Cuando las risas se detienen, Gia mira a Erne, con expresión cómplice, y luego ambos me miran a mí.
Lo más raro no es que hagan eso, sino que mis abuelos y mis padres lo hacen también al mismo tiempo.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
Algo traman...
—Claro, eso es obvio.
—Familia... —empieza Erne, con una sonrisa feliz, por alguna razón que yo me pierdo.
—¡Tenemos un anuncio! —Exclaman Gia, mi madre y mi abuela al unísono.
Se miran, y luego se ríen.
—¿Cuáles serán los dichosos anuncios?
¿Y me lo preguntas a mí? Porque la verdad, ni idea.
—Bueno, como primero van las niñas, haz el tuyo, Gia, y luego la abuela y yo hacemos el nuestro.
—Hecho, mamá —Gia sonríe, asintiendo, y cuando está a punto de volver a abrir la boca para decir lo que sea que tiene en la cabeza, Erne la detiene, colocándole una mano en el brazo —está sentado al lado izquierdo suyo, y yo estoy a la derecha—.
De modo que, sí, Gia está en medio de los dos.
—Bueno, que lo haga Erne —agrega, y sonríe con complicidad.
Yo los miro, con las cejas elevadas, y una expresión de pura curiosidad.
—En serio, ¿qué traman estos dos?
Sabrá Dios, pero estamos a punto de averiguarlo.
—Bueno, querida familia mía —Erne pone expresión seria y misteriosa, y tamborilea con los dedos sobre la mesa, como para añadirle más suspenso a la situación—. Lo que debo anunciarles es... ¡que tenemos monitora académica en la familia!
Silencio.
Luego, mi madre abre la boca con sorpresa, y se levanta, con los ojos brillando.
—¡Oh, Dios mío! Eso es maravilloso, hijo.
—¿Y quién es la afortunada? —Pregunta mi padre, y mi abuelo sonríe con orgullo, dirigiendo su vista hacia mí.
—Yo les diré quién es. La estudiante más sobresaliente del grado noveno de la institución educativa Luis Carlos López.
De nuevo silencio.
Esta vez, todos los ojos se fijan en mí, y yo, inevitablemente, agacho la cabeza, intentando ocultar el profundo sonrojo que vuelve a cubrirme las mejillas —ya perdí la cuenta de cuántas veces me he sonrojado a lo largo del día—.
No queriendo ser el centro de atención, me dispongo a seguir comiendo, pero mi familia no va a dejarlo así.
La primera en acercárseme es, por supuesto, mi mamá, y me da un abrazo de lado, mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
—Felicitaciones, ma cherie —me dice al oído, suave y dulcemente, y mientras me besa la frente, yo le correspondo el abrazo.
—Gracias, mamá —respondo, todavía sonrojada por tanta atención, pero feliz.
—Felicidades, hija.
—Gracias, papá, para mí es un honor.
—¡Felicidades, mi amor! —Exclama mi abuela, tomándome la mano libre a través de la mesa y apretándola con suavidad—. Eres la segunda monitora académica que tenemos en la familia, qué orgullo tan grande.
—¡Y también es un orgullo tremendo para nosotros! —Exclama Gia, con una sonrisa tan grande que pareciera que fuese ella la monitora, no yo, pero sé que está muy, muy orgullosa de mí.
—Oigan, ¿y quién fue la primera monitora que hubo? —Inquiere Erne, mirando a mi abuela con curiosidad—. Nunca nos han contado esa historia.
—Ah, eso es porque no han preguntado —dice mi padre, sonriendo tras haber tragado una ración de sus macarrones—. Pero yo se los cuento. La primera monitora fue... —sonríe con adoración hacia mamá—, esta reina que tengo al lado mío.
Creo que nuestras caras de estupefacción deben ser monumentales, como para fotografiarlas, porque nuestros abuelos y padres sueltan unas carcajadas preciosas, y claro, inevitablemente nos contagian a nosotros.
—¿En serio? —Gia tiene un brillo tan emocionado en los ojos, que apenas puede contenerlo—. ¿Y de quién fuiste monitora, mamá?
—De este rey que está sentado al lado mío —responde, con una mirada soñadora, y pone una mano en el hombro de mi padre, acariciándole con ternura.
Sin embargo, yo estoy en shock.
Si mamá fue monitora, y, además, de mi padre, —nada menos—, luego ellos se casaron...
Y ahora, el ciclo se repite conmigo, eso significa que yo...
Por ser monitora de Andrew, ¿terminaré enamorándome de él?
Es probable, como también es improbable, querida.
—Silencio, tú. No me estás ayudando.
Bueno, que conste que lo intenté.
—¡Increíble! —Exclama Tere, con su cara manchada de salsa de tomate —le pone más de lo debido a sus macarrones, pero así le encantan a ella—. ¿Entonces eso significa que Ali se va a casar con el chico que vino a hablar con ella hoy? Escuché que ella era su monitora.
Al decirlo con esa inocencia suya, sería adorable, si no fuera porque he tenido sueños románticos con el dichoso alumno mío...
Por si fuera poco, quizás por la impresión de haber oído eso de labios de mi hermana pequeña, casi me atraganto con un trozo de espagueti que se me fue por el camino viejo, como dicen por ahí, y mientras toso violentamente, Gia me da palmadas en la espalda, decidiendo responderle a Tere con sabiduría de hermana mayor.
—Bueno LoRe, eso no lo sabemos, nena. El hecho de que le haya sucedido a mamá, no significa que le vaya a suceder a Ali.
—¡Sí, además sería muy raro! Alice apenas lo conoce a él, no podemos deducir algo tan rápido —Erne añade con inocencia, y, mientras yo recupero el aliento, agrega con picardía—. No te me ahogues, pequeña mía, que no quiero perder a mi monitora favorita tan rápido.
Ruedo los ojos, sonriéndole por su comentario, aunque mi conciencia, cómo no, decide intervenir, y de paso, me agua la fiesta.
Si tan solo ellos supieran lo que tú ya sientes por él...
Por fortuna, la voz de mi mamá me salva del bombardeo mental que seguramente esa vocecita interna mía pensaba hacerme.
—Bueno, mis amores, ahora que Gia hizo su anuncio, viene el mío —toma la mano de mi padre, y agrega con una sonrisa suave—. Este les encantará todavía más. Debido a la tardanza que sufrimos hoy para llegar al colegio por el tráfico tan pesado...
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Editado: 09.09.2026