi diálogo mental.
—Suéltalo —insta Erne, ya con los ojos brillándole de la expectativa.
—Básicamente, Alice conoció a un chico en la biblioteca con el cual viene soñando desde el domingo en la madrugada... los sueños son muy románticos, por cierto, ¡hasta casi se besan!
—¡Ale, no! —Exclamo, deseando desaparecer de la pura vergüenza, y Gia, a mi lado, suelta una carcajada melodiosa.
—¡Oh, por eso las sonrisas y los suspiros mientras dormía esta mañana en la camioneta!
—¡Así que ese chico es el famoso Romeo Onírico! ¿Y sabes el nombre del afortunado, Ale? —Inquiere Santi, aumentando todavía más mi estado de mortificación.
—Tierra, te lo ruego, trágame ya...
Lamento decirte, querida Alice, que la tierra hace oídos sordos a tu petición.
—Sí, sé el nombre del chico. Y no solo porque lo escuché cuando se me fue mostrado el sueño de ellos dos en la biblioteca durante su encuentro, sino porque lo conozco y creo que todos, o casi todos aquí lo conocemos.
—Bueno, pero dilo ya, ¿quién es? —hasta Amalia quiere saber.
Al menos ya se le fue el amargamiento de hace un rato, menos mal.
—Andrew —responde mi amiga con absoluta seguridad.
Un profundo silencio se instala en el grupo por un breve instante.
Y digo breve, porque tan solo exactamente tres segundos después, Ernesto rompe en carcajadas.
Tal es su ataque de risa, que, al echar la cabeza hacia atrás, casi se va de bruces al suelo, con silla y todo incluido, pero Astrid, la más cercana a él, lo frena con una sola mano, contagiándose también por la histérica risa de mi hermano.
—¡Con que Andrew! ¿Ese es... tu Romeo Onírico, Alice? ¡Qué suerte tienes! Es tremendo genio... ¡Yo lo quiero como cuñado! ¡En serio que lo quiero!
Ruedo los ojos ante su entusiasmo, y sacudo la cabeza.
—Me temo que te quedarás esperando a tenerlo como cuñado, hermanito, porque yo no me pienso enamorar.
#540 en Joven Adulto
#1525 en Novela contemporánea
chico misterioso y chica buena, amistad y comedia romántica, sueños vívidos y miedo a enamorarse
Editado: 09.09.2026