Por esas fechas, aún continuaba trabajando de camarero.
Trabajaba en la cafetería de La Facultad de Ciencias de Educación y Psicología.
Estuve dos largos, larguísimos años.
Fue el único trabajo de hostelería que desempeñé a turno seguido.
Ocho horas interminables,con solo media hora,literales,de descanso para almorzar y quince minutos para merendar.
A día de hoy aún me preguntó cómo pude aguantarlo.
María se operó de miopía,con la mala fortuna,que tras salir de dicha operación,unas cinco horas después,le dió una parálisis facial.
¿Os lo podéis creer?.
Otra vez,otra prueba más.
Otro calvario más.
¿Que tenía que hacer para que está p....vida me diera un respiro?.
Lo único que tenía bueno este trabajo,para mí,es que teníamos descanso los meses de vacaciones del alumnado.
Lo que nos sirvió a mí mujer,a mí hija y a mí,a irnos casi tres meses a un terreno en Cártama que tenían mis padres.
El médico de María,nos dijo que lo que teníamos que hacer era descanso total,nada de estrés, absolutamente nada.
Y así hicimos,nos fuimos al campo,tres meses de descanso total y calma chicha.
María se recuperó,muy lentamente pero se recuperó.
Fue en esos momentos en los que decidimos que yo debía cambiar de trabajo.
Después de hablar con algunos contactos,me llegó una oportunidad de la forma menos buscada y casi sin querer.
Empecé a trabajar como conductor-repartidor de mensajería urgente,"SEUR".
En esta empresa estuve casi diez años.
Ahora es cuando os cuento el calvario de ser conductor y repartidor padeciendo una enfermedad autoinmune,una enfermedad la cual tus defensas te atacan en vez de defender tú organismo.
#948 en Otros
#132 en Relatos cortos
#6 en No ficción
una autobiografía, una historia de amor y familia, resiliencia y nuevas oportunidades
Editado: 23.05.2026